Somos dos trabajando en casa y desde casa

by Julen

En primer lugar tengo que reconocer que, al menos hasta ahora, no lo estamos llevando mal. Eso sí, tenemos en la familia a dos personas mayores que, cada una en circunstancias diferentes, son la mayor de las preocupaciones. El trabajo o las condiciones de nuestro confinamiento no son relevantes si lo comparamos con la salud de las personas cercanas. Esta es la variable que condiciona el momento presente. Pero, como decía, ahora que llevamos más de tres semanas trabajando desde casa, el balance es positivo. Sí, somos dos personas trabajando desde casa. Algo que nunca había sucedido.

En mi caso el trabajo desde casa es casi rutina. Desde 2003 parte de mi jornada laboral transcurre en este lugar desde el que escribo este post y estoy acostumbrado a gestionar los límites de lo laboral. Somos privilegiados. Tenemos un despacho con dos mesas de trabajo amplias, un sillón para leer (siendo realista, suele ser la antesala de dar una buena cabezada) y hasta un sofá en el que coger la horizontal si llega el caso. Vivimos rodeados de libros y desde hace un tiempo nuestros dos ebooks se han convertido en una puerta abierta al infinito. Tampoco falta la suscripción a una plataforma de video. ¿Me puedo quejar de algo, si me comparo con una familia con un par de niños en un piso de 60 metros cuadrados? Poco derecho creo que tengo a la pataleta.

La novedad fundamental está en que ahora somos dos trabajando, día sí y día también, desde casa. Además, el número de reuniones por videoconferencia ha crecido hasta tal punto que en la pizarra que tenemos en el despacho hemos decidido ir anotando los compromisos para organizarnos. ¿Esa reunión de diez a doce es importante? Vale, entonces ya me organizo y te dejo tranquila ese rato. Dos personas «reunidas» cada una virtualmente por su lado, pero frente a frente en el despacho físico que compartimos, no es muy operativo. Así que hay que organizarse.

Mi filosofía ya era desde hace años esta: si puedo reunirme con alguien –me refiero, sobre todo, a reuniones con una persona solo– por videoconferencia, lo intento. Es pura lógica: reducimos costes y echamos menos mierda a la atmósfera si había viaje en coche de por medio. Así pues, si el caso es una reunión entre dos personas, videoconferencia por defecto. Claro que cuando no hay plan B y todo tiene que discurrir a través de jit.si, meet, skype, hangouts, zoom, teams o lo que sea, el asunto se complica un poco. La gestión del espacio físico para la reunión virtual tiene su relevancia.

En casa tenemos espacio más que suficiente para una convivencia desahogada. Casi desde el principio del confinamiento establecimos unas rutinas, a veces pensadas y a veces simplemente por pura inercia. Como no tengo rodillo ni bici estática en la que pedalear, hacemos unas risas dos veces al día con sesiones de cardio para moverse un poco. Nada excesivo, no os preocupéis. De entre la inmensa oferta que hay ahora mismo en Internet lo primero más o menos llevadero que encontramos nos lo aplicamos. Son sesiones sin saltos, una de ellas con una parte de trabajo específico de core que no me viene nada mal. Y si estamos de guasa, tiramos de Ladilla Rusa. Si pensabáis que no poder andar en bici me iba a desquiciar, nada de nada. Cuando toque, ya la cogeremos con más ganas. Eso sí, piernas depiladas por si hay que darlo todo al día siguiente del cese del confinamiento.

La situación laboral de cada uno de nosotros es muy diferente. Yo hasta cierto punto soy un bicho que va bastante a su aire, aunque con responsabilidades muy delimitadas según en qué proyecto esté involucrado. Durante estos días de confinamiento he tenido que ponerme delante de 35 alumnos de un máster durante casi cuatro horas seguidas, preparar un par de Google Sites, rediseñar también dos programas presenciales de formación+consultoría a un formato online, hacer seguimientos de trabajos fin de máster y de proyectos fin de grado, ponerme al día en Microsoft Teams porque he comenzado a trabajar con un cliente en ese entorno o aplicarme con un equipo de trabajo en Bilbao Berrikuntza Faktoria para parir un esquema de trabajo compartido. Sí, todo online, todo sin la posibilidad de plan B. Y ahora ya sabemos que en la uni todo será online hasta finalizar este curso académico.

En casa hemos aprendido, cómo no, a hacer pruebas entre nosotros con las distintas soluciones de videoconferencia. Vete a la sala, que yo me quedo en el despacho y vamos probando. Son 24 horas al día de convivencia y hay que dejar también que corra el aire, pero diría que nos sentimos –con la preocupación siempre constante de la salud de nuestras madres– muy a gusto aquí en casa. De nuestra común afición al género negro, llevamos ya 30 capítulos fundidos de las tres primeras temporadas de «Bosch«, la serie basada en las novelas del detective creado por Michael Connelly, que nos lleva a Los Ángeles y Las Vegas y nos trae buenos recuerdos.

