06 Viernes Santo en Guadalupe #Transtoledana #MTB

by Julen

Hoy no hay Strava. O sea, toca jornada de descanso. Vale, a la fuerza, pero jornada de descanso. O quizá no tanto. En mis primeras travesías en bici de monte casi siempre metía jornadas de descanso. Creo que para próximos proyectos cicloturistas voy a recuperar la tradición.

¿Adivinas que pasó por la tarde en Guadalupe? Pues que a eso de las seis de la tarde, con esa sensación de que el pueblo empezaba a estar ya petado, el cielo volvió a desplomarse en forma de diluvio casi ininterrumpido hasta… ni idea cuándo porque a las doce la noche la fiesta continuaba. En la recepción de la hospedería se me ocurrió pedir un paraguas (como habíamos hecho el día anterior) y la chica que atendía me soltó un «no tenemos paraguas» y anda con ojo que te suelto un soplamocos. Esa sensación me dio. La típica amabilidad que uno espera de alguien que trabaja en recepción. Nada que ver, por cierto, con un compañero suyo, todo amabilidad.

Pues nada, como llover, lo que se dice llover, llovía, me metí en un bar de la plaza. El más cutre, porque los demás vivían entre multitudes y sin hueco aparente para un humano más. Era también hostal. Una señora busca habitación de matrimonio. Va a ser que no. Completo. Complet. Full. Ni una puta cama. Con permiso de Booking, que nosotros no tenemos acceso a la aplicación y el dueño no está. La confianza de toda la vida. Pues ya vuelvo luego. Lo sentimos, señora. Educación que no falte. Cutre, pero lo mismo hasta me dejan un paraguas si les pido. Eh, sin pasarse. Se viene Alberto al cutrebar y nos acercamos a la encantadora plaza de Los Tres Chorros.

En un giro fantástico del guionista, los tres chorros se convierten en trescientos. Veo llover como pocas veces he visto. Los canalones de las casas escupen agua, que cae en chorros estrepitosos contra el suelo empedrado. Cobijados en los soportales, esperamos a que amaine. ¿Soportales? Ya sabían los lugareños cómo se ponen de feas las cosas por aquí. Una buena ayuda para resguardarse del frío y la lluvia. Parece que Guadalupe batió ayer algún que otro registro de precipitación. Ahí estábamos nosotros para contarlo.

Decidimos ir a cenar en plan bien. Puessss, ni fu ni fa. Una parrillada de verduritas digna y luego, en mi caso, unas «extrañas» carrilleras en una salsa de ciruelas que, para mi gusto, estaban muy duras. Claro que las comparo con las de mi madre y ahí siempre van a salir perdiendo. Y perdiendo de largo. Además, tuvimos nuestra pelea con los camareros porque entraba una molesta corriente de aire de vez en cuando desde el patio. Menos mal que de postre un pudding de castañas lo medioarregló todo. Y así pasaron de manos 75 euros.

Vale, había que volver a la hospedería. División de opiniones en el coso. Alberto se subió y yo me quedé esperando en un bar a ver si paraba de llover. Y esperé. Y esperé. Y seguí esperando. Venga, me pongo mientras tanto con asuntos cicloturistas.

Viernes Santo en Guadalupe. En su día ya pasé por aquí en bici recorriendo la Cicloextremeña, una iniciativa fantástica y de lo más recomendable. Recuerdo perfectamente mi particular calvario en aquella etapa tras dejar atrás el pueblo. Curiosas casualidades climatológicas. Os copio/pego algo que escribí aquel día 4 de abril de 2018:

Y entonces llega el diluvio. Me voy comiendo agua y barro por quintales. La velocidad de la bajada se encarga de empaparme al completo. Llego a Navalvillar hecho un Ecce Homo. Deja de llover y salen unos rayos de sol. Aprovecho para seguir hasta Castañar de Ibor, donde termino la etapa, y que queda al otro lado de un último repecho. El hotel está a la entrada. Paro y al de un rato allí pensando si limpio primero la bici o qué puñetas hago, sale la señora que lo atiende. Luego lavaré la bici. Diosssssss, qué pintas traigo. La señora ya está pensando cómo le voy a poner la habitación.

