Lenguaje sexista en la universidad

by Julen

sexismo lenguajeEn los últimos años he participado en un buen número de tribunales de defensa de proyectos fin de grado y fin de máster en la universidad. Creo que no descubro nada nuevo cuando digo que la calidad de escritura deja mucho que desear. A las frecuentes faltas de ortografía se le añade una redacción pobre, repleta de repeticiones y con una riqueza de vocabulario que brilla por su ausencia. Pero hoy no voy a patalear por eso. Lo voy a hacer porque en la evaluación de esos proyectos nada se dice sobre expresiones de carácter sexista. Y quienes forman (formamos) parte de los tribunales, no muestran sensibilidad alguna por este asunto.

Construir una sociedad que elimine las discriminaciones por género pasa, por supuesto, por la forma en que hablamos y escribimos. Si, además, nos referimos a cómo lo hacen personas en las que suponemos una cualificación alta, parecería que ahí, sí o sí, hay que exigir más si cabe. Claro que esto me recuerda la segunda de las famosas leyes de la estupidez humana formuladas por Carlo CipollaLa probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona. Eh, no lo toméis a la tremenda. Por supuesto que no digo que quienes defienden esos proyectos sean (seamos) estúpidos. Solo me refiero al hecho de que el sexismo en el  lenguaje se instaura por igual en todos los órdenes de la vida, da igual que hablemos de la universidad o del bar. Me temo.

Estoy casi seguro de que en toda la vida docente de una persona que termina un grado o un máster en la universidad no habrá escuchado nada referido a cómo evitar el lenguaje sexista en su escritura. Aunque a lo mejor ¡tampoco ha encontrado contenidos relacionados con cómo escribir! Y así nos va. En las memorias resulta que solo hay investigadores, consultores y alumnos. No conviene caricaturizar y volver al odioso investigadoras e investigadores, consultoras y consultores, alumnas y alumnos. No, porque el asunto no solo aflora en estos plurales, también lo hace a la mínima oportunidad en detalles mucho más sutiles.

Todo lo anterior me pide un libro de estilo que incluya recomendaciones para evitar el sexismo en el lenguaje. Si en la universidad no prestamos atención a estas cuestiones, mal ejemplo damos respecto a eso que decimos siempre de que queremos participar en la construcción de una sociedad más madura, cohesionada y que progrese adecuadamente. Mal progreso es dejar pasar expresiones que hacen pervivir el sexismo en el lenguaje, también en documentos académicos. Y peor progreso que quienes evaluamos demos la callada por respuesta.

Como tantas otras veces, es educación. Pero también actitud. La herramienta sin la sensibilidad por usarla no sirve de nada. Por eso creo que quienes diseñan el curriculum universitario tienen que pararse y tenerlo en cuenta. Yo mismo como doctorando debería haber encontrado alguna referencia en mi formación a este asunto. Nada. Y lo mismo quienes estudian grados y másters. Si al final les pedimos una memoria, por favor, no reproduzcamos ahí lenguaje sexista.

Y termino con un recurso que me queda cerca y que convendría desarrollar más si cabe. Son las recomendaciones de estilo respecto a lenguaje no sexista del Ayuntamiento de Portugalete.

Nota.- La imagen está tomada de eticavirtualperu.

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