¿Estoy contra la globalización?

by Julen


Ayer -ooohhh sorpresa- un trabajador de a pie, de los de fábrica, de los que tienen frente a sus ojos extraños mecanismos transformadores de materiales, me dijo que seguía mi blog. Un ataque histérico de vanidad. Estuvimos un par de minutos hablando. Me dijo que había unas cuantas cosas de mi discurso con las que no estaba de acuerdo. Menos mal. Si no, sería todo demasiado aburrido. Y en la conversación me dijo un par de veces: «es que tú estás a favor de la globalización».

¿Yo estoy a favor de la globalización? Puede ser que no, puede ser que sí. Voy a tratar de explicarme, aunque sin soltaros mucho ladrillo, espero.

La tierra es plana, más o menos una evidencia. Pero hay diferentes ópticas: Castells, Friedman y Lovelock. El mundo se parece demasiado a sí mismo si recorres la típica calle comercial de una ciudad europea. Cuando tenía 18 años, me iba a Londres en verano con los ahorros del año para gastarlo en algo que aquí en Bilbao no era posible. Recorríamos King’s Road arriba y a abajo, íbamos al rastro de los sábados de Portobello Road, comprábamos badges en Carnaby Street, arramplábamos discos en la Virgin o en pequeñas tiendas en los alrededores de Picadilly Circus y mirábamos ropa en el mercadillo de High Street Kensington. Entonces, a los 18 años, el autobús -un día entero de viaje- nos dejaba en otro mundo. Ahora no sé hasta qué punto esto ya murió… y no me gusta, por nostalgia o por lo que sea.

El planeta -su parte «primer mundo», claro está- consume por igual miles de productos. Usamos las armas del diablo que carga Microsoft, usamos Firefox, usamos el mismo coche globalizado, usamos el mismo procesador Intel, usamos el mismo Mac. Todo esto es plano. Y que sea plano nos permite acceder a su uso. El uso puede ser bueno o malo.

Las globalización me temo que supone la hegemonia de lo económico sobre otras facetas de la vida. Es algo así como decir que si no consigues ser efeciente económicamente, da igual todo lo antiglobalización que seas, porque te vas a la mierda. Dinero, compras, mercado, marketing, consumo, primer mundo desbocado.

Pues no. La globalización merece que levantes la cabeza y seas dign@. Pero casi siempre vas a tener que jugar con sus armas (con las pacíficas). Porque en la comunicación entre humanos encuentro la salsa con la que cocinar la antiglobalización. Yo tengo claro que prefiero una tienda de barrio para mis compras. Pero la tienda de barrio resulta que trae las bicis vía mecanismos mundiales de distribución y que la bici que compro es la misma que tú puedes comprar en Perú. Claro, sólo hace falta el dinero con que comprarla. Pero la antiglobalización está en que se la compres al tendero del barrio. Paga por ello.

Lo mejor que puedes hacer ante la globalización es… ser inteligente. Utilizar técnicas de judo para mantener cierta dignidad personal. Usa su fuerza para darle caña. La globalización es demasiado grande y pesada para que resista pequeños palos. Y bien a gusto que te vas a quedar cuando se los des donde más duele: a través de lo pequeño, de lo íntimo, del detalle. Aquí nunca podrá competir contigo.

Para mí la globalización, el monstruo, requiere pensamiento en el otro extremo. Mis conceptos para que juzgues si soy pro o anti globalización son:


Ah, y un sitio que me gusta mucho: sindominio.net

No sé si estoy a favor de la globalización. Creo que no. Gracias por leer, Baltza.

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7 comentarios

Tochismochis 12/12/2006 - 10:09

Sí, el mundo es plano. O lo parece.
Como dice Friedman, «puedes innovar sin emigrar» y tratar con colegas de todo el mundo los mismos temas. Este comentario es una muestra de ello.
La empresa pequeña (con medios y personal limitado) puede competir con las grandes. Eso es genial y es algo que no existiría sin globalización. Nos encanta que el teléfono funcione cuando viajamos a otros países. Y estar permanentemente conectados.

Pero no olvidemos las diferencias que marca Richard Florida porque son importantes («spiky world»): en términos de agrupación de la población, de consumo de recursos, etc. La globalización también machaca a los campesinos de Hispanoamérica con precios contra los que no pueden competir, por ejemplo. Pero es esa mima globalización la que permite que miles de personas sean cosncientes y se rebelen contra estas prácticas.

De lo que sí estoy a favor es de la globalización en términos de igualdad, de justicia, incluso económicos en condiciones no abusivas y de explotación para los más pobres (¿es esto posible? sigo pensando que sí…)

Al final, en el medio está la virtud. Por tanto, mi lectura es que la globalización es buena para algunas cosas y mala para otras. En mi opinión, es imposible dar una respuesta genérica.

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pablojular 12/12/2006 - 10:18

Creo que algunas veces simplificamos la globalización con parte del aspecto económico.

Pero también hay globalización de la información (internet es un claro ejemplo). Hay globalización judicial (que se lo digan a Garzón y Pinochet). No hay globalización de derechos humanos (que se lo digan a mucha gente). … Y la globalización económica que hay es una versión neocapitalista que a algunos nos da un poco de miedo.

Podríamos hablar de una globalización comercial en que no existieran los aranceles (entonces quizá Francia, EEUU, España nos iría peor y mejor a China, Perú, Colombia,…)

Creo que la gloablización en concepto está bien… lo malo es cuándo hablamos de otras cosas.

