Trabajo e infelicidad

by Julen

Another shot of unhappiness

Antes de nada, lo digo alto y claro: resulta muy complicado establecer una correlación clara entre satisfacción laboral y felicidad (o infelicidad). Pero a medida que se supone que progresamos en este paradójico primer mundo, el trabajo se convierte, sobre todo, en fuente de infelicidad. Sea porque la competitividad asociada a los mercados globalizados nos hace pagar un tributo demasiado alto con cada vez peores condiciones laborales o porque simplemente el trabajo escasea para quienes lo necesitan de verdad.

En el equilibrio está, seguro, la virtud. Porque no tengo nada claro que enamorarse del trabajo que uno tiene o proyectar en él una supuesta pasión personal sea la mejor opción. Ya sé que hay un discurso oficial que conecta la pasión con el trabajo. Pero demasiadas veces veo que conduce a extraños callejones sin salida donde parece haber solo una verdad. Por eso la distancia crítica respecto a esa cosa llamada trabajo es importante. A fin de cuentas, si algo te gusta tanto, ¿de verdad crees que debes pervertirlo con una transacción económica? Ya, a lo mejor estoy diciendo una salvajada.

Hoy casi todos queremos balancear vida personal y profesional. Dos espacios, por cierto, que se funden para mayor lío colectivo. Aquel que se llamó (a mayor gloria del lenguaje sexista) «trabajador del conocimiento» terminó por conformar un paradigma radicalmente diferente del que antes hablaba de las personas como «mano de obra«. Vaya usted a comparar, por favor. Pero nuestro saber hacer -nuestra capacidad de gestionar información para transformarla en conocimiento y sabiduría- presenta el inconveniente de que no queda sujeto a un horario de 9 a 5. Trabajamos y no trabajamos, todo a la vez, fundido en un magma imposible de comprender las más de las veces.

Creo firmemente que hoy un trabajo sano y motivador amenaza con comportarse de acuerdo con la teoría de los gases: ocupará todo el espacio que encuentre disponible. Por eso hay que levantar muros (artificiales) de contención. Porque en aras al dios de la moderna competitividad, vivimos la eterna condena a trabajar más y más. Y cobrar menos, dicho sea de paso, que ya lo dijo uno de los conocidos chorizos de éxito empresarial. Trabajar más y pasártelo bien haciéndolo, ese el truco.

Claro que todo tiene que ver con expectativas. Este el termostato que lo regula todo. Si habías pensado dedicar no sé cuántas horas a la familia y no lo has hecho, mal. Da igual cuál fuera ese número de horas. Y lo mismo pasa con el ejercicio físico, con la lectura o con el tiempo que quieres pasar sonriendo. Expectativas. Esto es lo que hay manejar bien para encontrarnos a gusto. Ahí está el arte.

Habrá quien me diga que es una especie de autoengaño. Ponte expectativas bajas y asunto arreglado. Sí, en parte, lo reconozco, por ahí va la cosa. Sin pasarse, por supuesto. Pero hoy todo incita a apostar fuerte, a hiperocupar tu tiempo, a lograr metas más allá de tus límites, a luchar sin descanso. Extreme es lo que nos venden. Y autoayuda si fracasamos en el intento, que el negocio no debe faltar. Es cuestión de que te sientas mal contigo misma. A partir de ahí no veas la de negocio que viene por detrás. Quizá por eso el trabajo, sí, también contribuye a este logro social: sé infeliz trabajando porque luego valorarás mejor las migajas de bienestar que dejan caer.

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11 comentarios

Amalio Rey 28/12/2016 - 09:47

De acuerdo, Julen. No vas mal encaminado. Creo que esto va tambien con los «ciclos vitales». Hay momentos en la vida que puede valer la pena «comerse el mundo» currando, cuando estas aprendiendo mogollon o construyendo algo importante, tu propia carrera o reputación profesional. Es un momento que no tienes tanta familia, y que los amigos se dan de forma natural, no hay que cultivarlos. Si eres joven, (casi) todo puede ir bien 🙂
Interesantes estas dos ideas: 1) «si algo te gusta tanto, ¿de verdad crees que debes pervertirlo con una transacción económica?» (no, no es una salvajada, tiene mucho sentido), 2) «hoy un trabajo sano y motivador amenaza con comportarse de acuerdo con la teoría de los gases: ocupará todo el espacio que encuentre disponible. Por eso hay que levantar muros (artificiales) de contención». Lo de los muros es tal cual.