Viernes Santo, os recuerdo de nuevo. Hoy los creyentes tienen a las 12:30 oración en torno a la cruz y luego a las 18:00 la celebración de la Pasión. En mi hoja de ruta para hoy había dispuesto dos planes: (A) Subida al Pico Villuercas y (B) Jornada de descanso. Alberto se ha animado con el plan A mientras que yo he optado por el B, como bien habéis comprobado al comienzo de este artículo. O sea, que a disfrutar del Viernes Santo en Guadalupe. Oh, oh, pues lo de Alberto no ha podido ser.

Dejamos, por tanto, para otra ocasión la clásica subida al Pico Villuercas. De todas formas, os doy detalles por si se os presenta la ocasión. Podéis entreverlo allá al fondo. Vale, le echáis un poco de imaginación. Tranquilidad, que ya os pongo otra foto hecha a primera hora de la tarde.

En el primer artículo de esta ruta ya te incluí la altimetría gracias a ese enorme proyecto amigo que es altimetrias.net. Una curiosidad: es el punto más alto de Extremadura al que puedes llegar con un automóvil «normal». En la página web del Geoparque de Villuercas – Ibores – Jara tienes información sobre la zona:

Su ascenso constituye además un itinerario de gran relevancia patrimonial; comenzando por la ermita de El Humilladero, joya del gótico-mudéjar localizada en el puerto, inicio de la carretera de acceso al risco, donde confluyen además varios caminos históricos de peregrinación a Guadalupe. A esa altura, tomando un desvío por un camino de tierra se accede también al Arca del Agua, una notable obra hidráulica del siglo XIV vinculada al suministro hídrico de la puebla y del Monasterio de Guadalupe; así como el pozo de la Nieve, éste del siglo XVII, visitable a la altura del collado de la Portuguesa.

Desde Guadalupe se sale por la carretera que conduce a la ermita del Humilladero. En 2018 ya rodé por aquí en la etapa que me llevaba desde Herrera del Duque hasta Castañar de Ibor. La subida hasta el Pico Villuercas presenta un desnivel acumulado de casi mil metros desde el pueblo de Guadalupe. A partir del cruce de la ermita la estrecha carretera continúa ganando altura. Arriba, espera la inteligencia militar. Ojo, que lo que hay allá en la cima es fruto del acuerdo entre un tal Francisco Franco Bahamonde, primer caudillo de España (creo) y Dwight D. Eisenhower, presidente número 34 de los Estados Unidos de América. Cosas de la guerra fría. Allí arriba se ubicaba la base Centro Táctico, CT2, Guadalupe-Villuercas, que perteneció al Regimiento de transmisiones estratégicas nº22 (RETES-22). En su día, claro está, aportó cierto beneficio económico en la comarca, que los oficiales y los que no lo eran de algo tenían que vivir aquí arriba. Menudo jolgorio que te tocara hacer la mili aquí. Fiesta y diversión a todas horas.

Otro asunto del que aquí en Guadalupe hay que hablar sí o sí es del día 12 de octubre, la Fiesta de la Hispanidad. Del asunto se encarga la Real Asociación de Caballeros de Santa María de Guadalupe. Me da que es cosa de hombres, aunque por algún lado he leído que hay «caballeros y damas». Por cierto, hay cierta movida con la Virgen, porque siendo patrona de Extremadura desde el año 1907 (Papa Pío X mediante), resulta que pertenece desde hace 800 años a la Archidiócesis de Toledo. La iglesia sabrá. El caso es que, como decía, el día 12 de octubre a eso de las cinco de la tarde se recibe a los «peregrinos caballistas» en la plaza frente al Monasterio. Si queréis acercaros este año, aquí tenéis el programa. Y para que dispongáis de unas buenas coordenadas de la fiesta, cómo no, un copia/pega de Wikipedia:

