A la espera de la psicosomática adecuada

by Julen

Estudié Psicología. Allá por 1987 terminé mi licenciatura. Supongo que por alguna razón que no soy capaz de entender muy bien elegí estos estudios. Es cierto que luego mi actividad profesional ha estado ligada al completo al mundo de las organizaciones. Pero, sigo suponiendo, lo habrá estado desde la perspectiva de las personas. O eso quiero creer. Que luego, 30 años después (se dice pronto), hiciera el doctorado en empresariales, quizá explique esta ambivalencia. Todo son suposiciones.

Leí a Harari —¿un bluf?— y creí entender que estábamos a las puertas de vivir mucho más allá de los cien años. Estábamos a las puertas de ser lo que quisiéramos ser a partir de una buena química aquí dentro de nuestro envoltorio fisiológico. Leí a Bartra y creí entender que, si no conseguíamos la calidad a partir de esta fisiología actual que se nos ofrece, siempre podríamos recurrir a las prótesis. Nos podemos dotar ya de exocerebros. Quien más, quien menos ya los usa. Leí sobre Hugh Herr y me dije que por qué no. Solo hacían falta recursos. Recursos de los que normalmente ni tú ni yo disponemos, dicho sea de paso.

A todo esto, mis casi 58 años me han demostrado que pienso en gran parte condicionado por mis condiciones fisiológicas del momento. La salud —hablo de la física— se empeña en conducir mis pensamientos de una determinada manera. Mi sonrisa depende de lo que pasa por ahí dentro. Harari me diría que es la química. Debe de serlo si tantos libros vendidos lo avalan. Pero lo que importa, al final, es lo que cada cual interioriza. Así pues, mientras no haya forma de conseguirse prestada otra fisiología, soy lo que ella quiera de mí.

A veces pienso que todo empezó unos meses antes de la defensa de la tesis doctoral. No puedo dejar de recordar que la hice sentado. Un mal golpe en la espalda me condujo hasta aquel pequeño detalle. Mi autopremio postdoctoral —un viaje de un mes en bici por Noruega— continúa aún pendiente. Menos mal que lo pudimos sustituir por un plan B mucho menos exigente. Siempre conviene tener planes B en el cajón.

El nuevo hito en el camino de mis limitaciones fisiológicas sucedió en un lugar curioso: aquí en un paso de cebra en la primavera de 2019, al lado de mi casa. Una caída desafortunada en un día de lluvia. De esas tontas, de esas que forman parte de las vergüenzas ciclistas. Pero no elegimos dónde. Quien anda, se cae. Y yo elegí andar. Andar en bici. O sea, caerse.

Después llegó la primavera del 2020. Esa sí que es para recordar, ¿verdad? La del confinamiento por el coronavirus. Lo que nunca creímos que veríamos en un mundo Harari. Sin embargo, la lección de humildad fue tremenda. Byung-Chul Han —¿otro bluf?— pasó a cobrar más protagonismo. Harari, no te pases de listo. Somos bastante calamidad. La pandemia nos confinó. La bici quedó aparcada durante cierto tiempo. Momentos extraños para quienes necesitábamos salir ahí fuera por el monte. Pero salimos del paso; como todo el mundo.

Poco a poco hemos vuelto a algo parecido a la normalidad. Claro que hemos entendido que no es como la de antes. Pero seguimos en ello. Con más pantallas, con nuevos hábitos, con maneras un poco diferentes de ¿hacer lo de siempre?

Y llegamos a otro fantástico paréntesis. El verano de 2021 fue un momento especial. Portugal estaba ahí esperando, todavía con pasaporte covid, documento obligatorio en los alojamientos de hostelería. Fueron 25 días de pedaleo por las Aldeias Históricas. Claro que con algún que otra limitación fisiológica, pero quizá encontrándolas como pocas veces sucedería: con más bien poco turista y, no me digáis por qué, con una climatología muy benigna.

Pero aquel viaje terminó y una curva como cualquier otra, abierta, sin problema alguno de visibilidad, en asfalto, se encargó a más de 2.000 metros de altitud de lanzarme un aviso. Hubo que hacer barbecho. Era agosto de 2021.

