Benidorm

by Julen

En 1970 cruzar la Península Ibérica para ir desde Bilbao hasta Benidorm era una aventura. Quizá lo fuera aún más si lo hacías, además, en un Seat 124 en el que viajaban seis personas, cuatro adultos y dos niños. Esto de «aventura, por supuesto, lo digo más de medio siglo después. Entonces era algo normal. Lo hacíamos en mi familia y en muchas otras. En el verano de 1970 nos fuimos de vacaciones a Benidorm con mis tíos. Ni por asomo se podía hacer en un día. Recuerdo que hicimos noche en Mota del Cuervo.

Tenía 5 años y ya antes, de más niño, otros veranos habíamos ido a la residencia que el banco en el que trabajaba mi padre tenía en Alfaz del Pi, no muy lejos de Benidorm. Pero entonces aún no conducía mi madre (mi padre nunca lo hizo). Recuerdo el detalle de lo mal que lo pasábamos con la leche embotellada. Acostumbrados a la que bebíamos en casa y que procedía directamente de nuestras vacas, tener que ingerir aquella cosa blanquecina de sabor extrañísimo suponía una pequeña tragedia cada mañana. Ya veis qué recuerdos tan rancios se quedaron a vivir conmigo.

Nuestro apartamento allá en Benidorm se ubicaba en un bloque enorme. En varias ocasiones hubo problemas con los ascensores. No estábamos en primera línea de playa, pero desde las alturas la perspectiva era impresionante. O eso me lo parecía. Como ya conté hace un par de semanas, el agua de mar le sentaba fatal al eczema de mis pies; así pues, por raro que parezca, no era de esos niños que disfrutaban en la playa.

Sí, pienso en aquellas primeras vacaciones-vacaciones (por decirlo de alguna manera), y más que el alborozo de una gran primera experiencia «consciente» lejos de casa, me quedé con la extrañeza de un lugar que nada tenía que ver con mi realidad cotidiana. Parecía un mundo de postal. Los años anteriores de residencia en Alfaz del Pi casi no cuentan en mi memoria. Aquellas primeras vacaciones en Benidorm fueron el primer paso. Luego, en los años siguientes, nos fuimos respectivamente a Marbella y a Huelva. Con el mismo esquema: carretera y manta.

Imagen de Luís Gonçalves en Pixabay.

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