El hombre de la guerra, de Ramiro Pinilla #NovelaNegra 82

by Julen

Ramiro Pinilla (1923-2014) fue Premio Nadal y finalista del Premio Planeta. Además, si vives, naciste o tienes alguna relación con Getxo es muy probable que te suene su nombre. Dedicó su trilogía Verdes Valles, colinas rojas a este municipio de la margen derecha del Nervión. Es una de sus obras más difundida. A mí, en particular, era la que más se sonaba. Además, desde 2017 el Ayuntamiento de Getxo creó los premios literarios «Ramiro Pinilla» de novela corta y el «Txiki Baskardo», de relatos escritos por escolares del pueblo. Vamos, que el hombre fue un personaje popular, aunque durante muchos años alejado de los circuitos tradicionales de distribución.

Por mi parte, he llegado a la novela que reseño en este artículo (como tantas otras veces) de la mano de la Tertulia Noir, ese lugar de encuentro para quienes viven con devoción el género negro en esta parte del sur de Islandia. Según se puede leer al final de la novela, publicada por Tusquets, en una muy interesante explicación de María Bengoa Lapatza-Gortazar, debió de escribirse entre 1972 y 1974:

En algunos capítulos el estilo es idéntico al de los cuentos de Primeras historias de la guerra interminable que vieron la luz en 1977; en otros, evoca a los de Recuerda, oh recuerda, publicados en 1975. Y es obvio que la escribió antes de la Democracia por la visión política que transmite y la lectura en clave que sugiere. La acción se sitúa en Getxo en unos pocos días de 1972 y la protagoniza un niño de la guerra exiliado en Londres que regresa treinta y seis años después a su tierra, a una casa invadida por las mujeres, el luto y amenazada por una orden de demolición.

A mí me ha resultado casi un juego leerla. Me ha durado poco más de un día. Y aunque en el párrafo anterior se habla de mujeres y sí que efectivamente cobran protagonismo, no hay que descartar a los hombres. En gran parte con la guerra como fondo permanente. La trama solo se explica por los condicionantes que impuso. Una anomalía que se intentaba soslayar de la mejor forma posible. A veces, de manera retorcida.

Creo que es de esas obra que hay que ubicar en un momento histórico muy determinado. Los personajes se retuercen alrededor de una historia que se va hilvanando capítulo a capítulo. El final, hasta cierto punto, era previsible. Las guerras, como ocurrió con la guerra civil española, proyectan una sombra muy alargada. Hay un momento en la novela en que se expresa con claridad: «Dime de una guerra que se haya acabado alguna vez». Y luego, claro está, la trama se recrea en los miedos, imaginados y reales:

El miedo no mata. Lo que mata es el miedo al miedo. Por eso lo mejor es tocar el miedo, y lo peor, tenerle miedo.

La imagen destacada es de Mikel Agirregabiria (cómo no, jejeje) en Flickr.

 

 

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