Junto al Ésera hacia arriba

by Julen

Strava: https://www.strava.com/activities/9574008264

Tras la jornada de ayer, hoy tocaba algo más suave, pero al final poco a poco hemos ido siguiendo el track que discurre junto al río Ésera y nos hemos ido a los más de 800 metros de desnivel. Es el mismo track sobre el que pedaleamos anteayer, pero en esta ocasión lo hemos cogido pasado Benasque, en busca de un territorio mucho más montañoso y con cuestas más empinadas. El río Ésera se alimenta del glaciar del Aneto (por cierto, estos días atrás había avisos porque no pinta nada bien la zona a cuenta de las altas temperaturas) y de la alta pluviosidad de su cabecera. Es afluente del Cinca, el que pasaba por Aínsa.

Benasque es una de las principales referencias, junto a Aínsa, en esta zona del Pirineo oscense. El pueblo se constituye como base para acceder a las pistas de esquí cercanas y también para hacer senderismo, así como un amplio abanico de deportes de aventura. Benasque es Pirineo, Aínsa es Prepirineo. Son dos opciones diferentes, evidentemente, pero si ya encontré un Aínsa bien cargado de turistas, la sensación que he tenido esta mañana, callejeando un poco por Benasque, ha sido similar.

A primera hora, mientras desayunaba en el alojamiento, me comentaba su dueña que «lo gordo» estaba todavía por llegar, que sería a partir de este próximo fin de semana cuando se pondría todo aún un poco más al pil-pil. No sé, a mí ya me parece que hay suficiente aglomeración, pero no había estado en este tipo de pueblos en pleno verano. Será que este turismo de monte, aventura, aire libre o como lo quieras llamar tiene su público, igual que lo tienen el de la costa mediterránea. 

Decía que he salido a hacer una ruta más o menos suave desde Benasque. He metido la bici en el coche y a eso de las 9:20 comenzaba a pedalear por una pista que sube al principio suave por la izquierda del río, pero que luego cambiará al otro lado y, a ratos, exigirá cierto esfuerzo. Enseguida la pista se transforma en un sendero muy chulo. Hay que salvar algunos pasos con piedras que, para un torpe como yo, supone bajar y volver a montar. Está asumido, no pasa nada.

Los kilómetros pasan muy despacio. Ya por la derecha del río, rodamos por tramos de pista con mucha piedra suelta. De nuevo hay que apretar para pasarlos montado. Y, claro, de nuevo en unas cuantas ocasiones, echamos pie a tierra. Llegamos al Embalse de Paso Nuevo.

Cruzamos la zona de Vallibierna y seguimos hacia arriba; no hay pérdida. Ante la duda, hacia arriba. Poco a poco se van abriendo las vistas hacia las imponentes cimas de los alrededores. Nosotros vamos vadeando en algunos casos pequeños cursos de agua que bajan de los barrancos o en otros pasando por los puentes que han construido para salvarlos.

En estas nos encontramos con la carretera que sube a los abandonados Baños de Benasque. El cuestón para alcanzar el edificio se las trae. Arriba, al pasar junto a unos chicos, les escucho eso de «y sin batería». Será que el estándar para estas cosas de subir con bici de montaña empieza a ser la eléctrica. El establecimiento balneario se clausuró en 2019 y pinta fantasmagórico en este emplazamiento tan espectacular. Y, claro, hay leyenda:

Según dice una leyenda de la zona, hay una cueva cerca de los Baños de Benasque donde se encuentran encarcelados los servidores del Diablo, convertidos todos en piedras que arden. El propio diablo les castigó a permanecer ahí debido a que no eran lo bastante malos. El encantamiento sólo se deshará cuando aparezca en la Ribagorza un ser que sea lo suficientemente malo.

La leyenda dice que dichas llamas son la razón de que las aguas de los baños salgan calientes de la tierra. Por ello dice la tradición que una persona no debe bañarse más de nueve días consecutivos en estas aguas si no quiere exponerse al maleficio de los diablos que se encuentran en la cueva.

Nosotros continuamos por una pista que al principio es muy aérea. Así que estamos obligados a parar e intentar, otra vez, hacer justicia con un par de fotografías. 

Llegamos por fin a la carretera que sube hasta el hotel del Hospital de Benasque, en lo que se conoce como «Llanos del Hospital». Un kilómetro antes del hotel, la zona de aparcamiento está bien repleta de coches. Hay un autobús que desde allí sube hasta La Besurta, punto de inicio de las rutas al Aneto por la cara norte. El tramo final está cerrado con una barrera y de ahí que solo se pueda acceder en el autobús. Por mi parte, llego hasta el hotel, que queda justo a la izquierda de la barrera y me quedo allí un rato holgazaneando, haciendo alguna foto más.

Decido bajar por la carretera en vez de hacerlo por donde he subido. Si para hacer los casi 15 kilómetros de ascenso, entre una cosa y otra, me he tirado prácticamente hora y media, la bajada es vista y no vista. Me cruzo con unos cuantos ciclistas que suben… con viento en contra. Bueno, ya llegarán arriba; que tengan paciencia.

Ya en Benasque, callejeo un poco con la bici. Teóricamente toda la zona centro es peatonal, pero como he visto que había más gente en bici, me he dicho que donde fueres, haz lo que vieres. Ni sé la de negocios dedicados a las bicis que hay en el pueblo. Veo un pequeño taller con mucho encanto y aprovecho para comprar un cartucho de CO2 (el que llevaba lo gasté el día del pinchazo en la Bal de Chistau). Solo queda tomar un café con leche y volver para Castejón de Sos. Un poco pasada la una del mediodía, listo para comer, tras la ducha y la colada.

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1 comentario

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