Los dos vientos

by Julen

Vivíamos casi en la frontera con Cantabria. Nuestro barrio quedaba a las puertas de la zona minera de los Montes de Triano. En aquella geografía, la gran referencia, sin embargo, era el Monte Serantes. Destacaba con su figura triangular casi perfecta y era por donde, normalmente, llegaba la lluvia. Actuaba como un enorme vigía para predecir, con sus nubarrones, las benditas precipitaciones. La lluvia siempre fue bien recibida en casa. Venía del norte1Hoy sé que es noroeste, pero en casa siempre dijimos que venía del norte..

El viento sur , en cambio, venía de La Reineta. Si el aire que llegaba del Serantes se rodeaba de una lógica alegre, húmeda y natural, el viento sur representaba la otra cara de la moneda. Traía días feos, de temperaturas extrañamente elevadas. Llegaba, además, con rachas mucho más violentas y unos cielos que nunca me gustaron. Hoy sigue siendo así. El viento sur representaba una anomalía.

A mi abuelo y un tío suyo, que fueron quienes construyeron la casa, no se les ocurrió otra defensa que plantar una encina. Aquel árbol actuaba como primera línea de contención ante la furia del viento sur. La casa se orientó hacia el este. La lluvia quedaba detrás y el viento sur pegaría desde la derecha, pero protegido por la encina. El resto de los vientos no parecían relevantes. El de sur, feo y violento; el del norte, húmedo y amable.

Sin el comodín de las previsiones en los medios de comunicación, los días de viento se podían predecir por el color de los cielos del atardecer del día anterior. Mañana, día de viento. Había que levantar la mirada e interpretar. Los colores en el cielo lo decían todo. Solo hacía falta prestarles atención.

Nunca me gustó el viento sur. Lo siento por él. Esa aprensión se quedó a vivir conmigo para siempre. Cosas de niño que se enredaron en el adulto en que un día me convertí.

Imagen de Enrique en Pixabay.

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    Hoy sé que es noroeste, pero en casa siempre dijimos que venía del norte.

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