14 etapas y 14 recuerdos: balance de la #Transtoledana #MTB

by Julen

Tras mis dos últimas rutas #RodamosSuaveSuave, España Vaciada y el Tour del Pirineo, en las que los problemas de salud me impidieron disfrutarlas del todo, esta vez sí que sí he podido terminar la Transtoledana. Eso sí, con algún que otro achaque, como no podía ser menos. Escribo ahora el típico artículo de balance, con recuerdos que se quedan a vivir por algún lado de la memoria, aquí dentro. Ellos se van organizando. Yo tan solo les doy forma a través de las palabras. Vamos, así pues, con 14 recuerdos de 14 jornadas de Transtoledana.

1. Las lluvias, ¿bienvenidas sean?

Semana Santa: marzo o abril. Y en abril, aguas mil. Bueno, da igual, es una época en la que siempre corremos con el riesgo de la lluvia, el granizo o la nieve. No es la primera vez ni será la última. Ya hemos pasado por jornadas en las que una persona normal no montaría sobre una bici. ¿Somos normales? Más o menos. En esta ruta, ha habido tres etapas delicadas: la segunda, la cuarta y la novena. ¿Consecuencias? Replanificar para hacer más asfalto (benditos avances de Strava y Garmin para ello), vadeos imposibles y olivos anegados. Ah, y dos bares, en San Martín de Montalbán y Alía, que nos vieron llegar como almas en pena. Tanto la mujer que atendía en el primero como la que lo hacía en segundo se lo tomaron a bien: ni una mala cara. Todo lo contrario. Gracias por la comprensión.


2. El guía del museo y de la iglesia del Convento de San José en Malagón.

Al margen de lo que contenía en sí el museo o la iglesia, da gusto escuchar a alguien cono el guía que nos atendió. Estuvimos con él hora y media. Le escuchamos primero para explicar cómo avanzaba la vida de Santa Teresa de Jesús en un museo concebido por las propias monjas carmelitas para que quienes lo visiten se empapen de su visión. Después, supimos de detalles de una iglesia que sorprendía entre tanta austeridad. Pero tenía su sentido. Si pasas por Malagón, imprescindible.

3. Ángel, trabajador de la recepción de la Hospedería del Monasterio de Guadalupe.

Lo que vale recibir empatía ciclista. Ya cuando llamé para decir que llegaríamos hacia mediodía porque habíamos decidido acortar la etapa desde Mohedas de la Jara y pedalear la ruta por asfalto, me di cuenta de que «nos entendía». Luego, al pasar tres días allí en la hospedería, hubo momentos para intercambiar conversación. Muy atento siempre, enseguida nos dimos cuenta de que se preocupaba por nosotros. Al final, hasta compartió su experiencia de subida al Pico Villuercas o su foto con Perico Delgado. Allí, en Guadalupe, toma nota: Ángel, quien, por cierto, forma parte del Club Ciclista Los Abubillos.

4. Los senderos de la primera etapa.

El primer día fue quizá el más duro en lo físico y en lo técnico. Tras una subida inicial desde Marjaliza, comenzaba una parte del recorrido en la que nuestras limitadas habilidades técnicas se iban a poner a prueba. Pues bien, lo pasamos con nota. En el primer tramo lamenté que las lumbares me estuvieran machacando, pero luego, más adelante, en tramos de bajada o de llaneo, pasamos por senderos con mucha magia. Fue una jornada en la que nos dimos cuenta de que rodábamos por caminos muy populares entre ciclistas. Así que hubo muchas ocasiones en las que saludar a compañeras y compañeros de pedaleo montuno. Especialmente bonito resultó el primer tramo de bajada por una tupida senda que Alfredo Bravo nos dibuja como «un túnel de chaparros, coscoja, retama y romero».

5. La subida al Pico Amor y su correspondiente bajada

También parte de la primera etapa, la subida me enfrentó a la realidad actual: mi compañero de fatigas cicloturistas anda a día de hoy bastante (mejor decir «mucho») más que yo. Mis problemas físicos de este último año pasan factura, al margen de su evidente mejoría. Se juntan el hambre con las ganas de comer. Tras avituallarnos de agua en una fuente que apareció de forma «mágica» al preguntarle a unos senderistas, la subida se hace por una pista con mucha piedra, pero muy entretenida, entre abundantes robledales. En concreto, se atraviesan varios canchales en los que hay que aligerar desarrollo y aumentar cadencia para que las ruedas «leviten» sobre semejante firme. Arriba, el paisaje se despeja de arbolado y desde nuestra particular cima Coppi de la ruta disfrutamos de vistas estupendas. Después, a darse el gustazo de una bajada por una pista que ofrece un amplio horizonte hacia el norte.