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Julen 12/12/2006 - 11:31

tochismochis, cuidado con lo de estar «permanentemente conectados». Acabará por ser una enfermedad, no me cabe la menor duda. Bueno… o una mutación genética.
pablo, pero es que lo «económico» es lo impregna todo lo demás. La información, por ejemplo, ¿qué tiene detrás? Grandes grupos empresariales que son clarísimamente generadores de opinión pública. Y no dejan de ser entidades con una última línea en su cuenta de resultados, que es la que les preocupa de verdad.
La globalización pasa por la sobredimensión del hecho económico.
Ten en cuenta que al final, a Pinochet, si no llega a cascar, quizá lo hubieran empapelado por motivos económicos antes que por otros más deleznables.

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Virginia 12/12/2006 - 20:51

Soy antiglobalización, y reconozco todas mis faltas de coherencia. Por lo menos de corazón quiero seguir siéndolo.

Sé que tengo coche y ordenador, que uso bloglines y blogger, que contribuyo al mercado capitalista de mil formas.

Aún así no quiero que todo el mundo sea como Estados Unidos, entre otras cosas porque ojo, me pueden matar o de un tiro o en su fantástico sistema judicial.

Pero si nos mezclamos al final todo parece igual. Tienes razón, si vas a cualquier lugar del mundo a no ser que sea la Antártida y sitios así, todo es lo mismo. Y no me gusta. En la diferencia está lo divertido.

Sigo siendo antiglobalización mientras no seamos globales en las personas y sólo haya libertad para el dinero.

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Lula Towanda 13/12/2006 - 23:11

El romper barreras es bueno, pero el uso que se hace de esa libertad ya tiene peor color.
Detrás de la globalización está la codicia y el becerro de oro. Eso no me gusta. Además el rasero se aplica igualando por abajo.
Sin embargo, cada vez es mas fácil viajar, conocer nuevas gentes, comunicarse con todo el mundo, ser más abiertos, tener amigos virtuales y me costaría tener que renunciar a ello. Así que estoy hecha un lío.

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nacho 16/12/2006 - 21:26

Interesante reflexión-dialogo sobre la globalización.

Ya veo que la complejidad del mundo hace que no sea normal posicionarse en un lado u otro. Coincido con lo de vivir con inteligencia dentro de lo que hay.

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Anonymous 02/01/2007 - 10:01

Hace muchos años existía una isla completamente aislada donde vivían dos hombres: uno joven y fuerte y otro viejo y débil. A ambos les gustaba comer todos los días un pez y un conejo.

El joven gastaba cada día 1 hora para pescar el pez y 2 horas para cazar el conejo. El viejo era mucho menos eficaz y gastaba cada día 4 horas para pescar el pez y 3 para cazar el conejo.

Sumando números el joven gastaba 3 horas al día para alimentarse y el resto del tiempo se dedicaba a otras cosas. El viejo necesitaba gastar cada día 7 horas para alimentarse.

Las cosas funcionaban así cuando ambos mantenían autarquía económica. Un buen día decidieron «globalizarse» e intercambiar peces por conejos.

La gran pregunta es: ¿Quién saldría beneficiado, el joven (país desarrollado), o el viejo (país subdesarrollado)?

El joven pensaba: no me conviene realizar intercambios económicos con el viejo porque no podré competir con sus salarios bajos.

El viejo pensaba: no me conviene realizar intercambios económicos con el joven porque no podré competir con su tecnólogia superior.

Al final superaron sus temores y se decidieron por la globalización.

El joven, como era mejor pescador que cazador, decidió dedicarse sólo a la pesca. Cada día pescaba durante 2 horas, conseguía 2 peces e intercambiaba con el viejo uno de los peces por un conejo. Al final podía comer cada día un pez y un conejo y trabajaba 2 horas en lugar de 3 para alimentarse. Salía ganando.

El viejo, como era mejor cazador que pescador, decidió dedicarse sólo a la caza. Cada día cazaba durante 6 horas, conseguía dos conejos e intercambiaba con el joven uno de los conejos por un pez. Al final podía comer cada día un pez y un conejo y trabajaba 6 horas en lugar de 7 para alimentarse. Salía ganando.

Resumiendo: La globalización beneficia a todos los países.

Sin embargo, dentro de cada país hay beneficiados y perjudicados.

Si en lugar de dos personas pensamos en dos países, en cada país tendremos muchos cazadores y pescadores. En uno de los países los cazadores irán a la ruina mientras que en el otro lo harán los pescadores. Y sin embargo, en ambos países en conjunto se mejorará el nivel de vida.

¿Es buena la globalización?: según para quién. El beneficiario no es ni el rico ni el pobre, sino el que se dedica a aquello que hace mejor.

Obsérvese algo muy contradictorio: El viejo caza peor que el joven, ya que necesita 3 horas en lugar de 2 para cazar un conejo. Y, sin embargo, el viejo es capaz de competir globalmente con el joven en el negocio de la caza. El sector más competitivo no es necesariamente el más productivo.

El análisis detallado del ejemplo anterior sirve para romper los siguientes mitos:

Mito 1: «son más competitivos los paises con los salarios más bajos»

Mito 2: «son más competitivos los países con mayor productividad»

Mito 3: «las tarifas arancelarias sirven para proteger la industria nacional y mantener la capacidad adquisitiva de los trabajadores»

Mito 4: «un desarme arancelario unilateral sería desastroso para la economía nacional ya que el país se vería invadido por productos extranjeros baratos que pondrían a los trabajadores nacionales en la calle. Los desarmes arancelarios deben de ser bilaterales; por eso son necesarias arduas negociaciones» (en realidad los desarmes arancelarios bilaterales son buenos para la economía, pero los unilaterales son todavía mejores)

Que os divirtais.

Gabriel

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