3 de cada 10 personas graduadas universitarias en salud y bienestar son hombres

by Julen

Es un simple dato, nada más que eso. Aunque la lucha para que crezca el número de mujeres con formación en el ámbito STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) está muy viva, este sigue representando todavía el 30% del total. Son datos oficiales del informe Panorama de la Educación 2019: Indicadores de la OCDE. Puedes leer un resumen en este artículo del Ministerio de Educación y Formación Profesional. La salud y el bienestar, eso que ahora ha vuelto a cobrar protagonismo en nuestra escala de necesidades, es cosa de mujeres. El viejo Maslow nos sirve para explicarlo. Flotábamos en una nube de autorrealización, estima y reconocimiento y nos han hecho baja a la más cruda realidad. Y ahí nos encontramos con que quienes nos están sacando de esta son, en su mayoría, mujeres.

No tengo duda alguna de que las campañas para que más y más chicas se animen a estudiar grados universitarios vinculados a STEM deben continuar. Si cabe con más fuerza. Ahí tenemos el empeño de gente muy cercana. Me viene de inmediato el caso de Lorena Fernández y la apuesta de Inspira STEM, por ejemplo. Sirva solo como botón de muestra. Hay que perseverar. Pero permitidme que le dé la vuelta a la tortilla: ¿cuánto esfuerzo percibimos en que más hombres cursen estudios superiores vinculados con la salud y el bienestar? Sí, claro, médicos, cirujanos. Esas eran (son) las élites de unos cuidados que, reconozcámoslo con la megafonía a todo volumen, reflejan solo una parte de nuestra salud. La calidad asistencial no pasa solo por la medicina; hay mucho sentimiento y emoción, como no puede ser de otra manera, en sentirse bien.

La pandemia del COVID-19 nos enfrenta a la realidad que intenta ocultar el (supuesto) progreso de nuestras sociedades del (supuesto) bienestar. Según los datos ofrecidos por el Consejo General de Enfermería, del total de los profesionales de la enfermería en nuestro país, el 85% son mujeres. Y si nos vamos a los cuidados en general, profesionalizados o no, la cifra no varía: la estimación es que ese 85% se mantiene. En el mundo, son 607 millones de mujeres en edad laboral las que atienden sin cobrar por ello a sus familiares por 41 millones de hombres, refiere la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Nosotros, los hombres, no estamos. Y no tengo nada claro que se nos espere.

La tecnología, la ciencia, la ingeniería. Es en estos ámbitos en donde ponemos el foco. Necesitamos más mujeres. Pero quizá hemos olvidado que necesitamos más hombres que sientan que trabajar en la salud y el bienestar de quienes nos rodean merece la pena. Y eso supone cualificación y, por tanto, estudios. Los ciudados suceden, son inherentes a nuestra naturaleza humana. No podemos no cuidar a la gente cercana, a la familia, a la gente del barrio. ¿Por qué no hay –me encantaría que alguien me demostrara que me equivoco– campañas institucionales para promover vocaciones en salud y bienestar entre los hombres? Me temo que STEM mola más, seamos sinceros. El capitalismo global, el sistema único, necesita más madera para que los motores sigan a pleno rendimiento. Hasta ahora.

Las grandes mentes nos dicen que la escena postCOVID19 trae consigo un new normal. ¿Alguien está augurando una subida fulgurante de vocaciones masculinas en torno a la salud y el bienestar, en torno a los cuidados? Cuando llegue la pelea entre relanzar la economía y cuidar la salud, ¿se va igualar la proporción de hombres y mujeres dedicados a cuidar, en el más amplio sentido de la palabra, a los demás? Quizá haya que enfriar las revoluciones de la economía global, redistribuir riqueza (la vieja lucha de la igualdad) y repensar la escala de valores.

Maslow nos ha lanzado cuesta abajo y sin freno en la pirámide de necesidades. De repente, nuestra salud, la seguridad y sentirnos queridos pasan a primer plano. Y ahí encontramos, insisto, el rol tradicional de la mujer. Son ellas las que nos salvan del precipicio. Sean enfermeras que mueren en la trinchera o heroínas anónimas que no aparecen en ningún titular. Necesitamos más hombres que cuiden. Necesitamos rebajar la presión de la tecnología y el crecimiento económico y parar la sala de máquinas. Necesitamos otros valores. Lo reproductivo debe ganar terreno a lo productivo.

Imagen de Sabine van Erp en Pixabay.

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1 comentario

Teléfono: 508. Quiero una conferencia con el pueblo. – Consultoría artesana en red 14/04/2020 - 06:06

[…] siempre su voz. Todavía hoy prevalece la voz de la mujer cuando se trata de prestar atención. Ya lo contábamos ayer: los cuidados han ido fundamentalmente de su mano, así que no nos debe extrañar. Aquel 508 era un punto en el que convergían muchas historias. Las […]

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