15 artículos sobre vocación, pasión y profesión

by Julen

José Nicolás publicaba esta pasado 1 de junio un artículo en El País bajo el título Que le jodan a la pasión; pagadme por mi trabajo. Y allí se podía leer: «La vocación es una trampa que conduce a la precariedad». Estamos ante el viejo dilema de aquello que te gusta y aquello que te da de comer. Detrás del asunto, creo que la clave tiene que ver con la importancia relativa que asignamos al trabajo en nuestras vidas. Claro que esta es una decisión que viene rodeada de una tremenda presión. El capitalismo global hace tiempo que juega esa baza: estás aquí para ser una persona productiva hasta donde seas capaz. Si no, no vales.

Lo veo muy cerca en mi actividad de consultoría. Llevo ya varios años trabajando con el sector de las industrias creativas y culturales. La inmensa mayoría de las veces te encuentras con personas que, vocacionalmente, están trabajando en aquello que les ha salido de dentro. Su medio para ingresar dinero coincide con aquello que siempre les gustó. Esta tensión, demasiadas veces mal resuelta, es fuente de desasosiego. Hasta tal punto que en ocasiones se habla de una precariedad autoinducida. Tenemos lo que nos merecemos.

Pero, no; no puede ser así. Nadie debería sufrir por disfrutar en el trabajo con aquello que le gusta.

Sin embargo, la realidad es tozuda. Tenemos muchos ejemplos de cómo el moderno emprendimiento, ese basado en fantásticas startups, juega en esta liga. Se trata simplemente de colocar en primer lugar tu realización personal… ¡a través del trabajo! ¿Peligro? Sí, desde luego, pero ¿no dijo hace ya muchos años Arizmendiarrieta que el trabajo era una estupenda palanca de transformación social? ¿Tenemos que repensar la centralidad que hasta ahora parecía tener el trabajo en nuestras vidas? Sí, es evidente, porque las máquinas, los robots, los cobots, la inteligencia artificial y no sé cuántas cosas más han cambiado la escena.

En el fondo, a veces pienso que la raíz del problema es la avaricia y la desigualdad a la que aboca el sistema actual. Porque las diferencias son escandalosas en cuanto a cómo se beneficia cada parte de los aumentos de productividad. Y si esto es así, si mi esfuerzo por ser productivo no guarda una relación directa con lo que personalmente obtengo, entonces, lo siento, pero game over. La partida la juegas tú con tus cachivaches y a mí me dejas en paz. A mí me pagas a fin de mes. Y a la mierda si quieres aludir a mi pasión o a mi vocación.

Hoy la trampa es evidente: gamificar, disfrutar, apasionarte. Hasta donde puedas. Porque en ello va tu reputación. Ya lo dije hace tiempo: nos han hecho creer que somos lo que trabajamos.

Si te interesan estas cuestiones y tienes tiempo, puedes leer estos 15 artículos en los que he ido reflexionando sobre este asunto:

  1. Sueldos infames, el humano más recurso prescindible que nunca.
  2. Empatizar con el trabajo alienante.
  3. Busca tu dosis adecuada de ineficiencia.
  4. Mi vida vale (mucho) más que mi trabajo.
  5. Cuando el trabajo se convierte en adicción.
  6. ¿Chief Happiness Officer? Jodido, pero contento.
  7. El trabajo cada vez es más irrelevante.
  8. ¿Una vida reducida o ampliada por el trabajo?
  9. ¿Tu pasión convertida en modelo de negocio? No es tan fácil.
  10. Economía YOLO: vete a la mierda con tu empresa.
  11. Gig economy + digital = ¿La nueva taylorización del siglo XXI?
  12. Felicidad compulsiva.
  13. Al rincón de pensar: 25 ideas sobre la plenitud en el trabajo.
  14. 11 citas de La farsa de las startups, de Javier López Menacho.
  15. El cooperativismo y la pérdida de centralidad del trabajo en nuestras vidas.

Imagen de www_slon_pics en Pixabay.

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