Masculinidad y riesgo empresarial

by Julen

Tengo la impresión de que el prototipo empresarial de éxito continúa asociándose demasiado a la ambición. Parecería que hace falta una pulsión interior que te lleve a la búsqueda de retos, a una constante necesidad de superación que, en el caso de la empresa, se transforma en un éxito reconocido por la pasta y el prestigio social. También es cierto que a esos tradicionales ingredientes, los tiempos modernos le han sumado la diversión, el desenfado, el búscate la vida que todo anda muy jodido, el sé quien construye tu propio futuro, blablablá. De autoayuda está este mundo lleno.

Según parece, en tiempos inmemoriales había que salir en busca de comida, caza que te caza animales. Pues bien, hoy un pertinaz hilo conductor sigue manteniendo ese modelo. La empresa se convierte en el medio mediante el que demostrar que yo la tengo más grande. Hay un poso de relato épico que resiste el paso de los tiempos. Las cosas son difíciles, el enemigo -la competencia- está ahí fuera y tenemos que ir a por ellos. Hordas de hooligans futboleros reconducidos hacia la consecución del éxito empresarial.

Y en todo lo anterior, la ambición y el poder se entremezclan con el dinero. Puede que no tanto en sí mismo, sino por lo que proyecta de éxito social. Aquí el sector de la construcción y la política parecen haberse unido para facilitar las cosas del pecunio fácil. Pero ya llegarán nuevas oportunidades, aunque ahora pasemos por un momento de asistir a imputaciones y de ver en la televisión a gente gritando ¡chorizos! a las puertas de los juzgados.

Sin embargo, al margen de estas desmesuras, el modelo de éxito empresarial en voga pasa por una profusa utilización de términos como reto, objetivos, esfuerzo, garra o ambición. En definitiva, con perdón, cojones. A ver cuándo llaman a las cosas por su nombre: hay que echarle cojones.

Dolors Reig me ha puesto sobre la pista de esta mujer islandesa, Halla Tomasdottir, que explica algunas cosas interesantes en este video de TED: una respuesta femenina a la crisis financiera islandesa. Dice Halla que en las cosas del dinero, hablemos de Islandia, Londrés o Nueva York, en general la estadística no engaña: allá arriba hay sobre todo hombres. Y al decir «hombres» vamos a traducirlo por «falta de diversidad». ¿Se entiende mejor así y lo aceptamos más tranquilos?

Si las empresas fueran más femeninas, ganaríamos en diversidad. No digo «femeninas» sino que digo  «más femeninas» porque a nadie se le pasa que hoy en día la testosterona es abrumadora mayoría en los círculos de poder empresarial. Halla dice que ellas en Islandia, al poner en marcha una empresa de servicios financieros querían jugar con sus valores femeninos, más orientados a la sostenibilidad que a la consecución de grandes gestas heroicas.

Repaso los valores a los se hace alusión en el video porque creo que merece la pena. Dolors también los comenta en su post. Se alude a ellos como la causa del éxito (en su web hay un quinto, la independencia):

  • Conciencia del riesgo. Lo que supone no meterte allí donde no tienes idea de qué va el asunto.
  • Hablar claro. Julen, aplícate el cuento, que aquí hay una gran bolsa de mejora. Esta es una de las cruces del management: más de la mitad de lo que decimos la gente normal no lo entiende.
  • Capital emocional. Bueno, esto es un poco jerga, pero le admitimos a Halla los palabros porque nos quiere decir, en el fondo, que llorar también es de chicos.
  • Ganancias con principios. O sea, que no vale mirar solo el beneficio sino que hay que saber también cómo se ha producido.

Escuchando a esta mujer me vienen enseguida a la cabeza las reflexiones que Arie de Geus escribía en el capítulo «Conservadurismo en las finanzas» de su libro La empresa viviente:

Una empresa sobreviviente en el largo plazo, en resumen, no define su vida en términos económicos, sino en términos de su propia evolución: el desarrollo de la entidad en su conjunto, incluyendo toda la gente que ha adherido al contrato implícito, de modo que ambos son parte respectiva de la identidad del otro.

Y en otro párrafo dice también algo que parece profético mirando la crisis actual. Se refiere a los accionistas, a quienes poseen el capital. El subrayado es mío:

La compañía debe permanecer en armonía con todos ellos. Pero los mismos no son miembros. No son parte de la persona de la compañía. Obedecerlos puede no ser necesariamente lo mejor para los intereses de la empresa.