La Virgen de Guadalupe ostenta el título de Reina de la Hispanidad desde el 12 de octubre de 1928, cuando el cardenal primado de España, Pedro Segura, como legado del papa Pío XI, y en presencia del rey Alfonso XIII, coronó canónicamente a Santa María de Guadalupe como «Hispaniarum Regina».8​ La razón del nombramiento se encuentra en el hecho de que los Reyes Católicos se reunieron con Cristóbal Colón en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe en junio de 1492 desde donde dieron las primeras instrucciones para dotar al marino genovés de lo necesario para emprender el primer viaje y adonde Colón, tras su éxito, regresó en 1493 para dar gracias a la Virgen.

En Guadalupe, conste, son tradicionales los conciertos de música sacra en Semana Santa. De hecho, hoy a las 18:00, dentro del programa de la Coral Santa María de Guadalupe, se incluye el oficio «In pasione domini».

Ah, y una curiosidad que me ha dejado ojoplático. Buscando documentación para este artículo llegué (por error) hasta la página web de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe. Finalmente caí en la cuenta de que se trataba de una que está en Madrid, no aquí. Pero lo que me dejó flipado es que la parroquia en cuestión daba acceso a su ¡plan estratégico! incluyendo un DAFO, unas líneas directrices y la típica reflexión sobre la misión y la visión. El plan estratégico dibuja cuatro ejes estratégicos, son sus «tácticas» a desplegar, además de la típica parte de diagnóstico. Alberto, toma nota, que hay un nicho de mercado en consultoría estratégica que no has tenido en cuenta.

La peregrinación actual por los diversos caminos que llegan hasta aquí incluye la correspondiente credencial guadalupense a la que se puede acceder desde una especie de página web oficial. Detrás de ella están la Asociación de Vecinos de Talavera y la Asociación Cultural Tenorio. Curioso, porque no parece iniciativa pública, sino de carácter ciudadano. El camino de peregrinaje, señalizado con flechas de color blanco, alcanza 257 kilómetros desde Madrid hasta Guadalupe y está dividido en 12 tramos. Hay que reseñar que las bicis están muy presentes en este proyecto, incluyendo la lista de los seis talleres que encontrarás en otros tantos pueblos del Camino.

Tras pasar un buen rato ordenando correos, añadiendo tareas y editando y titulando fotos de esta ruta, todo en un salón de techos estratosféricos en la hospedería (con el emérito y su pareja oficial presidiendo el lugar desde sendos cuadros tamaño XXXL), a mediodía me he bajado para el Times Square guadalupino. Venga, homenaje al dúo Sacapuntas (hay que tener cierta edad para entenderlo): ¿Cómo estaba la plaza? ¡Abarrotaaaá!

Me he alejado un poco del centro, he dejado atrás la churrería restaurante El Abuelo y luego me ha salido al encuentro el bar del pensionista. Ha sido una señal: tenemos cierta edad. Nada que ver con el bullicio de la plaza. Así, he dado con el café bar La Morenita. Apunta: bocadillo de pollo especial. Un completo por seis euros. Riquísimo. Y tranquilo. Y limpio. Pleno al quince.

Me había venido para esta parte del pueblo porque quería bajar hasta el viaducto del tren nonato. En 2018 entré al pueblo pedaleando por ahí. El día se abre y se agradecen los rayos de sol, aunque parece que serán efímeros. Sé que me estoy poniendo pesado con la meteorología. Pero mira la segunda foto de esta serie de tres. Pues eso, agua.

Bueno, os dejo. Mañana otra vez de ruta hacia Helechosa de los Montes. ¿Previsiones del tiempo? Me entra la risa floja.

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Fotografías de la ruta.

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