Desechos

by Julen

Oxido de hierro IDespués de todo el fragor, queda el desecho. Inútil y olvidado, hay que eliminarlo. Por la alcantarilla, con disimulo, por donde nadie pueda darse cuenta. Por allí se van los desechos, eso que ya nadie quiere. Lo que algún día alguien quiso y que hoy es parte de tus vergüenzas. Así que con disimulo, sin que se note, lo empujas por el precipicio del olvido.

En realidad parece que no hay alternativa. Atender a cada objeto y cada idea supone crear un mundo de excesos. Fijar objetivos es desechar otros. El desagüe debe ser amplio para que por él corra todo aquello a lo que te vas a negar. Claro que las ideas son más tercas y a veces no hay manera. No siempre es tan fácil deshacerse de los demonios.

Así que hay que construir un hermoso vertedero. Las brigadas de operarios se encargan cada noche de arrinconar lo inservible. Lo van aplastando. Capa a capa queda cada vez mejor prensado. Parte de ti desciende a los infiernos y queda enterrado bajo toneladas de desechos amigos. Sometidos a semejante presión, las ideas y los objetos se quedan sin aire y acaban por compartir destino. Adiós.

Pero hay quien se rebela contra esa lógica. Hurga, sondea, ajena a cualquier desaliento, sigue en la brecha. Llena de magulladuras, con arañazos en los brazos, continúa la búsqueda. Allá abajo hay tesoros. Entre los desechos las joyas esconden su brillo. No conviene llamar la atención en el vertedero emocional. Discreción.

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