Pensé que otoño en Urbasa era un buen lugar para resarcirse. Recibimos otro nuevo aviso. Este quizá fue más serio. Nos dimos de bruces contra un precioso suelo cubierto de hojas. Los hayedos majestuosos. Bajo las hojas, la trampa. Ahí algo se quebró: la confianza. Aunque el tiempo todo lo cura, creo que estoy todavía a falta de que mi mente se lo crea de verdad. Una sucesión de desgracias es solo eso. Pongo la mente a trabajar en modo ultrapositivo y exijo que me haga creer que ya he cubierto el cupo, que la estadística ha jugado conmigo y que el gráfico X-R reflejará la anomalía. Solo eso: una anomalía de resultados defectuosos por un tiempo limitado. Luego volveremos a la normalidad.

Pero es una extraña normalidad. La pierna izquierda, siempre la pierna izquierda. Hemos tenido que ir al podólogo, se nos han inflamado los ligamentos del tobillo, hemos vuelto a recordar el edema de la rodilla, el piramidal ha colapsado y ahora parece que el nervio ciático que viaja por la pierna izquierda se ha enfadado de verdad. Y un caprichoso paso por la  covid de la que ya hablaremos mañana. Así que volvemos a la química de Harari. Volvemos a las infiltraciones, volvemos a los relajantes musculares, volvemos ¿a dónde? No importa, de nuevo le exijo a mi mente que le dé la vuelta a la tortilla. Ya estamos en fase de recuperación. Hoy llegará la tercera infiltración. El traumatólogo espera. La fisioterapia también. Mi cerebro, entiendo, también es química. Necesito engañarle. Necesito que la psicosomática haga su trabajo. Solo eso.

Artículos relacionados

8 comentarios

david barreda 31/08/2022 - 07:26

Un abrazo… y espero que te mejores.
(es una maravilla de post, la verdad..)
d.

Responder
Julen 31/08/2022 - 12:44

Gracias, David. Seguimos tropezando en la misma piedra. Humanos jeje

Responder
Amalio Rey 31/08/2022 - 08:10

Bueno, my friend, ya no somos chavales. Hay que asumirlo. Además, eso de hacer tantos kms como haces tú es normal que multiplique las probabilidades de tener algún percance. Bastante bien te va. Fíjate tú que yo, asumiendo muchos menos riesgos, me he caído corriendo (¡¡a pie!!) varias veces. Siempre tenemos despistes. Supongo que no es solo la psicosomática, sino también la fisiología de un body que lo han traqueteado, ¿no? En esos casos hay que escucharlo y, supongo, darle su tiempo para la recuperación. Pues nada, ¡¡que te mejores pronto, chaval!!

Responder
Julen 31/08/2022 - 12:43

Estos deportes de riesgo… jeje

Responder
Iván 31/08/2022 - 09:35

Mucho ánimo Julen. Un abrazo fuerte.

Responder
Julen 31/08/2022 - 12:43

Gracias, Iván.

Responder
Venan 31/08/2022 - 13:01

La psicosomática no se espera, se la construye uno mismo, es lo que has hecho siempre, provocar con tu actitud y talante que las cosas ocurran por qué tú lo has preparado así. Estoy convencido de que seguirá siendo de esa manera, somos de los que no esperamos a ver si sale, provocamos y hacemos lo posible por que salga y seguiremos disfrutando leyendo tus epopeyas. Y si no puede ser de una manera (todo cambia), lo haremos de otra. En mi primera carrera larga, una amiga me dijo “fuerza y honor” y como en Gladiator, creí en mi propia fuerza y cuando lo que flaqueaba era la voluntad, el pensar si podía, mi propio “código de honor” me llevó hasta la meta. Seguirás amigo, sin duda.

Responder
Isabel 01/09/2022 - 10:05

Te echaba de menos, Julen. Un verano de los que nos ponen a prueba, ¿verdad?
Bienvenido y ánimo. Ah, ¡Y un abrazo! 😉

Responder

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.