15 citas de Sócrates en bicicleta, de Guillaume Martin

by Julen

Quizá te extrañe que por esta sección de citas extraídas de sesudos ensayos de sociología o de la (supuesta) ciencia del management aterrice un libro de un ciclista profesional. El caso de Guillaume Martin, actual corredor del pelotón profesional enrolado en las filas del Cofidis, saltó a la fama hace ya un par de temporadas o tres. Claro, no es normal. El ciclismo, como otros deportes, exhibe en su nivel profesional y de élite a muchos personajes que no han podido cultivar su faceta intelectual (por decirlo de alguna manera). La prioridad está donde está y el tiempo se dedica a recortarle segundos al cronómetro. A fin de cuentas de eso viven los profesionales del ciclismo, no de ensayos filosóficos. Pues en estas estábamos, cuando llegó Guillaume Martin.

Libros de Ruta, ese fantástico proyecto editorial de Eneko Garate, nos ha rescatado Sócrates en bicicleta, traducido por otro insigne, Marcos Pereda. Me permito copiar/pegar un texto de la contraportada:

Imaginemos a Sócrates, Aristóteles, Nietzsche, Pascal u otros filósofos en la línea de salida de una gran carrera. Sigamos su preparación hacia el Tour de Francia, la prueba ciclista más prestigiosa del mundo a la que han sido invitados. Compartamos sus preguntas, dudas, discusiones. Reflexionemos a su lado. Pedaleemos con estos divertidos deportistas, estos filósofos-ciclistas, estos ciclósofos, como les llama Guillaume Martin. Se dice que están dotados de una poción mágica: su inteligencia. ¿Podrán así conquistar el codiciado maillot amarillo?

Pues con esta presentación, os dejo con quince citas extraídas del libro (los subrayados son míos). Ahí os las apañéis con vuestras interpretaciones 😉

¡Por supuesto que a veces pensamos sobre la bicicleta! No hay un momento ni un lugar para esta actividad. El pensamiento irriga todas las cosas. Diría incluso más. La bicicleta ayuda a pensar. Flaubert decía que «no podemos pensar si no estamos sentados». Nietzsche se oponía a esto, afirmando que «solo los pensamientos que tenemos en movimiento valen algo». Bueno, la bicicleta reconcilia a Nietzsche y Flaubert al reunir ambas condiciones: ¡estamos a la vez sentados y en movimiento cuando pedaleamos! Así que, para filosofar, ¡monten en bici!

El ciclósofo no ha dejado que se le note por teléfono, pero cuando cuelga está un poco febril: sabe que lo va a pasar mal. El mundo se divide en dos clases de ciclistas: los que van retrasando todo lo que pueden el momento de subirse a la bici para prepararse mentalmente de cara a la sesión (al sufrimiento), en una forma trabajada de procastinación; y los que se van sin esperar.

Hoy en día la división entre materia y espíritu ya no solo opera dentro del individuo particular, sino que se ha extendido a la estructura social. La hiperespecialización de perfiles ha dividido a la comunidad en clases «manuales» e «intelectuales». Algunos miembros de la sociedad son solo cuerpos, otros son solo mentes. De un lado los actores necesarios, del otro los espectadores que contemplan…

Filósofos y atletas, sin embargo, se equivocan al ignorarse mutuamente, porque en realidad están interesados en lo mismo: lo que los humanos quieren y pueden hacer.

La esencia de la competición no es unir, sino oponerse. ¿Por qué deberíamos avergonzarnos de admitir que el deporte es una lucha en la que se trata de derrotar al adversario? Es mejor que nuestros impulsos animales se sublimen en el marco institucionalizado de la competición en lugar de encadenarse y luego liberarse de manera anárquica en otro lugar.

Filosofar es aprender a emanciparse. Mis pedaladas me pertenecen.

Entrenar es fatigar el cuerpo, disminuir sus reservas, para que más tarde, durante el tiempo de recuperación, pueda reponerlas (más un pequeño excedente, por si acaso). Los deportistas conocen este famoso mecanismo por el nombre de sobrecompensación. ¡Ahora sabrán que Nietzsche es su teórico oculto!