6. El puente sobre el río Gévalo llegando a Robledo del Mazo.

☝️ Antes de nada, comentar que he visto dos ortografías diferentes: Gévalo y Jébalo. El cruce de este río puso la guinda a todo un tramo particularmente bonito de la etapa que nos llevó de Los Navalucillos a Mohedas de la Jara. En concreto, desde la salida de Espinoso del Rey hasta Robledo del Mazo, el track de la Transtoledana nos introdujo en la Sierra de Barrilón, en buena parte por un camino balizado como R-06 y que forma parte del Camino de Guadalupe de los Montes de Toledo. Robles y pinos nos van acompañando por una pista en muy buen estado que, ya cerca de Robledo del Mazo, nos regala el paso por un puente muy coqueto, tras una estupenda bajada. Indicar que he buscado documentación del puente, pero no la he encontrado. No obstante, si queréis información sobre el entorno del río y la comarca, os recomiendo este blog: https://lamejortierradecastilla.com/


7. El Camino Natural de la Vía Verde de la Jara.

No estaba previsto en nuestro track, pero a la salida de La Nava de Ricomalillo decidimos desviarnos por la carretera CM-411, que fue a confluir con la antigua vía del tren nonato que debía comunicar Talavera de la Reina con Villanueva de la Serena. Fue un tramo relativamente corto, pero nos permitió disfrutar de las aguas del río Huso allá abajo desde una par de buenos viaductos. Y como la orografía es bastante compleja por la zona, también cruzamos otro par de túneles. En la zona existían molinos, como el del Estanco, en la confluencia con el río Frío, poco antes de alcanzar la antigua estación de Sevilleja de la Jara / Campillo de la Jara. El lugar tiene su encanto a pesar de que los intentos por dar realce al entorno se han topado con el vandalismo y, supongo, la falta de presupuestos públicos para sacarlo adelante y mantenerlo.

8. Las dos procesiones «interiores» en Guadalupe.

La primera y la tercera de las noches que pasamos en Guadalupe pudimos asistir a dos procesiones curiosas. La primera, cuando aún no había llegado la marabunta de turistas, resultó un acto muy íntimo y recogido, muy «de pueblo». Procesionaban un paso de Jesús atado a la columna por dentro de la basílica del monasterio, con dedicatorias en cada levantada. La segunda, en Viernes Santo, recorrió el patio del claustro, con dos pasos, su banda de música y ya con más feligreses. Allí estuvimos, respetuosos y callados.


9. La «carretera de tercer orden» y el Palacio de Cijara.

Tanto la carretera por la que se llega allí como por el propio palacio en sí mismo, el palacio de Cijara era de mis lugares predilectos de la ruta. Las lluvias añadieron el «aire escocés» al parecía querer emular. Sí o sí, era un sitio al que quería ir. Pedalear por una pista, que es lo que queda hoy, de aquella carretera diseñada y construida en la segunda mitad del siglo XIX como «carretera de tercer orden» y pensada para carruajes es todo un regreso al futuro. Y allí, en mitad de ningún sitio, el palacio, con la idea de hacerlo parecer una construcción medieval. En Extremadura, en el siglo XIX.

10. El atardecer en Helechosa de los Montes.

La luz del atardecer de vez en cuando regala juegos cromáticos intensos. Es lo que sucedió en Helechosa de los Montes, pegados a un pantano de Cijara que revivía con las lluvias de estos días. Los verdes se solapaban entre si, a cual más profundo y vistoso que el anterior. Y para disfrutarlo un paseo, modesto pero bien pensado, con las aguas del pantano como testigos de todo ello.


11. El meandro del Guadiana en Puebla de Don Rodrigo.

El Guadiana ha estado presente en buena parte del trazado de esta ruta. De hecho, la «carretera» que nos llevaba hacia el palacio de Cijara está señalizada en la actualidad como «Camino Natural del Guadiana» (el pantano de Cijara embalsa aguas del Guadiana). Nosotros pudimos observar el fantástico meandro que forma el río tras dejar atrás Puebla de Don Rodrigo. Se apreciaba a la perfección al comenzar a subir por la carretera que deja a la izquierda el Barranco del Chorro. Además, lo vimos en un momento especial, ya que en esos días de lluvias llegó hasta a cuadruplicar su caudal circulante.

