Lo normal: otro muerto en la Titan Desert

by Julen

La lógica es aplastante: cuantas más gente y cuanto más dura sea la prueba, más probabilidad de que alguien caiga en el intento. Caer es morir. Y ha vuelto a pasar en la Titan Desert de este año. Porque ya pasó antes, en la Titan de 2019. No es algo que deba sorprendernos. El año pasado ocurrió, por ejemplo, también en la última edición de la Behobia – San Sebastián. En este caso, la organización ya se explicó y dijo que la estadística está de su lado, que 1 de cada 160.000 inscritos había muerto, menos de lo que sucede en la vida normal. No sé cómo será la estadística de la Titan, pero no podrá manejar estas cifras: dos muertos (creo que no ha habido más) en 17 ediciones elevan la media. ¿Peligrosamente?

Es evidente que la cultura de lo extreme lleva años instalada en nuestra sociedad. El mantra de hasta dónde puedes llegar si te lo propones vende. Nos (auto)construimos nuestro propio relato de superación porque es lo que mola. Y ahí el límite se nos empieza a escapar de las manos. Pruebas más largas, pruebas más duras, pruebas de más riesgo, pruebas para héroes. Porque eso es lo que se proyecta: ¿no quieres ser tu propio héroe? Ven hasta aquí, inscríbete y conoce tus límites. Eso sí, si los superas, lo mismo no lo cuentas dos veces. Perdón por la frivolidad.

El espectáculo nos consume. Pero el espectáculo nos da vida, nos genera dopamina a cántaros. Es pura estimulación, placer, motivación, capacidad para aprender a partir de una experiencia única. Así que allá nos vamos, en busca de una autorrealización que tiene trampa, porque siempre pide otra más. Por supuesto, otra más dura, de mayor riesgo y que me haga más hombre (sobre todo, aunque también más mujer, si bien en mucha menor proporción). Un ciclista muere de un fallo cardiaco. ¿No conocía su límite?, ¿no conocía quizá sus problemas físicos previos? El caso es que la Titan le sirvió para traspasarlos.

La muerte del ciclista Fernando Civera en 2019 ya abrió el debate. Josep Betalú, que había ganado las tres últimas ediciones y también lo haría en la de aquel 2019, decía que era responsabilidad del ciclista, que la «prueba estaba bien». El problema era de quien acudía sin la preparación adecuada a la prueba. Sí, la decisión es de cada cual, pero la «máquina del fango», que diría Umberto Eco, puede entrar en acción. ¿Todos los ciclistas, si les sucede algo, son sospechosos de no haberse preparado bien? ¿Es así de simple? ¿O hay que tener en cuenta la manera en que se presenta hoy una prueba así? Porque precisamente de lo que estamos hablando es de límites y cuando juegas cerca de la frontera, a veces caes.

Sé que hay quien juega con una contraargumentación interesante: ¿no es mejor morir así, que no sentado en un sofá con el colesterol por las nubes mientras veías la tele comiendo cualquier mierda envasada en un paquete de plástico? No es mala reflexión a la que conduce. ¿Cómo quieres vivir?, ¿cómo te gustaría morir?

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