La GAC verde

by Julen

De niño en casa «la bici» fue una GAC. Verde y blanca, de paseo y plegable. Fue la única que conocimos y, desde luego, no estaba pensada para grandes gestas ciclistas. Simplemente representaba a aquella bici que era lógico comprar en la época, la que servía para que mi hermana y yo nos moviéramos en un territorio siempre cercano a nuestra casa. Porque nunca fue un medio para alejarnos; más bien dibujaba otro cordón umbilical con el barrio.

Como decía, aquella GAC era de color verde. Bueno, lo sigue siendo. Porque aún se la puede ver en una esquina del jardín, oculta entre algunos otros cachivaches. Por delante de casa pasaba la carretera y, aunque no llevaba mucho tráfico, siempre fue objeto de respeto. La carretera: ese lugar en el que un niño como yo solo podía encontrar potenciales desgracias. Así pues, la bici perdió deprisa aquella batalla. Ojo por dónde ibas, porque te podía caer una buena bronca si no aceptabas los límites.

No tengo recuerdo de que de niño «conectara» especialmente con aquel artefacto. Formaba parte de nuestro universo infantil casi de forma obligatoria. No sé si fui yo quien la pidió ni tampoco cuándo llegó. Estoy por pensar que fue con motivo de algún cumpleaños o de alguna otra efeméride. No llegaba así como así, sino que lo hacía envuelta en cierto oropel. No todos los días se compraba una bici.

En el barrio muy pocos niños tuvieron «bici de corredor». Soy capaz de recordar a Pedro, un amigo. Él sí tenía bici de corredor. Los demás íbamos a la zaga. Aquello marcaba estatus. Era otro nivel. Yo nunca llegué, ni de lejos, a alcanzarlo. Claro que años más tarde…

La imagen está tomada de BICINOVA.

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