Athletic Club de Bilbao, el cisne negro motivo de reflexión

by Julen

De pequeño yo era muy futbolero; de mayor, cada vez menos. De mayor, comenzaron a subir peldaños en mi escala de valores toda una serie de peros al fútbol de élite. Por ejemplo, salarios desmesurados que generan millonarios prematuros, en palaras del Loco Bielsa. Por ejemplo, actitudes y comportamientos muy poco edificantes, tanto de las hinchadas como de los propios jugadores. Por ejemplo, deporte convertido en negocio y afectado por corruptelas que parecen seguir campando a sus anchas. Por ejemplo, violencia. Por ejemplo, discriminación a la mujer. Por ejemplo, patriarcado.

En esas aguas navega también el Athletic Club de Bilbao. No es ajeno a la élite de la que participa. Eso sí, en un cierto momento tomó la decisión de que su modelo, su filosofía, iba a ser distinta. Los once aldeanos de 1958 son ahora un conjunto de jugadores profesionales que deben aceptar las reglas de mercado. No hay otra opción posible. Sin embargo…

Sin embargo, parece evidente que en este equipo hay un plus. Hay algo que, cuando cuarenta años después se vuelve a lograr un título, sale de dentro y se exterioriza de una forma brutal, sin sentido, apoteósica. Es fácil aceptar que sí, que única, que Unique in the World. Los aldeanos saben inglés. Los aldeanos viven inmersos en dinámicas de branding y de valor de mercado. Como todo el fútbol de élite. Es el capitalismo global, que también ha invadido el espacio deportivo. Lo que está pasando desde el sábado 6 de abril de 2024 es auténtico y está guionizado. Al mismo tiempo.

La gabarra sirve para los hombres; no para las mujeres. Espina clavada, ¿verdad? Porque el éxtasis del jueves pasado por la ría tenía que servir también para la autocrítica. La euforia colectiva, el sentimiento, la religión. Es cuestión de fe. No hay espacio para discrepar. Parece que no es el momento ni tiene sentido. La celebración puede con todo. Arrasa. Es un tsunami de tales dimensiones que no tiene sentido salirse del redil. Es la comunión perfecta, es el pueblo, es idolatría. Por fin, me puedo morir tranquila.

Estando donde estamos, aparta la lógica. Este jueves pasado, el día de la gabarra, me subí con la bici desde Bilbao hacia el Pagasarri. Me di una vuelta luego por Kobetamendi y bajé por Zorrotza para entrar de nuevo en la villa por la Avenida Montevideo. Era mágico, era emocionante. Los montes que rodean el botxo servían de tribuna excepcional para lo que sucedía allá abajo, en la ría. Unique in the World.

Quizá no tenga mucho sentido intentar comprender cómo y por qué puede suceder lo que ha sucedido. Es un hecho. Es porque sí. En parte, supongo, tiene que ver con la escasez. Si sucede cada cuarenta años, el «momento» será, no cabe duda, especial. Cada cuarenta años, se dice, no obstante, que es algo a superar. No podemos esperar tanto tiempo. Quizá la frecuencia desluzca el acontecimiento. Saberse único pasa por lo excepcional, por lo atípico, por el cisne negro.

El cisne negro es el Pollo Briseño y una pareja de hermanos con orígenes en África que ahora son aldeanos. El cisne negro, no lo olvides, es antifrágil. Escapa a la lógica de lo cotidiano. El cisne negro, estadísticamente, es un outlier.  El cisne negro lo es si sucede cada cuarenta años. Es la gloria y es la miseria. Por cierto, el cisne negro, cómo no, luce los colores del Athletic Club de Bilbao.

Imagen de PixelAnarchy en Pixabay.

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