El placer de la segunda lectura

by Julen

Hardcover book gutter and pagesUn libro es más libro con la segunda lectura. La primera lleva un subrayado a lápiz que en parte juega con mi estado de ánimo. Claro que hay momentos y momentos y eso repercute en qué subrayo y qué no. La lógica del contenido se enreda con el capricho de mi atención. Pero luego, con la segunda lectura, el asunto es diferente.

La segunda lectura solo repasa el subrayado del lápiz. Eso sí, también puede adentrarse en zonas limítrofes, pero en general va al grano. A captar la esencia y a evocar. Paradoja. El «grano» que no es paja, se autoasigna su clásica función de sembrar. Siembra una colección de ideas que viajan por caminos desconocidos entre mis neuronas. Van rebotando aquí y allá y acaban por componer su propio discurso.

Así que ahora, una vez terminado por fin, comienza esa segunda lectura de Juntos, el libro de Sennett. Aunque he de decir que la llevo en paralelo con Las buenas ideas, ese librito de Steven Johnson donde analiza cómo son los intrincados caminos de la innovación y la creatividad. En un giro recursivo, me permito extraer, para mayor lío general, un párrafo donde Johnson recoge del historiador Robert Darnton esta cita:

Al contrario de los lectores modernos, que siguen el flujo de una narración desde el principio hasta el fin, los primeros caballeros ingleses de la modernidad leían a impulsos o arrebatos, y saltaban de un libro a otro. Dividían los textos en fragmentos y los volvían a juntar con otros criterios, transcribiéndolos en distintas secciones de sus cuadernos. Luego releían lo copiado y volvían a organizar los criterios añadiendo más extractos. Releer y escribir eran por entonces actividades inseparables. Ambas formaban parte de un esfuerzo continuado por encontrarle sentido a las cosas, ya que el mundo estaba lleno de señales: uno podía abrirse camino por él con sus lecturas y, si llevaba un recuento de lo que leía, creaba entonces un libro, impreso con su propia personalidad.

En este giro nos adentramos. Vamos navegando por los extractos, con la atención fija y dispersa, con la mirada focal y el pensamiento divergente. Aquí y allá. Dentro y fuera. Jugando con las fronteras del pensamiento, trasgrediendo normas y reinventándolas. Procedamos.

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2 comentarios

Iván 06/02/2013 - 19:52

El acto de subrayar es algo que creo nos ayuda mucho a ordenar ideas. En mi caso suelo subrayar también primero a lápiz y luego le paso en color, normalmente en verde fluoresecente. Todo ese ritual y hábito es algo que me facilita esa segunda lectura y combinar como dices pensamientos y reflexiones sobre el tema del libro. Incluso a veces cuando saco libros de la biblioteca se me hace extraño eso de no poder subrayar, así que me debo conformar con tomar notas en la libreta o los sempiternos postis 🙂

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Julen 15/02/2013 - 08:29

Y yo que sigo sin acostumbrar al e-book, ¡vaya carcamal estoy hecho! 🙂

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