Y es que, en fondo la sostenibilidad es un valor que debería inducirnos a correr quizá menos riesgos. Pero esto no vende en la escena actual de innovación disruptiva y océanos azules. El mundo parece ser de quienes lo conquistan. Y no, no me gusta esta literatura épica. Para nada.

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16 comentarios

J.G. del Sol 10/01/2012 - 08:40

(Por Tutatis: ‘boga’).
Eres un sexista,asumes que sólo las mujeres pueden ‘empresear’ conservadora y sosteniblemente,y que todo empresario por ser hombre es un depredador económico.En mi opinión lo mismo que has dicho se puede expresar sin acudir al estándar-políticamente-correcto discurso de género:la jungla empresarial crece a medida que disminuye el carácter e idea de servicio al prójimo que supone toda actividad económica.Basta ya de sobreproteger al género femenino,son tan capaces de lo bueno y malo como nosotros,y meter en consejos de administración volcados en los mismos vicios actuales a más mujeres sólo sería ‘justo’ estadísticamente hablando.No caigamos en el buenismo,la depredación y la competitividad se aprenden,y la mitad (en muchos casos más) de nuestro aprendizaje nos viene de mujeres.

Por lo demás,de acuerdo en que se necesita un ‘espíritu empresarial’ diferente.Quizá haya que empezar educando igual a niñas y a niños,pero sin nada de ‘emprendizajemientos’…Cambiemos los valores y la igualdad será una consecuencia,no un parche agujereado.

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Julen 10/01/2012 - 09:27

Señor del Sol, la estadística es la estadística. Si no quiere usted ver en la diversidad de género un valor, allá usted. Yo solo digo aporto un dato: «la testosterona es abrumadora mayoría en los círculos de poder empresarial».
A partir de ahí, hay dos reflexiones: una de fondo y otra… también de fondo. La primera es que cuando no hay diversidad de género, perdemos una visión que complementa y enriquece. La segunda es que el modelo imperante de empresario -hoy llamado emprendedor, que mola más- echa mano de la literatura épica.
¿Es casualidad? Me temo que es de hombría eso de vencer retos. Que tengas en estima tu cobardía no mola entre hombretones como dios manda.
¿No crees que tienes muchos datos en contra cuando dices eso de que «basta ya de sobreproteger al género femenino»? Lo digo porque, según parece, la sobreprotección funciona bastante mal en muchos campos, sea la violencia que sufren en el entorno doméstico de parte de sus parejas hombres o la discriminación en salario, por citar dos ejemplos.
La igualdad como consecuencia es una táctica muy interesante cuando no eres la parte que sufre la desigualdad. Sobre todo porque el problema tú y yo no lo tenemos a corto plazo. En cambio, ellas sí. Quizá sea una cuestión de moverse en paralelo, tanto sobre los antecedentes como esperando consecuencias. Pero, insisto, si sufrieras discriminación seguro que te mosqueabas con sistemas que esperan a que el problema se solucione como consecuencia.
Ale, que venga bonita la mañana. Hay que ver lo bien que lo pasamos discutiendo 😉

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J. G. del Sol 10/01/2012 - 09:37

No me gustan los discursos grupales,y el sexista lo es. Me refiero a la sobreprotección en ese discurso que agrupa a todas las mujeres en su género y a todos los hombres en el suyo. Me parece parcial y falso. No veo relación entre no emplear ese discurso y la violencia machista.Y sí, ese discurso en que de pronto todas las mujeres son buenas y todos los hombres malos,por el simple hecho de sus genes, es sobreprotector y niega importantes facetas de la realidad.Yo no he dicho que no quiera más mujeres en los consejos de administración. En realidad lo que querría,como te dije en otro post, es que no hubiera consejos de administración en absoluto.¿Para qué quieres más mujeres en puestos de poder que cometan los mismos abusos que los hombres?Aunque quizás sea la única forma de hacer ver lo erróneo del discurso de género…

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J. G. del Sol 10/01/2012 - 09:45

Contraejemplos de que la diversidad por la diversidad no sirve para nada: empresa España, 40% de mujeres (creo) en su «consejo de administración» actual.Más que en las empresas del IBEX. ¿Acaso van a tener valores más sostenibles por tener más mujeres?O en el anterior consejo de administración. logro insólito de aumento de 3 millones de parados, y era mucho más diverso… (¿Igual es que la diversidad no influye realmente?). Al revés, empresas sociales.¿Es que son menos sociales o sostenibles en su actividad si las dirigen hombres?