¡Todo está permitido, en efecto! Si todo es vacío y falto de razón, entonces depende de nosotros, los humanos, llenar ese vacío y darle sentido. Hemos derrocado a Dios. Debemos encontrar la manera de reemplazarlo. Debemos inventar nuevos juegos sagrados. Es por eso que participo en el Tour. Porque, verá, la competición es mi nuevo absoluto, un absoluto que he elegido. Pero basta de lirismo, necesito entrenar. Le dejo. Y recuerde, cicloturista: es bueno continuar  por la pendiente, ¡siempre que sea cuesta arriba!

¿Por qué quise escribir Sócrates en bicicleta? Para jugar, nada más. Ya es mucho.

Ya sabes, Thierry, que la contrarreloj es una prueba en la que tú eres tu propio adversario. Así que lo importante es conocerse bien a sí mismo.

«Todo debe ser lo más simple posible». Esa frase me volvió ayer cuando escuché a Russell explicar en una entrevista después de la carrera que si había ganado fue gracias al consejo de su entrenador, una tal Guillermo de Ockham. […] ¿Por qué hacer las cosas complicadas cuando puedes hacerlas simples?

Por «duración» me refiero al tiempo sentido, el tiempo de la conciencia, en contraposición al tiempo objetivo, el del reloj, el de los científicos. Este último es incomprimible e inextensible, mientras que la «duración» es una sensación de la persona que la experimenta. Por ejemplo, una etapa en una llanura perezosa y una emocionante etapa en montaña pueden tener el mismo tiempo, pero tienen una duración diferente.

El equipo griego ha colocado a Aritóteles en la escapada inicial. Ese era el plan: poner un hombre delante que eventualmente pudiera servir de ayuda para Sócrates en una segunda fase. La improvisación se prepara…

El Tour hace su entrada en los Pirineos. El tiempo de la medición, el control y el cálculo ha pasado, es momento para el riesgo y el exceso. El de los héroes zoroástricos, el de los escaladores con pies desatados. El de Dioniso. Es la hora de Nietzsche.

Otros pueden no ser religiosos, pero adoptan todas las características de quienes lo son. Tienen su ritual sagrado: última consulta del Libro Santo (el libro de ruta) una hora antes de la salida; rápido refrigerio unos minutos después (café y pastelito energético, como si fuera una eucaristía); más tarde llega el momento de ponerse el hábito ceremonial (culotte y maillot con imperdibles en sus dos dorsales). No olvides los calcetines de la suerte, con los que ganaste hace un par de años, y que llevas desde entonces en todas las carreras importantes. Prueba el pinganillo (está bien, los corredores escuchan la voz). Finalmente, veinte minutos antes del comienzo, llega el instante litúrgico de la unción de aceite en piernas (un acto cuya utilidad nadie conoce realmente y cuya importancia se debe, sin duda, al misterio que rodea su función).

Imagen de Hans-Peter Dorn en Pixabay.

Artículos relacionados

3 comentarios

Colaboramos en Bizikletan / Andar en Bici – Consultoría artesana en red 09/09/2021 - 07:04

[…] sabe, a lo mejor algún día pasa por la revista Guillaume Martin y nos explica su punto de vista ciclósofo, aunque lo suyo sea la licra, las piernas depiladas y los […]

Responder
20 citas de La sociedad del pelotón, de Guillaume Martin – Consultoría artesana en red 29/06/2022 - 06:43

[…] libro de Guillaume Martin, Sócrates en bicicleta, me gustó y dejamos constancia de ello con una colección de 15 citas en este blog, vamos ahora con su segundo libro, La sociedad del pelotón. Publicado, como el anterior, por la […]

Responder
Una investigación filosófica, de Philip Kerr #NovelaNegra 60 – Consultoría artesana en red 08/11/2022 - 05:31

[…] con tu moralidad a cuestas, qué te parece su decisión. Filosofía y serial killer. Lo mismo que filosofía y ciclismo, ¿no? […]

Responder

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.