Es cierto que veo a mi pareja ahí enfrente trabajando y me doy cuenta de que su situación laboral no es tan fácil como la mía. En la uni, por ejemplo, vivimos en una burbuja: las alumnas y alumnos tienen el hábito de la interacción (también) online y disponen de una infraestructura más o menos suficiente. Por nuestra parte, como personal docente e investigador, disponemos de infraestructura técnica (dispositivos y software) y la gente del área de Sistemas de Información está dando el callo animando el sarao con tutoriales y otros recursos. Incluso se ha puesto en marcha Mendeberripedia, un portal de formación interna con cursos sobre todo en formato NOOC (pequeñas píldoras). El movimiento por ofrecer recursos es, desde luego, digno de reseñar. Creo que no había conocido semejante actividad en todos mis años de colaboración con la uni. Y eso es desde 2003.

Decía que mi situación es, hasta donde se pueda decir en la circunstancia actual, privilegiada. Bastante diferente es el caso de quien se da cuenta de que su organización no está, ni mucho menos, preparada para este nuevo escenario. Sí, se dispone de un portal a través del cual te conectas a los recursos de la organización, pero ni hay hábito de trabajar sin presencialidad ni se ha impulsado. Las típicas prácticas restrictivas de acceso a Internet dicen mucho de cuál ha sido el talante. De repente, debes trabajar desde casa, con tus medios, tu conexión a Internet, tu impresora, tu mesa (o no) de trabajo, tus familiares y tus obligaciones de siempre. Y tienes que fichar. Te levantas de la cama, desayunas, caminas unos pasos y entras en tu nuevo lugar de trabajo. Sin periodo de acondicionamiento ni nada. Haya o no agua, a la piscina.

Por supuesto, el tiempo nos hace aprender. Manejamos cada vez mejor los recursos de que disponemos. La práctica es la práctica, ya se sabe. Y la necesidad obliga. Sí, somos dos trabajando en casa. Los días se parecen mucho unos a otros, no hay duda. Pero esto acabará y extraeremos conclusiones. Habrá quien salga con heridas. Peor aún, hay quien no va a salir. Otra vez la preocupación por nuestros mayores, sobre todo. Hay que acordarse, desde nuestros privilegios, de quien lo está pasando mal. Las brechas, me temo, se están ahondando. Creo que hay que sacar el lado solidario y extenderlo hasta el máximo. Tenemos que ser capaces de hacer empatía. Aquí, como digo, somos dos en casa, cada cual con nuestro trabajo. Me he intentado explicar. Estamos bien, de verdad. Tenemos suerte.

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11 comentarios

Iñaki Murua 10/04/2020 - 09:56

Un saludo a los dos.
Por aquí bien también. Tal vez dándome cuenta de que la madurez digital que me presuponía no era para tanto, y que cuesta mantener límites entre lo personal y lo profesional/el teletrabajo. Incluso he decidido no teletrabajar en «ropa de casa» 😉

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Julen 11/04/2020 - 08:56

Espero que nos sirva todo esto para también aprender a llevar mejor esos dos ámbitos. No es fácil, no. De todas formas, el pijama te quedaba muy bien jajajaja

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Jorge S. King 10/04/2020 - 12:51

Excelente Julen, me gustó mucho leer tu post con la experiencia que están haciendo.
Que sigan bien. Saludos desde el otro lado del Mundo

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Julen 11/04/2020 - 08:55

Lo mismo, Jorge. Os deseo lo mejor por ahí también al otro lado del Atlántico 🙂

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Josu Orbe 10/04/2020 - 13:40

Animo bikote!

Oso ondo ikusten zaituztet!! 😉

Esto de teletrabajar es un sinvivir!! ;-9

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Julen 11/04/2020 - 08:54

Quién nos iba a decir que íbamos a aprender tanto y tan rápido jajajaja

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Iván 11/04/2020 - 04:35

Un abrazo para toda la familia y esperemos que la situación actual mejore pronto. Ánimo.

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Julen 11/04/2020 - 08:52

Lo mismo, Iván. Ya estoy con La edad de la ira 😉

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Pau 14/04/2020 - 20:12

Que ilusión veros!

Un abrazo grande (virtual) para los dos

Pau

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Julen 17/04/2020 - 06:11

Lo mismo, Pau, cuídate y cuida mucho.

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El trabajo a distancia y el teletrabajo ya tienen su ley – Consultoría artesana en red 24/09/2020 - 06:41

[…] fuera poco, el confinamiento que sufrimos en la primavera pasada hizo que explotaran las cifras de personas que tuvimos que llevar a cabo el trabajo desde nuestros hogares. Pues bien, hoy tenemos la […]

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