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Julen 10/01/2012 - 10:35

> No me gustan los discursos grupales,y el sexista lo es.

Mejor vamos con individuos, uno a uno, pero el caso es que hay agrupaciones que nos ayudan a tomar decisiones y son también necesarias: tramos de edad, personas enfermas/sanas, gente de un barrio, Aprendices, gente que bloguea, personas que trabajan en labores de soporte a usuarios… Importa no tener «solo» esta visión, pero también hace falta para algunas cosas.

> de pronto todas las mujeres son buenas y todos los hombres malos

No es el caso. Ahí prefiero manejarme con estadística. «Todas» y «todos» es una simplificación excesiva. El ejemplo que me vale: ¿cuántas mujeres agreden o matan a sus parejas hombres? Derivado de los datos es evidente que hay enfoque de género que es necesario aplicar, ¿no estás de acuerdo?

> ¿Para qué quieres más mujeres en puestos de poder que cometan los mismos abusos que los hombres?

El «sistema» lo puedes cambiar desde dentro, dentro fuera, de forma combinada o con una bomba de neutrones. La diversidad de género incrementa las probabilidades de disponer de una perspectiva más amplia en la toma de decisiones. ¿Mejor? No uses si quieres esta palabra, pero acepta que será más amplia. Por supuesto si el modelo de selección de la mujer para esos puestos es el de toda aquella que se parezca a John Wayne, entonces me callo 😉

> contraejemplos

Por supuesto que los vas a encontrar, pero tenemos que mirar a las estadísticas.

> empresas sociales.¿Es que son menos sociales o sostenibles en su actividad si las dirigen hombres?

De nuevo creo que te ciegas con un argumento que te confunde. Si «solo» fueran hombres o si estos fueran una abrumadora mayoría entonces tendríamos un problema: les falta la diversidad que proviene del género. Y con más diversidad de género visión más amplia y probablemente mejores decisiones.

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J. G. del Sol 10/01/2012 - 11:30

Y venga… Que no estoy en contra,lo que no me gusta es el discurso en sí. Y repito,te adhieres a una concepción de masculinidad… que quizá te expulsa de la misma hasta a ti mismo… Si sólo vamos a cuotas, sin pensar también en cambio de valores, no solucionamos nada. ¿En serio crees que las mujeres formadas profesionalmente en escuelas de negocio van a tomar decisiones muy distintas ante situaciones similares que las de sus compañeros?Individualmente no se consigue igualdad primando a uno sobre otro por su género,sino tratando a todos por igual.¿Cuánto lleva Europa tratando de mejorar la situación de la mujer a base de cuotas y discursos reduccionistas de pensamiento? 60 muertas en 2011, sólo en España.La culpa será de los que no usamos el castellano políticamente correcto.

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J. G. del Sol 10/01/2012 - 12:54

(Mi última frase iba con [modo cínico], pero wordpress se ha comido ese «html»).

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maria 10/01/2012 - 09:22

Eskerrik asko Julen! Este vídeo + post van a ser un básico de mis favoritos. Como para revisarlo todos los días y refrescar principios básicos que el entorno se esfuerza en hacernos olvidar.
Por cierto, hablamos de la falta de diversidad en las cúpulas directivas financieras pero, ¿alguien se anima a extrapolarlo a los consejos de dirección de las empresas vascas? Sean cooperativas o no, la falta de diversidad brilla por su ausencia.
Parece que llega nuestro momento 😉

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Julen 10/01/2012 - 09:31

Hola, María.
No hay que irse muy lejos para que la estadística te haga bajar a la realidad. Incluso en nuestro ámbito de investigación de empresa abierta nos pasa lo mismo: nos movemos en territorio sobre todo de hombres. Es la realidad y mucha gente (incluyendo a la que tengo más cerca) no comparten esta visión de que hay un problema cuando no tenemos diversidad de género.
Así que seguiré dando la tabarra con esto. Me llamaran palizas, pero mientras tenga la estadística tristemente de mi lado…
Disfruta del día.

