Desde dónde (no) trabajar

by Julen

La pandemia me hizo bastante más ermitaño de lo que era. Aquel confinamiento obligatorio a comienzos de marzo de 2020 hizo que diéramos un uso intensivo al despacho que teníamos en casa. En 2010 llevamos a cabo una reforma y nos quedó claro que uno de los espacios a los que queríamos sacar especial partido era precisamente a aquel «despacho». Dejamos que dos antiguas habitaciones fueran solo una, con dos mesas de trabajo, una gran biblioteca, un sofá ergonómico para las lecturas y otro más grande para, cuando apeteciera, tomar postura horizontal. Así que, claro, llegó el confinamiento y nos cogió con los deberes hechos. Bueno, no todos, porque por aquel entonces no teníamos bici de spinning en casa; algo de lo que ahora sí disponemos.

Cada mes de junio o a finales de mayo tenemos la costumbre de bajarnos hasta el levante, aquí junto al Mediterráneo, cerca de Alicante capital. Hace ya más de 30 años que venimos. Hemos visto cómo crecían las infraestructuras turísticas, cómo los apartamentos seguían avanzando hasta llegar a las salinas y cómo la arena de las playas avanzaba y retrocedía según los temporales. Vimos derribar el cine al aire libre y en su lugar construir nuevos apartamentos. Vimos cómo los establecimientos de primera línea de playa cambiaban: unos morían para dar paso a otros que buscaban su particular agosto. Negocios que iban y venían.

El caso es que pasamos por aquí entre 10 y 15 días. Es un tiempo en que sigo trabajando… más o menos. Una de las actividades que llevo a cabo es la tutorización de proyectos fin de grado y trabajos fin de máster. Muchos de ellos con la intención de defenderlos ante los tribunales en el mes de julio, que suele coincidir con la primera convocatoria oficial. Así pues, este es un momento crítico y tengo que seguir su evolución: no hay manera de olvidarse de ellos. Ni quiero ni debo. Luego, otros proyectos pueden condicionar este tiempo que hace mucho tiempo denominé de trabacaciones o travacaciones. Sí, la «b» o la «v» indican si pesa más el trabajo (con b) o las vacaciones (con v).

Por supuesto, aquí en Santa Pola no dispongo para trabajar de las comodidades que me acompañan en Bilbao. Eso sí, con los años, más o menos, ya me he organizado un puesto de trabajo de campaña aquí en nuestro pequeño apartamento. Es decir, mesa, silla, conexión de datos y un entorno más o menos agradable para trabajar. Porque a estas edades uno ya necesita sus rutinas para trabajar. Al menos para trabajar con cierta sensación de productividad.

Continúo, por tanto, con mis rutinas de madrugar para aprovechar las primeras horas del día. Sin embargo, el ritmo de lectura o de consulta de mis feeds a través de Feedly decrece mucho. De hecho, en estos días que llevamos aquí apenas si he twitteado nada a partir de lo que me va llegando de las suscripciones de los feeds. Y creo que este va a ser el único post que escriba esta semana. De vez en cuando me entra cierta sensación de ya te vale, pero enseguida me relajo y me digo: no, no estás a pleno rendimiento, estás de travacaciones.

Este post pretende dejar la puerta abierta a la reflexión: ¿el propio espacio de trabajo cotidiano influye —al menos en mi caso— en mi productividad? La respuesta es claramente que sí. No he sido capaz de desarrollar, ni de lejos, la flexibilidad suficiente como para que pueda trabajar en cualquier parte. Menos mal, ¿no? Porque, ¿creéis que deberíamos ser capaces de desarrollar esta habilidad? Cada vez que lo pienso, me reafirmo más en la idea: mejor que ni se nos pase por la cabeza.

El trabajo no debe tender a ocupar todo el espacio disponible. No es tanto que no pueda aparecer con pequeñas demandas casi a cualquier hora. Mi trabajo como consultor exige esta atención casi permanente. Pero me parece que es importante dejar claro que, como es lógico, las vacaciones son para no trabajar. ¿Trabajas en vacaciones? Mucho me temo que la respuesta, si somos personas sinceras, no es tan sencilla. Claro, depende de a qué te dediques.

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1 comentario

Iván 16/06/2022 - 07:15

Buenas reflexiones, Julen. A disfrutar por el Mediterráneo. Pronto tocará darle al pedal con una nueva RSS de Luarca a Lisboa. Qué dos grandes lugares, ambos ligados por cierto a mi vida 🙂

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