La sinrazón del dato

by Julen

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No se sabe muy bien cómo. El dato, humilde y aislado en su morada, mutó su carácter y ganó la batalla. Fue un camino extraño donde las máquinas se pusieron de su lado. Aquel dato triste y callado se transformó. Se supo parte de un ejército descomunal. Ganador en número, en los albores del infinito. En cantidades nunca vistas.

El dato ya no pudo detener la marcha. Del revuelo inicial se pasó a formaciones totalmente alineadas, una organización que conducía a la victoria. Sin razón alguna, tan solo obedeciendo órdenes superiores. El dato se colocaba como le decían. Junto a quien le decían. El dato era, más que nunca, instrumento. Pero formaba parte del ejército ganador.

No se sabía muy bien cuál era la batalla pero todo el mundo decía que estaban en guerra. Un supuesto progreso lo justificaba todo. La sinrazón. Se sustituía la causa por la correlación. Dos datos juntos lo explicaban. ¿Por qué? Ellos no estaban allí para dar respuestas con argumentos.

Así que el dato pasó a un nuevo estadio. El dato con luces de neón. Se dejaba querer. Peregrinaciones hasta su santuario para mostrarle respeto y veneración. Un dato sin rostro, neutro, impoluto. Las gentes llegaban de cualquier parte del mundo y se arrodillaban en busca de la salvación de su alma. El dato, mientras tanto, impertérrito. Muy digno, bendecía a las multitudes.

La imagen es de Dennis Jarvis en Flickr.

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