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Isabel 10/01/2012 - 13:47

… vamos a traducirlo por “falta de diversidad”

Perfecta Julen!. La copio. Me voy con el vídeo 🙂

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IZAZKUN 10/01/2012 - 14:23

Egun on Julen, estimulante conversación mañanera. Estoy contigo en que mucha gente se mueve entre la inconsciencia de la desigualdad y el espejismo de la igualdad (con el correspondiente peligro de la inmovilidad) Sobra insistir en lo evidente: que la violencia se ceba en las mujeres, igual que la pobreza, la precariedad laboral, la explotación… y encima da igual el país, el sistema… la no-equidad de género es una evidencia tristemente globalizada. También es evidente que no se trata de juzgar el sexo sino los comportamientos y las actitudes y ahí podríamos empezar reconociendo que lo masculino y lo femenino no son patrimonio exclusivo de hombres y mujeres respectivamente.

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IZAZKUN 10/01/2012 - 14:26

No puedo evitar opinar sobre eso de que “individualmente no se consigue igualdad primando a uno sobre otro por su género, sino tratando a todos por igual” Ya, pero… eso de tratar por igual, ¿cuándo empieza? y ¿hasta dónde llega el foco? Pongo un ejemplo al hilo de la conversación: las empresas suelen afirmar que no discriminan por razón de sexo al incorporar o promocionar personas al tiempo que defienden jornadas laborales interminables. Por las estadísticas sabemos que la responsabilidad SOCIAL del cuidado de las personas dependientes (criaturas, mayores) recae mayoritariamente sobre un 50% de la población (las mujeres) así que de momento, como colectivo, las mujeres no estamos en igualdad de condiciones para acceder o promocionar en esas empresas mientras las reglas de juego se mantengan. Otro tema es que además, nos neguemos a entrar en ese juego de hombres con reglas de hombres, osea, a vivir como si el trabajo pagado fuera de casa sea el eje sobre el que tiene que pivotar la vida.

¿Que la presencia de mujeres en el poder no es garantía de avance? Quien sabe, aunque solo sea por alternar, podríamos arriesgarnos a feminizarlo y seguro, nos sorprenderíamos con los resultados.

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J. G. del Sol 13/01/2012 - 14:28

Pienso que ni es garantía de avance para la empresa… ni para las mujeres. No hablo de cambiar los valores sólo en la empresa, sino en todo. Al menos tú has ido a una causa objetiva, la conciliación (o algo equivalente, el momento de comenzar / abandonar la propia carrera). Porque implicar a los padres en la crianza no es algo que se haga en la empresa, ¿verdad? (Ayudará o más generalmente evitará, pero es algo «social», no «empresarial»).

Hoy mismo en otro post Julen escribe sobre otro tema que «si las cuentas no cuadran…», bueno, apliquemos eso a este problema. ¿Qué más da quién lleve la empresa, hombre o mujer, si formados ambos en la misma escuela de negocios van a hacerlo todo parecido y llegará un momento en que las cuentas no cuadren y haya que mandar a 20 a la calle? ¿Alguien piensa que una mujer lo evitará «por ser mujer»? ¿O incluso que por ser mujer su dirección será muy distinta de la que haga un hombre si los problemas y relaciones con otros agentes a los que se enfrente serán parecidos?

Quizá cuando las empresas dejen de «necesitar» ganar cada día «más» que el anterior, todos, hombres y mujeres puedan sosegarse, llevarlas más tranquilamente, mezclarse en igualdad en todas las escalas -o igual hasta deja de haber «escalas», que es mi mantra últimamente- y de paso evitarnos a todos burbujas económicas. ¿Alguien ve a las señoras Koplowitz aplicando ese sosiego en sus empresas?

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Julen 12/01/2012 - 05:25

Estoy totalmente de acuerdo en que hay un primer paso fundamental: la toma de conciencia. Para mí esta es la clave en la mayor parte de las ocasiones: hacer evidente lo que mucha gente no ve. Y hay que insistir una y mil veces.
Después entramos en cómo la economía se ha hecho dueña de nuestras vidas y muchos ámbitos quedan relegados a su dictado. Ahí viene otro problema. La «flexibilidad» laboral en muchas ocasiones es una subordinación al trabajo.
En fin, nos seguiremos leyendo porque yo, al menos, continuaré erre que erre 😉

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