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Julen 30/12/2016 - 05:19

Esto que comentas, Amalio, de los ciclos vitales me parece fundamental. A medida que cumplimos años las prioridades se van desplazando, no puede ser de otra forma. Y jugar a acompasar ritmo vital y vida laboral es fundamental. Esto con el envejecimiento de la población va a tener sus consecuencias, no tengo duda. Campo de trabajo para quienes estudian psicología social y sociología 🙂

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Raúl Hernández González 28/12/2016 - 10:23

Quizás el punto no sea «que el trabajo nos dé la felicidad», si no que «no nos provoque infelicidad». Que exista algo (aquello de maestría, propósito, autonomía, etc…. y también, por qué no, compensación económica) que añada por el lado positivo y compense el esfuerzo, sacrificio, tiempo… que se le dedica.

No me parece un mal objetivo.

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Julen 30/12/2016 - 05:16

Pues que sea así, porque me da que la tendencia de progreso en cuanto a mejores condiciones y más satisfacción con él se ha detenido. Daños asociados a la crisis pero parece que se están quedando por aquí durante una temporada que se alarga en exceso.

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Isabel 30/12/2016 - 13:22

Me reconozco en los dos «pecados»: el trabajo se me filtra en casi todo el tiempo disponible y soy de las que se apasiona con los proyectos. Y sin embargo…

Es posible que eso sirva de autoengaño y que lo de la monetización de lo que nos gusta puede ser perverso, pero lo que si me va quedando claro (esas cosas de la edad) son las cosas con las que no disfruto entre las que están muchas actividades asociadas actualmente al ocio pero que para mí no lo son.

Y sin embargo estoy de acuerdo con lo que dices. Creo que la clave podría estar es ser conscientes de si es una decisión que tomamos o estamos siguiendo las modas y sinsentidos del momento. Me gusta lo de los «muros (artificiales) de contención», llámese bici, agua, lectura, vaciado mental… Lo cierto Julen, es que el día tiene 24 horas y eso exige límites. Por decirlo de otra forma, elegir y disfrutar del proceso.

Feliz 2017. Un abrazo! 🙂

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Julen 31/12/2016 - 07:59

Pues sí, Isabel, hay que defenderse contra el peligro de que nos cuelen goles sin que nos enteremos. Pensamiento crítico, la mejor receta. Y mientras, a disfrutar lo que tenemos entre manos, que bastante es comparando con la media de este planeta. Lo mismo, que venga bonito este próximo año.

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Sandro M. 01/01/2017 - 23:04

Hola,

Creo que me quedo con la idea de los ciclos s y de las prioridades. Hay que saber porqué y pasta que trabajamos. Yo decidí emprender hace más de siete años y he hecho de todo. Ahora trabajo mucho menos, priorizando la familia. En cinco años sé que mi situación no será la misma y quizá trabajaré más, pero al menos sabré que he invertido tiempo donde era más necesario y me llenaba más en cada momento.
Mientras no puedo trabajar tanto, trabajo mucho para trabajar menos (construir activos, inversiones activas, etc.).

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Julen 02/01/2017 - 05:50

Sí, la idea de ciclos es interesante en tanto que nos coloca no siempre ante las mismas necesidades vitales. Creo que puede ser una de las claves para salir bien de la encrucijada 😉

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ana 02/01/2017 - 16:41

Me ha encantado, Julen, gracias. «Trabajar más y más» y cobrar menos y menos: esto es algo tediosamente cotidiano pero no debe parecerlo. Debe parecer que estamos todas, siempre, en la cresta de la ola: porque lo pobre nunca ha sido glamuroso. Así que no sólo debemos montar esos muros de contención para que no nos coma la vida el empleo sino que además debemos apuntalarlos, cada semana, sin que se note. Yo me quedo con tu última frase, tan atinada: «Sé infeliz trabajando porque luego valorarás mejor las migajas de bienestar que dejan caer», y tú seguirás creyendo que eres dueña de tu vida y que así es como tiene que ser. No pares de escribir, Julen. Saludos desde Majadahonda.

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Julen 03/01/2017 - 07:13

Gracias, Ana. Cada cual desde donde podemos, a contribuir con nuestro grano de arena para ver si conseguimos que todo esto vaya cogiendo mejor aspecto. A fin de cuentas, quienes vienen detrás nos lo agradecerán. Ánimo con el año que empieza, seguro que en materia de género trabajo no va a faltar 😉

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Blog ZAC | Es el tiempo de la sostevidabilidad 25/01/2017 - 08:31

[…] Dorronsoro; ‘El elefante en la habitación (una aportación)’, de Pablo Aretxabala; o ‘Trabajo e infelicidad’, de Julen Iturbe, que también fue al primero que oímos hablar de ese oxímoron tan real como son […]

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