Un río

by Julen

Es un juego eterno. El río es su agua y lo que captura de sus riberas. Los reflejos mimetizan las orillas y todo parece detenerse. Aunque el agua siga su curso no hay duda de que se remansa a su paso por aquí. Se detiene, observa, piensa. El río toma distancia de su devenir y juega a imaginar adormilado.

Los árboles van mudando de piel a medida que pasan las estaciones. Las hojas bajan despacio hasta el suelo y los troncos blanquean más contra un cielo gris y plomizo. Con esa suave oscuridad cada parte del ecosistema se reinterpreta. Hasta las piedras del puente perciben la diferencia. Frescor en verano, frío helador en invierno. Juncos, hierbas, árboles, roquedales, cielo, río y civilización.

Porque el progreso ha arrancado paseos civilizados a ambos lados. Nada de dejar que sea el río quien mande. Orillas domesticadas que humanizan el río entre paseantes que luchan contra sus excesos por recomendación médica. Tardes que avanzan y se diluyen en una nostalgia eterna. Uno hasta piensa en la muerte.

La vuelta del paseo te traslada a la otra margen. Todo igual, todo diferente. El mismo sitio que acoge aguas siempre diferentes. Pero tan iguales, tan impasibles al paso del tiempo, tan recurrentes. Ahora el pueblo (me resisto a pensarlo en términos de ciudad) se ve allá arriba, con la negra silueta de las iglesias recortadas contra el cielo.

Supongo que el río fue antes pero tal es la escala del tiempo que parecería que pueblo y ciudad nacieron a la vez.

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2 comentarios

Iván 10/12/2012 - 13:17

Esos parajes castellanos llenos de contrastes ayudan muchas veces a pensar y reflexionar. El agua fruta de la vida, tanto en tierra como en el ancho mar 🙂

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Ane 23/12/2012 - 10:30

Creo, Julen, que compartimos río y sensaciones ante su ‘domesticación’…

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