Ser o no ser digital, humanos antes y después de la COVID-19

by Julen

La vieja pelea por salir de los límites que nos impone nuestra fisiología siempre ha estado ahí. Las prótesis que somos capaces de poner en escena son cada vez más sofisticadas, sean físicas o culturales. Hugh Herr se ha hartado de transmitir que sus piernas ortopédicas superan de largo las que usamos las personas normales. Roger Bartra necesita superar las restricciones de nuestro cerebro físico para comprender las capacidades del ser humano del siglo XXI. Íbamos a mil por hora y, de repente, un virus provoca un aterrizaje brutal: tenemos que distanciarnos socialmente. No hay alternativa. La humanidad juega sus cartas y, como tantas otras veces, gana la partida. A la casilla cero del juego de la oca y a repensar las normas de las que nos hemos dotado.

En 1995 Nicholas Negroponte publicó uno de esos libros que fija una referencia para entender la sociedad conemporánea: Being Digital. Así de simple, ser digital. En las excavaciones de Atapuerca, mientras tanto, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell dirigían equipos de humanos para hurgar en lo que sucedía miles de años atrás y entender cómo la tecnología nos hacía, precisamente, humanos. Eso sí, las dudas todavía estaban presentes cuando el propio Eudald Carbonell junto a Robert Sala se atrevieron a titular un libro Aún no somos humanos. La tecnología, la dichosa tecnología.

El ser digital de Negroponte ha sufrido en estos tiempos de pandemia un terremoto. Demonizada la presencialidad tradicional, la de toda la vida, la única de verdad, ha habido que recurrir masivamente a los sucedáneos. (Casi) todo debe pasar ahora por el filtro de la intermediación tecnológica. La pantalla global de Gilles Lipovetsky y Jean Seroy queda sujeta a nueva interpretación. Nuestra vista sufre, los ojos lagrimean, se irritan las pupilas; todo de tanto mirar y mirar a través de las pantallas. En busca de la esencia, de la conexión, de otra realidad que nos haga, de nuevo, humanos.

Hay una frase legendaria que se atribuye a Lawrence Lessig: «no podemos no estar en Internet«. No hay interruptor que nos desenchufe. No hay OFF, solo hay ON. Su mensaje y el de otros clásicos del estilo de Howard Rheingold, que nos asomaban al lado feliz de la digitalización, hoy es mucho más complejo. Si el primer Manifiesto Cluetrain te colocaba –hasta cierto punto al menos– una sonrisa en los labios, la segunda versión se zambullía en aguas mucho más contaminadas. Somos digitales, vivimos en el año 2020. No podemos negar la realidad. Pero la distopía nunca había comprado tantos boletos  como ahora.

Ser digital por fin ha dejado de ser una opción. Se convierte, por una extraña conjunción de fuerzas naturales y artificiales, en obligación. El teletrabajo viene para quedarse. Mira tu hogar. ¿Cómo ves ese lugar íntimo que te protege del frío que a veces hace ahí fuera? Pues olvida lo que conociste hasta la fecha. El trabajo ha llamado a tu puerta. Eso te dicen. Pero tú sabes que es mentira. El teletrabajo no ha llamado; el teletrabajo ha forzado la cerradura de tu casa. Da igual lo que tú quisieras. Está contigo. Y si todavía no lo ves, lo verás. Y si insistes en no verlo, entonces puede que tengas un verdadero problema. El ejército ataca y, si no encuentras defensas, tira de hagiografía para buscar a quién pedir socorro.

Antes y después quiero pensar que seremos humanos. Sin embargo, ahora, de momento, nuestra humanidad ha quedado suspendida de un hilo digital. Eso nos dicen.

Imagen de Comfreak en Pixabay.

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8 comentarios

Iñaki Murua 29/04/2020 - 13:23

Por mi parte, cada vez me acuerdo más de Javier Echeverría y sus señores del aire, el tercer entorno…

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amalio rey 29/04/2020 - 19:56

Hoy he llegado a la conclusión, después de observarme a mí mismo varias semanas, que cada hora de videoconferencias equivale, en desgaste personal, a 5 o 6 horas de onanismo digital. O sea, lo cansino de este confinamiento no es tanto (que también) las horas que echamos frente a las pantallas, sino el tipo de cosas que estamos haciendo con ellas. Voy a compartir esta observación en las redes porque me ha salido mientras te escribía… Descansa!!!

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Julen 11/05/2020 - 06:15

La pantalla como interfaz para acceder a la realidad. ¿O a un sucedáneo?

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Juanjo Brizuela 10/05/2020 - 13:04

Teoría de la evolución ¿o de la involución? humana

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Julen 11/05/2020 - 06:11

Momento para repensarlo.

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