12. Olivos, vides, encinas y cereal.

Al margen de que podamos hablar también de robledales o de pinares, la Transtoledana diría que es, sobre todo, olivo y encina. Pero hay que añadir cereal en las llanuras y viñedos en determinadas zonas. En esta época la dehesa reparte verdes alfombrados. Sobre ella, las encinas añaden un tono verde más oscuro. Con algunos rebaños de ovejas aquí y allá, la estampa se torna bucólica. Por su parte, los olivos juegan a trazar líneas en el terreno, al igual que sucede con los viñedos. Encinas, olivos, vides y cereales, el campo humanizado.

13. Clavileño, el molino andorrano de Consuegra.

Nunca se me ocurrió pensar por qué en Andorra hay una calle que se llama Consuegra. La conozco especialmente porque he ido allí varias veces a una clínica de fisioterapia. Todo nace en 1964 y poco a poco la relación entre este municipio y el pequeño país de los Pirineos se afianzó. En 1967 llegó al punto de que Consuegra cediera en propiedad uno de sus molinos del Cerro Calderico, el Clavileño, al Principat d’Andorra. Y de ello da fe la placa. Sí, es real, los Pirineos se extienden hasta esta «cumbre» de Castilla-La Mancha desde la que se obtiene una estupenda vista de los alrededores del pueblo. Nos vamos al pregón de la VI Fiesta de la Rosa del Azafrán, con un tal Antonio Forné Jou, entonces Secretario General de Iniciativas y Turismo de Andorra. Así explicó el asunto:

El descubrimiento de La Mancha fue para nosotros un acontecimiento sorprendente e inesperado. Sucedió que en el año 1964 nuestro Rallye Nacional, de carácter turístico y deportivo, tenía prevista la visita a Galicia, pues cada año el Rallye de Andorra se dirige a una u otra de las atractivas regiones del ruedo ibérico. Pero surgió de imprevisto ante nosotros un personaje fabuloso, venido a España y afincado en ella, procedente de lejanas tierras danubianas, y enamorado locamente de La Mancha. Todos los presentes habrán comprendido que tal personaje no era otro que don Óskar Dignöes. Viajero incansable de todas las rutas del turismo, trabó conocimiento y amistad con nuestros dirigentes de la Hostelería andorrana, en la bella ciudad costera de Lloret de Mar. Y les habló con tal entusiasmo de La Mancha, de los molinos de viento y de Don Quijote, que ya no fuimos en esa ocasión a Galicia, sino a La Mancha, como él se propuso; y nuestro Rallye se llamó “Ruta de Don Quijote».


14. Athletic Club de Bilbao, campeón de copa 2024.

Me explico: es un pequeño homenaje a mi compañero de ruta, Alberto, que se bajaba para Sevilla el viernes 5 de abril. Había conseguido dos entradas para la final de la Copa contra el Mallorca. Al día siguiente, sábado 6, se jugaba la final. En mi caso pedalearía la última etapa desde Consuegra hasta Los Yébenes pasando por Manzaneque. En su caso, tocaba esperar con el resto de miles y miles de almas que se habían desplazado hasta Sevilla para ver la final. Esta última etapa de la Transtoledana tuvo para mí dos momentos curiosos relacionados con la final que, por fin, ganó el Athletic en los penaltis. Ambos me los encontré a la salida de Manzaneque, uno me indicaba el «Camino de Sevilla» y el otro, más reciente y consagrado a la velocidad, me decía que por allí pasaba el AVE de Madrid a Sevilla. Y pasó, vaya si pasó. Mientras pedaleaba por una pista entre los olivos, el AVE rugió y siguió camino hacia Sevilla. Athletic Txapeldun!!!

Fuente: https://www.athletic-club.eus/

Pues hasta aquí las crónicas y el balance. Quizá más adelante, con más tiempo, le dé una vuelta más a esta experiencia porque ha habido cuestiones añadidas que no he mencionado y que quizá merezca la pena compartir. Tienen que ver con la salud, la preparación, el equipaje y el diseño de la ruta. Nos vemos pronto.

Para finalizar, dejo acceso a las fotos del álbum de Flickr (aún tengo que retocar algunas cosas) y una tabla resumen de las jornadas, con una valoración muy subjetiva en la que influyen mucho, como no podía ser de otra forma, las circunstancias metereológicas.

Transtoledana

 

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