De Aínsa a Castejón de Sos

by Julen

Strava: https://www.strava.com/activities/9563650056

Hoy cambiamos de base de operaciones. Hemos estado cuatro días en Sarise y otros cuatro en Aínsa. Antes de ir con la minirruta de hoy, un breve comentario sobre el Hotel Mesón de L’Ainsa, en donde he estado hospedado. Antes de nada: absolutamente recomendable si te vienes con una bici, sea para hacer enduro, salidas más «normales» de MTB o carretera. El establecimiento cuenta con una infraestructura muy enfocada hacia el ciclismo y, de hecho, estos días se veía mucha gente vestida de romana por el hotel. Hay múltiples carteles con referencia a Zona Zero, proyecto con el que es evidente que el hotel manifiesta un compromiso expreso.

Pero, al margen de este foco puesto a día de hoy en el ciclismo, es un hotel con mucha historia. Me he permitido coger una foto de su web (la he retocado un pelín) para que entendáis de qué hablamos. Nació como «parador de carruajes» y posada allá por 1880. Se ve, además, que sigue siendo un negocio familiar. Así que, ya sabes, no suelo hacer muchas recomendaciones de alojamientos, pero en este caso hago una excepción.

Aínsa respiraba ambiente ciclista endurero. Enseguida te das cuenta por el peculiar look de esta tribu. Es curioso cómo ha crecido la familia ciclista y ahora acoge en su seno un buen número de especialidades que han ido ganando cada cual su particular cuadrilla de adeptos. Aínsa ha apostado por el enduro, pero, ojo, porque Castejón de Sos, nuestro siguiente destino, no le va a la zaga, aunque con mucha más humildad porque no cuenta con el atractivo del sobreexplotado casco histórico de Aínsa.

A primera hora me he subido de nuevo hasta San Juan de Plan con el coche. ¿Por qué? Esta mañana he descubierto que no tenía la bomba de pie de la bici. Haciendo memoria, me he dado cuenta de que me la dejé en el aparcamiento ayer. ¿Seguiría allí? Pues no. A alguien le habrá venido bien el regalo. En fin, mira que soy despistado. Me lo tengo que hacer mirar.

Ya en ruta hacia Castejón de Sos, después de pasar Campo, me han venido nuevos recuerdos de la Transpirenaica. Hay un tramo de carretera, que ahora está en obras, entre Seira y el desvío para Viú, que he hecho dos veces en bici en sentido contrario. En Viú ya hice noche en una ocasión. Desde allí se sube al Collado de Cullivert para bajar luego a Laspuña, por donde pasé el otro día haciendo ruta con la bici de carretera.

Castejón de Sos es también sinónimo de deportes de aventura. Hay unos cuantos negocios que giran en torno al asunto. Y también se ven apartamentos, hoteles, hostales, viviendas de uso turístico y cualquier otro formato destinado al alojamiento de los turistas que nos acercamos por aquí.

Comí muy a gusto en un hotel que tenía pinta de ser «de toda la vida». Era el típico sitio al que acuden currelas, pero que en esta época tiene bastantes turistas repartidos por las mesas.

Pensé hacer una pequeña ruta después de comer, pero el calor me echó para atrás. En su lugar cayó una siesta que me sentó a gloria bendita. Me quedé sopa mientras leía el libro cuya portada veis más abajo. Chocheo, ¿verdad?

Cosas de aitites, jeje

Salí pasadas las cinco con un calor más llevadero. El cambio de la bici iba fatal. Paré, actualicé el firmware del cambio e hice un microajuste con la app de SRAM. Ya veis qué cosas. Va mejor, pero tengo que afinarlo aún más.

Mi idea era subir junto al río Ésera, siguiendo para ello el track de una de las rutas de BTT Puro Pirineo, el centro BTT de Castejón de Sos. Eso, primero visita al aeródromo, que por ahí sale la ruta.

Tiene unos bancos estupendos para ver despegues y aterrizajes… cuando los haya.

Sigo el camino. La mayor parte entre sombras, lo que se agradece. Muy bonito el sendero.

Precioso el sendero junto al Ésera

Me cruzo con gente a caballo. Hay que ceder el paso: primero quien va a pie, luego quienes van a caballo y después el ejército ciclista. Me adelanta un chico en bici en un tramo técnico que se ofrece de guía, pero casi prefiero ir a mi bola porque voy a medio gas y en plan explorador. Pero se agradece.

Dejo el track en un tramo en que se pone más complicado. De hecho, está diseñado para hacerlo en bajada, no en subida. Me acerco a Sahún y luego por el Santuario de Guayente alcanzo el embalse de Linsoles. Está bonito, aunque se ve que hay mucha gente.

Embalse de Linsoles

Cruzo al otro lado y retomo el track para volver a Castejón. De nuevo se entra a un sendero precioso que sigo durante un buen rato. Lo sufro porque hay continuos cambios de sol y sombra y hay veces que no se realmente qué hay delante.

Sendero de bajada del embalse de Linsoles

Salgo por fin a la carretera y me zampo los últimos kilómetros en un santiamén. Pasan las siete y media de la tarde cuando llego al aparthotel en el que estoy alojado. Ducha, colada y a cenar. Y a pensar qué ruta hacemos mañana.

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