La desigual pelea entre la ciudadanía y las grandes empresas transnacionales

by Julen

Miguel Ángel García Vega firmó un estupendo artículo en El País: La guerra económica del siglo XXI: empresas frente a estados. Publicado el pasado 14 de noviembre, el autor documenta muy bien la situación actual, en la que el estado ve cómo el paso del tiempo le hace perder relevancia frente a empresas transnacionales que juegan con la geografía política y la ingeniería fiscal según les convenga. Está en juego el bien común. Porque, claro, en principio las instituciones públicas lo son para que nuestra calidad de vida progrese, pero las empresas se deben a sus accionistas, que quieren conseguir el máximo retorno económico de la inversión que llevaron a cabo.

Por supuesto que la existencia de conglomerados empresariales como los que representan los GAFAM en occidente o los BATX en oriente avala la tesis de que ahí se concentra mucho más poder que el que hoy en día poseen la inmensa mayoría de los estados del mundo. Sectores como el de las farmacéuticas, el eléctrico o el de las grandes tecnológicas (con una diversificación cada vez mayor) reúnen a una colección de gigantes que dan miedo. Por cierto, el otro día, repasando empresas gigantes, ¿que te parece ARAMCO? Échate a temblar… un poco más.

La financiarización de la sociedad contemporánea es evidente. El dinero es el dinero y como sigue siendo el salvoconducto para llegar al poder, ahí continúa como símbolo de estatus, ambición y, en definitiva, éxito. Miguel Ángel García Vega nos muestra cómo los estados pierden terreno frente a las grandes transnacionales. Mi reflexión va un paso más allá: somos tú y yo, la ciudadanía de a pie, la que cada vez está más en manos de estos entramados que sobrepasan la ambición empresarial y juegan en el terreno del PODER, así con mayúsculas.

Nos sirve, por supuesto, el ejemplo de Google. Google es Alphabet desde 2016. Como ahora Facebook es Meta. Son mutaciones de auténticas bestias. Alphabet es una declaración de intenciones. Abajo te he copiado una tabla extraída de la entrada de la Wikipedia. Alphabet es todo aquello que puede ser relevante para las personas que somos. No es una «empresa»; es otra cosa. Ya desde el principio estábamos advertidas. Es una de sus declaraciones básicas y no es esconden, la ponen por delante:

Google is not a conventional company. We do not intend to become one.

Cada una de las personas que usamos servicios de Google —que levante la mano quien sea virgen— conformamos el alimento que necesita el monstruo. Solo puede crecer a medida que sabe más y más de la persona que somos. El smartphone que llevamos encima es el punto de conexión. Lo llamemos control, lo llamemos servicio, lo llamemos dependencia: da igual, estamos unidos al gran cerebro por esta prótesis (en términos de Roger Bartra).

¿Suena tétrico? En gran parte, ¿verdad? Pero, aunque metamos la cabeza bajo tierra, la realidad es la que es. Las grandes empresas transnacionales, como Alphabet y quienes compiten con ella, son parte de lo mismo. La asimetría es tal que tú y yo no somos nadie. Solo su producto. No digo nada nuevo. Pero no quiero dejar de repetírmelo porque el día que deje de hacerlo, entonces, por supuesto, game over.

Subsidiary Business Executive Leader
Calico Human health (by overcoming aging) Arthur D. Levinson
CapitalG Private equity for growth stage technology companies David Lawee
DeepMind Artificial intelligence Demis Hassabis
Google Internet services Sundar Pichai
Google Fiber Internet access: via fiber Dinesh Jain
GV Venture capital for technology companies David Krane
Intrinsic Robotics software Wendy Tan White[24]
Isomorphic Labs Drug discovery Demis Hassabis
Sidewalk Labs Urban innovation: infrastructure through technological solutions Dan Doctoroff
Verily Human health Andrew Conrad
Waymo Autonomous driving Dmitri Dolgov Tekedra Mawakana
Wing Drone-based delivery of freight James Ryan Burgess
X Research and development for «moonshot» technologies Astro Teller

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