Carvalho, problemas de identidad, de Carlos Zanón #NovelaNegra 45

by Julen

Hablar de novela negra en territorio estatal significa que sí o sí tiene que aparecer Pepe Carvalho, el personaje creado por el difunto Manuel Vázquez Montalbán. La serie fue muy extensa y en ella encontramos no ya una fantástica propuesta de género negro, sino una radiografía de momentos puntuales de la historia reciente. Supongo que de todos los detectives que uno puede citar, Pepe Carvalho es probablemente el que primero venga a la cabeza. Es un tipo popular hasta el punto de que, más allá de las novelas, series y películas diversas han ayudado a inmortalizarlo. Además, el Ayuntamiento de Barcelona entrega cada año el premio Pepe Carvalho de novela negra, que ya han recibido, por cierto, algunas firmas que pasaron por este humilde blogsito: Francisco González Ledesma, Andrea Camilleri, James Ellroy y Claudia Piñeiro.

Pues bien, tal ha sido la relevancia del personaje que la novela que hoy reseñamos es un encargo para alargar, al menos con una entrega más, su vida literaria. El encargo lo recibió Carlos Zanón y el resultado es, cómo no, peculiar. El universo de Carvalho impregna la obra. Aparecen sus contradicciones, sus andares por los límites del wild side, sus colaboradores y una citada, aunque ausente, Charo. El título de la novela es todo un acierto: Carvalho, problemas de identidad.

Carvalho ha llegado vivo al tiempo presente. Así que en su universo aparece la situación política en Cataluña, con el nacionalismo como motivo de reflexión, el turismo exacerbado de Barcelona o Master Chef, un concurso al que se presenta el mismísimo Biscúter. Carvalho, por supuesto, no puede dejar de quemar libros o introducir sus peculiares gustos culinarios. Sí, ahí está todo, pero diferente. No podía ser de otra manera. Carvalho vive, pero es otro Carvalho, con la salud más deteriorada y a medio camino entre Barcelona y Madrid, AVE mediante.

A mí particularmente me ha costado cogerle el punto a la novela, pero le reconozco mérito. La escritura de Zanón es muy diferente de la de Vázquez Montalbán, aunque supongo que de eso se trataba. No es cuestión de fusilar al maestro. Bastante ha tenido que ser aceptar el reto. La novela se reparte en 34 capítulos que nos va proporcionando, a modo de pinceladas impresionistas, un relato con caídas en las profundidades del alma humana y con renaceres que uno sabe que no tienen mucho futuro. La prosa se vuelve obsesiva, propia de un carácter compulsivo que lucha, podríamos decir, por una autodestrucción hasta cierto punto controlada.

En la novela aparece El Escritor, una especie de tótem siempre presente. Y hasta Paco Camarasa, que le recuerda a Pepe Carvalho algún pequeño detalle de lo que, esta vez sí que, de verdad, ocurrió:

Paco irrumpe en la escena. Deja caer sus gafas anudadas a su cuello que me recuerdan a otras gafas y otro cuello:

– Jodidos, pero mejor que tú.

– ¿Cómo va la tienda?

– ¿Qué tienda?

– La librería.

– Cerramos hace casi dos años, Pepe.

– Lo siento.

– Sí, todo el mundo lo siente, pero nosotros tuvimos que cerrar.

Tendríamos que tener a El Escritor para que nos explicara qué está pasando, qué va a pasar a continuación.

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