Día de descanso camino del esconjuradero

by Julen

Strava: https://strava.app.link/34GRrsLOQBb

Sí, es día de descanso… activo. Volvía para el hotel después de cenarme otro memorable fracaso culinario cuando me fijé en las rutas que han diseñado desde Zona Zero. En la rotonda del hotel hay carteles con unas cuantas a modo de ejemplo. Si hoy era día de descanso, ¿qué sentido tenía echar un vistazo a esas rutas? Vi que las hay catalogadas como «Light y familiares». Así que me dije a mí mismo: pedalear una de esas rutas debe convalidar como día de descanso, ¿no? Sssshhhh, que no se entere el entrenador. Chitón.

Pero es que, además, una de las rutas llevaba al esconjuradero de Guaso, siguiendo primero el curso del río Ara y luego cogiendo la carretera en subida durante un par de kilómetros. ¿Un esconjuradero? Vamos con un poco de cultura mediante un simple copia/pega de la información que aportan sobre la ruta (las negritas del texto son mías) en la web de Zona Zero:

Antes de continuar ruta conviene terminar de subir hasta lo alto del pueblo, porque la recompensa vale mucho la pena: coronamos la colina y toda la ribera del río Ara yace a nuestros pies, mientras al fondo las innumerables montañas pirenaicas cierran la vista. A nuestro lado se yergue la iglesia de Guaso y el Esconjuradero, templete cuadrangular con aberturas a los 4 puntos cardinales que servía para esconjurar tormentas y que es exclusivo del Pirineo Aragonés. Su uso entre lo cristiano y lo pagano hizo que fuesen prohibidos por la Iglesia Católica.

¿Queréis más detalles? Tiramos de esa maravilla de la humanidad llamada Wikipedia, que cuenta con un artículo específico del esconjuradero de Guaso:

Los esconjuraderos son un elemento característico de la cultura y tradiciones pirenaicas. La sociedad montañesa atendía los aspectos de la climatología con la misma superstición y prácticas que en otros aspectos de la vida cotidiana. Estos configuraban un espacio importante desde el cual el sacerdote y la población invocaba para desviar o deshacer las tormentas o tronadas que pudiesen malograr los campos y cosechas. Es por ello que estas edificaciones se localizan en puntos donde existe una amplia panorámica del horizonte.

Para no hacerme trampas al solitario, he decidido ir suave. Venga, que es día de descanso. Vamos a tomárnoslo en serio: suave. Bueno, finalmente, como podéis ver en la imagen de arriba, han sido casi 24 kilómetros en algo menos de dos horas. Suave, ¿no? Y eso que nos hemos metido un pequeño calentón subiendo a la Plaza Mayor de Boltaña. Yo no quería, pero…

El día ha amanecido oscuro y hay previsión de que quizá llueva algo. Para no perder las buenas costumbres, para las siete y media estamos ya dando pedales. La ruta comienza pegada al río Ara, por una pista pedregosa. Vamos allá con esta ruta «light y familiar».

Vamos en plan Verano Azul y enseguida llegamos a un modesto hotelito cinco estrellas ubicado en un antiguo monasterio del siglo XVII. Spa, piscina exterior, masajes, iglesia para bodorrios y cosas así. Hay habitaciones y villas. Por si te interesa.

Sigo hacia Boltaña por un camino marcado como PR. Ya que estamos a un par de kilómetros, no vamos a ser tan perezosos de no ir hasta allá, ¿no? Se cruza el Ara en un lugar habilitado para el baño y que se conoce como la Gorga de Boltaña. En fin, ya que estamos aquí, ¿por qué no subir hasta la Plaza Mayor? Venga, pero vale de los «ya que», ¿no? Estamos en la jornada de descanso. Vamos de paseo. Te lo recuerdo. Pues toma unas buenas cuestas al 14% para subir a la parte antigua. Por listo.

Ya que estamos en la Plaza Mayor, mejor subimos al mirador del castillo, ¿no? Otro 14%. Menos mal que el camino se vuelve imposible para la bici y nos damos la vuelta. El último «ya que». Pero de verdad, ¿no? Venga, vamos a hacer el camino de ronda y nos bajamos. Antes, una foto de un pequeño homenaje a quienes hacían la ronda. ¿La seguirán haciendo?


Nos volvemos otra vez acompañando al río Ara, que ahora nos queda a la izquierda. Eso sí, al llegar a Margudgued, dejamos la pista por la que vinimos y comenzamos a subir a Guaso. Por cierto, ¿Margudgued? Toponimia complicada y lo demás tonterías.

Entramos en el pueblo de Guaso y afrontamos el último repecho por el barrio del Tozal para llegar al esconjuradero. Algún tramito de nuevo al 12-14%. Corto, eso sí. Me cruzo con dos coches que bajan del esconjuradero. ¿Qué hay allí arriba, pues? Bueno, está el esconjuradero en sí, la iglesia de San Salvador, el cementerio, el mirador… También hay alguna que otra furgoneta camper junto a la iglesia. Quizá el lugar tenga su magia, no lo sé. A lo mejor dormir aquí al lado del cementerio, la iglesia y el esconjuradero tiene su morbo, yo qué sé.

Me quedo un rato por allí arriba, disfrutando de las vistas y haciendo alguna que otra foto. El esconjuradero tiene su cosa, no hay duda. Enseguida se imagina uno los rituales allá por siglos XVI o XVII. Menudo jolgorio.

Si bien la misión prioritaria de estos rituales fue probablemente el ahuyentar las tormentas o tronadas y proteger los campos de los devastadores efectos de rayos y pedrisco, también está documentada su misión como ahuyentador de plagas y animales nocivos. Además, en la Edad Media existía la creencia generalizada de que existían personas con poderes especiales capaces de realizar encantamientos que provocaran tempestades y huracanes. De hecho, la Iglesia admitía que podía haber seres humanos, como profetas, que con sus plegarias pudiesen conseguir la lluvia o hacer que cayese fuego o granizo. También permitía la realización de misas para obtener la lluvia o para conjurar calamidades naturales.

Lo mismo ocurre que ahora, con el cambio climático enviando señales cada vez más devastadoras, volvemos a las plegarias. ¿Qué bruja o qué brujo nos ha traído semejante desgracia? Pues nada, tira parriba, pal esconjuradero. Bueno, fuera bromas, esta fea la cosa. Por todas partes aparecen datos del calentamiento global. La estamos cagando, me temo. Y de qué forma.

Tras las fotos de rigor, solo queda bajar hasta el punto de partida. La ruta «light y familiar» se mete por una pista pedregosa y muy descarnada. Aquí, como lo que se lleva es el enduro, este tipo de pista queda en el saco de las «light y familiar». Aviso: ándate con ojo si piensas hacerla con niñas y niños. A lo mejor no es todo lo «familiar» que uno podría pensar.

Ya en la terraza del hotel, me permito resayunar una tostada con aceite y sal y una cafelito. Son poco más de la diez de la mañana. El día de descanso comienza de nuevo. Mientras, voy escribiendo la crónica. Mañana tenemos previsto pasar de los 2.000 metros de desnivel acumulado. Cosa seria. Nos leemos.

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1 comentario

Carreteras olvidadas – Consultoría artesana en red 15/08/2023 - 06:39

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