Las miserias de la formación online

by Julen

Quién me iba a decir a mí hace un par de meses que me iba a convertir en un ¿experto? de la formación online. Bueno, tampoco es que me quedara tan lejos esta competencia porque siempre me he llevado bastante bien con la tecnología. Pero una cosa es hacer algo por convicción y otra por obligación. Y sí, ya sé que cuando no queda otra, aprendemos como nunca antes, pero esto no debe esconder las miserias a las que nos enfrentamos. En mi caso concreto, por obligación, me estoy topando con las miserias de la formación online.

La primera y más evidente es que cuando quieres establecer una comunicación de calidad mínimamente digna con las personas que se han inscrito en el programa en cuestión, hay una buena parte del asunto que no depende de ti. ¿De quién? Pues de las circunstancias tecnológicas que concurran en cada caso en particular. Si cada cual se está conectando desde su hogar, esas serán las circunstancias. ¿Tienes posibilidad de actuar sobre ellas? Alguna hay, pero muy pocas. Bueno, en realidad podríamos, vía TeamViewer o alguna otra aplicación del estilo, intentar dejar el equipo a través del cual se vayan a conectar en las mejores condiciones posibles. Pero puede que no tengamos esa posibilidad.

Así pues, cuando alguien se conecta a una formación online desde algún dispositivo de su hogar lo hará como buenamente pueda. Nuestra responsabilidad será ofrecer unos consejos básicos y quizá, si es el caso, realizar una conexión previa a la fecha y hora en que comienza la formación para asegurarnos de que la conectividad, como decía, es digna. Dependemos, por supuesto, de las competencias tecnológicas de quien se conecta. Debemos hacer un ejercicio importante de empatía y reconocer que habrá diversidad y que tenemos que crear un ambiente de tolerancia hacia los sucedidos que casi con toda seguridad ocurrirán.

¿Se puede caer la conexión?, ¿tu navegador o la aplicación que usas para conectarte pueden no ir del todo bien?, ¿el equipo puede ir lento por sobrecarga de uso de recursos?, ¿la calidad de tu conexión puede sufrir altibajos a lo largo de la sesión de formación?, ¿puede que sufras interrupciones laborales o de carácter personal mientras estás conectada? Por supuesto; sí, te puede pasar todo eso y mucho más. La variabilidad de la conexión desde el hogar esta ahí y desde el lado docente no hay nada que hacer: hay que respirar hondo varias veces y aceptarlo.

Esta formación online forzada saca a la luz la profundidad de la brecha digital, tanto desde el punto de vista de la infraestructura (correlación directa con el nivel de ingresos) como desde la perspectiva de las competencias. Para quienes llevamos toda una vida laboral bregando con lo digital este nuevo entorno de relación nos parece «normal». Pero hay muchas otras actividades laborales que no han integrado la digitalización de la misma manera. En el crisismo en que vivimos aflora ahora un nuevo elemento: al bajar la marea, con la pandemia de la COVID19, emerge un sistema con muchas lagunas para que la formación online provea resultados similares a los de la formación presencial.

Puede ocurrir, por supuesto, que se dé la tormenta perfecta y que el escenario no pinte tan negro. Es el caso, por ejemplo, de mi universidad. Nuestras alumnas y alumnos disponen, en general, de infraestructura y competencias; el personal docente, mejor que peor, también sabe moverse en el entorno online. Pero esta circunstancia no es el estándar. No podemos engañarnos. Ya escribía hace unos días que me siento un privilegiado.

Estoy inmerso en varios proyectos que pasan obligatoriamente por el medio online, tanto de formación como de consultoría. Intento hacer pedagogía; intento transmitir que tenemos que «querernos» un poco más y ser tolerantes. Estamos haciendo todo esto desde una situación anímica muy especial. Entenderla como una oportunidad es parte del juego, aunque sin perder de vista todo lo que nos limita. El mundo del trabajo se ha puesto a rodar solamente a través del plano digital. La formación online es, de repente, la única vía por la que transitar. El esfuerzo por rediseñar contenidos y pedagogía es importante. Hasta cierto punto disfruto con ello, pero no me olvido de que no es la mejor de las circunstancias. Loas las justas, por favor.

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5 comentarios

Iñaki Murua 29/04/2020 - 12:59

Algún apunte desde mi experiencia como aprendiente y enseñante en esos entornos hace un tiempo ya (y no ahora, precisamente). Allá voy: no considerar la formación online como una presencial deficitaria; valorar el uso de la comunicación síncrona (ni dejarla de lado ni que sea la base para todo); tener en cuenta la «soledad del aprendiente a distancia» (tal vez le cueste entenderlo a quien no ha sido aprendiente en estos entornos).

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Julen 11/05/2020 - 06:16

Al final es sumar, complementar desde las dos perspectivas. Lo tengo claro.

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Jorge S. King 02/05/2020 - 00:08

«El mundo del trabajo se ha puesto a rodar solamente a través del plano digital. La formación online es, de repente, la única vía por la que transitar».
Muy lamentablemente hay una gran parte del mundo del trabajo que no tiene el acceso al plano digital.

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Julen 11/05/2020 - 06:14

Pues sí, aquí la brecha digital se hace notar, Jorge S.

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El estrés de la pantalla ubicua – Consultoría artesana en red 15/05/2020 - 08:54

[…] a dominar la situación como cuando estoy trabajando de manera presencial. En el formato online hay muchas variables de carácter tecnológico que sé que no voy a poder controlar y, claro, […]

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