Miedos

by Julen

En plural, no hay duda. De pequeño siempre me recuerdo miedoso. Aquella sensación continúa hoy aunque el paso de los años la racionaliza. Pero en el fondo sigue siendo lo mismo. Sin más, supongo que vino con mi forma de ser y de estar en este mundo. Fueran los genes o determinadas circunstancias, el caso es que siento que sigo siendo la misma persona, tímida, miedosa, nada amiga de prácticas que me alejen de mi zona de confort.

A veces sueño con no ser así. Sin embargo, esos sueños son pasajeros; enseguida caen derrotados por otros en los que me veo de nuevo en ese lugar del que no saldré jamás: el miedo. Pudiera sonar dramático, pero no es así como lo siento. Sí, sé que me estoy perdiendo parte de la gracia. Hay quien dirá que no me ve así para nada. O sea, que esto de los miedos es relativo porque junto a ellas habitan otras sensaciones que pelean por convencer a los demás de que no es para tanto. Ja.

Si pienso en mi infancia, la lista es bastante larga. Aquellos eran miedos viscerales, sentidos desde las entrañas, sin explicación que sirviera para nada. Tenías miedo y tenías miedo; punto. No había mucho que analizar, los sentías y te proyectaban hacia dentro, en busca de tus propias liturgias para combatirlos. Una pelea desigual, aunque servía para probar estrategias con las que salir adelante. Fracasos y éxitos de la mano.

Aquel niño sigue siendo este adulto. Como decía, con mucha más racionalidad, con más argumentos, con explicaciones elaboradas y hasta convincentes. Pero siguen aquí y a veces se vuelven en mi contra. Quiero pensar que hemos encontrado un punto suficiente de convivencia para continuar la marcha. Han mutado, se han normalizado. Aparentan, pero estan ahí. Siempre ganan. Por eso dejo que sigan su camino. Allá ellos.

Imagen de DarkmoonArt_de en Pixabay.

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