14 citas de Lo leo muy negro, de Antonio Lozano #NovelaNegra 88

by Julen

No, esta vez no es la reseña de una novela del género negro, sino la de un ensayo: Lo leo muy negro. Lo ha escrito Antonio Lozano, director de la colección Serie Negra de RBA. Por cierto, no hay que confundirle con el autor canario de novela negra del mismo nombre y creador de la trilogía del inspector García Gago.

Pues bien, de la misma forma que suelo hacerlo con otros libros más «serios» relacionada con mi actividad profesional de consultoría artesana, me permito extraer catorce citas de este libro. No representan nada en particular; simplemente se han quedado en la retina. Desde luego que este ensayo, para alguien aficionado al género, es una fuente de información estupenda. Eso sí, la sensación que a uno le queda es de cierto desasosiego. Ni con siete vidas tendría tiempo para leer lo que uno querría. Pero, en fin, también vivimos de asertividad y de decir que no a cierto tipo de lecturas.

Así pues, os recomiendo este texto. Si tu afición se mueve alrededor del género negro, nada como dejar pasar unas horas yendo y viniendo de la mano de Antonio Lozano entre ficción y realidad. Anímate a acompañarle, como dice el subtítulo de su ensayo, en sus «travesías por crímenes reales e imaginarios».

La novela negra más estimulante —aquella que no pivota en torno a la caza de un culpable hasta difuminar sus límites con el thriller o la novela de acción— es intrínsecamente filosófica, ya que por principio va en búsqueda de una verdad —¿quién engañó, robó, secuestró, mató… a X? o ¿qué impelió a X a engañar, robar, secuestrar, matar…?— o se interroga sobre aspectos graves como si el fin justifica los medios, si la ley y la justicia van de la mano, etc., etc.

La innovación, sin embargo, recae por entero en la búsqueda de nuevas fórmulas argumentales, ya que el investigador está marcadamente codificado por el modelo bautismal que supone Auguste Dupin. Las sobrehumanas dotes deductivas e inductivas patentadas por el diletante chevalier creado por Edgar Allan Poe continúan haciendo fortuna. El tejido cerebral del detective es el canal y es el mensaje. [Referido a la denominada Edad de Oro de la ficción detectivesca en Gran Bretaña, que queda enmarcada por el final de la Primera Guerra Mundial y el estallido de la Segunda Guerra Mundial].

Pero en lo que de verdad Conan Doyle se mostró avanzado a su tiempo fue en entender que el detective del futuro, enfrentado a psicosis y paranoias de creciente complejidad derivadas de un mundo cada vez más enfermo, no podría escapar a adicciones de alto riesgo. Y así, se avanzó a las hordas de escritores negros que desde los años treinta hasta hoy han machacado los hígados de sus personajes al enganchar a Sherlock Holmes a inyecciones de una solución de cocaína al 7 por ciento.

El alcohol es como el amor. El primer beso es mágico. El segundo es íntimo. El tercero es rutina. [Cita contenida en un diccionario temático de citas, Philip Marlowe’s Guide to Life (Knopf)].

Plantear un crimen ficticio o analizar un crimen real pone potencialmente en circulación multitud de elementos de interés. Por citar algunos de los más básicos: la biografía, la psicología y la metodología del criminal y del detective, la cronología y el lugar de los hechos o los recursos técnicos y tecnológicos al alcance de los sujetos a ambos lados de la ley.

Grosso modo, el detective de la novela inglesa à la Agatha Christie completaba un crucigrama macabro desde la butaca, mientras que el detective de la novela estadounidense à la Hammett entraba al foso con los leones.

Del ensayo Savage Appetites: Four True Stories of Women, Crime and Obsession de Rachel Monroe, descubrimos que:
La mayoría de los crímenes violentos los cometen… hombres.
La mayoría de las víctimas de asesinato son… hombres.
La mayoría de los detectives de homicidios y de criminalistas son… hombres.
La mayoría de los abogados penalistas son… hombres.
La mayor parte de los consumidores de true crimes, tanto en formato libro como en podcast, son… mujeres.
La mayoría de los detectives aficionados que participan en foros de crímenes por resolver son… mujeres.
El 70 por ciento de los estudiantes de ciencias forenses son… mujeres.

El machismo, entendido como la reducción de la mujer a fantasía lujuriosa o a pieza de repuesto, está, por tanto, en el ADN de la ficción policial made in USA y, pese a los aires de corrección política y a la muy sana revisión o actualización de visiones afortunadamente caducas, no es un modelo completamente superado porque supone un código o una estructura profunda que define a todo un género y que invita pues a infinitas modulaciones.

Mientras que en la realidad el asesino en serie suele caracterizarse por esa banalidad que explorara Hannah Arendt, en la ficción acostumbran a potenciarse sus atributos intelectuales y artísticos, haciéndolo aficionado a la ópera o a los clásicos literarios, o dotándolo de un ingenio y una creatividad exacerbadas (se diría que, en los debates sobre la glamurización de la violencia, por lo general solo se condena su despliegue visual en clave esteticista, léase el cine de Tarantino o John Woo, pero no el empeño por sofisticar las aficiones de los personajes que la practican de manera enfermiza).

De acuerdo con un estudio conjunto de la Radford University y la Florida Gulf Coast University, entre 1900 y 2000 Estados Unidos concentró el 67 por ciento de los asesinos en serie del planeta —sorprendentemente, el 82 por ciento de estos hizo su aparición entre 1970 y 2000—.

Matar en el papel le evitó tener que derramar sangre en la realidad. Concretamente, la de su segundo marido, a quien liquidó en A de Adulterio, título inaugural de su serie del «Alfabeto del Crimen», protagonizada por la sabueso Kinsey Millhone, que fue redactado durante un proceso de divorcio devenido en lucha sin cuartel. [En referencia, evidentemente, a Sue Grafton].

El escritor no alberga ninguna duda de que la matanza condicionará la forma en que él y el resto de los autores noruegos de género negro abordarán su trabajo a partir de esa tragedia, pero que todavía es pronto para saber de qué manera. [Se refiere a Jo Nesbø y la masacre de Utøya en Noruega en la que Anders Behring Breivik asesinó a 77 personas el 22 de julio de 2011].

Aceptémoslo: el hardboiled —la ficción negra estadounidense de línea más dura, que arranca en los años veinte con la publicación de relatos en revistas pulp, donde la violencia, la explotación del prójimo, las lacras sociales y el sexo se exponen con crudeza— puede tratarse fácilmente de la producción literaria más misógina y machista que la legalidad jamás haya amparado.

… habrá evolucionado tanto la criminología forense —recordemos que ya se ha inventado una forma de interrogatorio basada en el escaneado cerebral, suerte de versión sofisticadísima del polígrafo que teóricamente permite detectar mentiras de un modo infalible— que se habrá alcanzado un estadio afín al mostrado por Philip K. Dick en Minority Report, donde el don de la presciencia de unos sujetos mutantes, los precog, permitía arrestar a los culpables antes de que actuaran? ¿Existirá siquiera el crimen? ¿Será la novela negra novela histórica?

Imagen de Victoria en Pixabay.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.