(7) El mapa de la transformación digital: sí, pasa por tecnología

by Julen

Supongo que es imposible no incluir un nodo relacionado con la tecnología cuando dibujas un mapa de la transformación digital. Es la culpable de que tengamos ahí en frente una transformación verdaderamente disruptiva. En el post anterior hablaba del enfoque constructivista, ese por el cual entenemos la tecnología como una construcción social. Es decir, más allá de las propiedades intrínsecas de los artefactos que los humanos somos capaces de crear, su adopción tiene que ver con intensos procesos sociales. A fin de cuentas, la tecnología (también) nos hace humanos.

Elegir de entre el tsunami de tecnologías digitales disponibles cuáles son las que hay que incorporar en una organización no es sencillo. Creo que en la actualidad podríamos hablar de un buen número de ellas que no admiten plan B. Sería difícil concebir una organización moderna sin dispositivos como los ordenadores y los smartphones, sin una conexión adecuada a Internet y una colección de aplicaciones que permita, en teoría, incrementar nuestra productividad hasta cotas increíbles. Simplemente por el hecho de pisar el planeta en 2020 ya convivimos con un conjunto de tecnologías que son, por así decirlo, las propias de nuestro tiempo. Es lo que nos toca vivir.

Pero, como decía, al margen de las tecnologías básicas, el bazar de lo digital está a rebosar de ofertas. Y no queda otra que tirar de asertividad porque necesitamos decir que no a muchas de las que nos llaman a la puerta. Tan importante es decir que sí como decir que no. Hay que elegir. Por supuesto, el sector en el que competimos nos determina una serie de reglas. Y no podemos olvidar, por otra parte, que podemos aprovechar la potencia del procesamiento de los datos para decidir cuáles serán las tecnologías que nos ayudarán a captarlos. La analítica masiva no tiene vuelta atrás.

Hace poco compartían conmigo un listado de software disponible en una empresa que me dejó boquiabierto. Cuando te pones a inventariar toda esa colección de aplicaciones es cuando caes en la cuenta del monstruo sobre el que vamos cabalgando. En la actualidad las tecnologías digitales, al hacerse transversales, recorren todos los procesos de la organización. No solo tienen que ver con el tratamiento de la información, sino que acaban por introducirse en el ADN.

No es raro que para intentar poner un poco de luz en toda esta enorme habitación, se contrate a alguna de las grandes consultoras (de las big four o de sus aledaños). Ande o no ande, ya se sabe, caballo grande. Supongo que la complejidad es tal que hay que colocar muchas horas y, de paso, muchos ceros en los presupuestos, para salir del paso. Las tecnologías conviven en un totum revolutum, en diferentes estadios de desarrollo y bajo un suelo en el que los seísmos son constantes.

La tecnología nace, crece, se desarrolla y luego se estanca o muere. Nada mejor que el ciclo hype de Gartner para darle su carta de naturaleza fundamental. Siempre pasa por un llamado pico de sobreexpectación. Parece imposible que las tecnologías no nos vendan la panacea para resolver cualquier tipo de problema al que nos enfrentemos. Ese bombo que las caracteriza forma parte del circo mediático: el tecnologicismo, una especie de fe en que serán ellas las que nos aseguren el progreso constante, se ha instaurado en nuestro imaginario. Por eso siempre reclamamos una postura crítica ante la adopción de tecnologías. No quiere decir que las rehuyamos, pero no podemos aceptarlas sin más, porque, insistimos, la tecnología es ideología.

Cada año esperamos la publicación del ciclo hype de Gartner como parte de la programación tecnológica actual. En la temporada 2020 no es de extrañar que el pico lo hayan colocado en las social distance technologies. Pero, al margen de semejante perogrullada, más que las tecnologías en concreto nos interesa pensar en la curva en sí del hype. Se promete demasiado y luego comienza la caída a los infiernos. Quizá una de las claves sea moderar las expectativas. Tengo un amigo a quien le escuché eso de que en las tecnologías hay que estar a la penúltima y no a la última. Siempre me ha parecido un consejo muy sabio. Esto no obvia para que lead users y early adopters jueguen su papel y se lancen a por la última novedad. Pero si de mí dependiera la decisión, creo que es mejor cierta prudencia.

Hacer un mapa específico de las tecnologías a emplear en una organización de nuestro tiempo es una labor indispensable. Por qué usarlas, cuál es el valor añadido que nos deben aportar y cómo vamos a monitorizar esta aportación de valor es una obligación. Entramos, por tanto, en un mundo de especialización donde cada cual va a querer gritar más alto que su tecnología es la mejor. Prepárate para el vocerío. Un buen comité TEIC tiene que tender a la multidisciplinariedad porque aquí nadie sabe de todo. Debe hacer vigilancia tecnológica y debe tener en cuenta aspectos éticos vinculados a su gobernanza y al impacto social y medioambiental que genera su uso.

En fin, nadie dijo que fuera fácil. Hoy las TEIC tienen que que entremezclarse con la esencia del negocio (en el mejor de sus sentidos, este término). No queda otra: tan sencillo de decir, tan complicado de llevar a la práctica.

Posts anteriores publicados de la serie sobre el mapa de la transformación digital:

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1 comentario

(1) Un mapa de la transformación digital – Consultoría artesana en red 14/03/2022 - 07:43

[…] El mapa de la transformación digital: sí, pasa por tecnología […]

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