Las escuelas antiguas

by Julen

Desde pequeño conocí lo que llamábamos escuelas antiguas y escuelas nuevas. Hice primero y tercero de EGB en las escuelas nuevas, mientras que segundo lo hice en las antiguas. Entre ambos edificios quedaba el patio. No sé por qué, la memoria ha retenido mucho mejor la estructura y el ambiente de las escuelas antiguas. Era y sigue siendo un edificio muy básico, con dos aulas y una estancia en medio que las separaba. No había más.

Nosotros, en segundo, ocupábamos el aula que quedaba a la izquierda del edificio. Si mi recuerdo de entonces lo dibujaba ya como un lugar pequeño, hoy en día me parece casi liliputiense. La última vez que pasé por allí, acompañando a mi madre en un día de votaciones, volví a caer en la cuenta de cómo, con el paso del tiempo, las dimensiones se reducen aún más.

No creo que entráramos allí más de diez o quince niñas y niños que nos sentábamos en dos filas. Si las escuelas nuevas eran todo baldosas, paredes de gotelé, cristaleras y mesas y sillas infantiles de las de siempre, el aula de las escuelas viejas destilaba ese aire a lugar que hoy te encontrarías en un museo etnográfico. Por supuesto, es pura lógica, mi recuerdo me traslada a algo que sucedía allá por 1970 o 1971.

Aquellas escuelas viejas siguen en pie. Hace mucho que no entro en el edificio. De hecho, ni sé cuál es su uso actual. Prefiero quedar al margen del progreso, haya sido el que haya sido. Mi segundo de EGB transcurrió comprimido en aquel microespacio, con un profesor bastante serio y en un ambiente, no me digáis por qué, de relativa apatía. Quizá el edificio marcaba también su impronta en quienes pasábamos tantas horas allá dentro. Son lugares que, aunque fijados a la memoria, no consiguieron hacerse un hueco en la zona reservada a las buenas experiencias.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.

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