7 conceptos básicos para aprender competencias digitales (2 de 5)

by Julen

Vamos, por fin, a desarrollar los cuatro posts restantes de lo que denominamos «la necesaria didáctica en torno a la tecnología digital» en el contexto empresarial. Lo que los justifica es bien sencillo: no siempre es tan fácil interiorizar el tránsito a un nuevo escenario en el que la tecnología digital es ubicua y transforma, hasta cierto punto, nuestro anterior punto de vista. La digitalización —recordad, digitization + digitalization + digital transformation— no solo implica nuevas competencias, sino que, en buena medida, lo podemos considerar un nuevo paradigma. Este primer post se centra en lo más obvio: cómo ser competente digitalmente.

Antes de nada, debo decir que ya he escrito en otras ocasiones de esto mismo. Entre otras razones, porque siempre he entendido la competencia digital de las personas como uno de los dos cimientos de la transformación digital responsable.

En el artículo en el que ya desarrollé algunas ideas y al que hago alusión en el párrafo anterior, manejaba dos palabras clave: actitud y aptitud. Y creo firmemente que el orden de las palabras es relevante. Cuando sabemos que la tecnología digital no hace sino cambiar a toda velocidad, no queda otra que encararla con la actitud adecuada. Ya escribiremos de lo importante del pensamiento crítico en el cuarto de esta serie de posts; ahora, de momento, vamos a lo concreto: cómo aprender. Ten en cuenta que el mejor predictor de éxito de una formación es aquel que tiene que ver con la actitud de quien quiere (o no) aprender.

Soy de los que piensa que seguimos hablando, sobre todo, de herramientas. Esto quiere decir que lo que importa realmente es lo que hay que hacer. La tecnología debe supeditarse a ello. Tiene sentido en la medida en que sirve a un fin. Aunque la parte de aprender por aprender siempre implica un componente actitudinal positivo interesante, me parece que todo es más fácil cuando se activa la conexión entre lo que hay que hacer y la tecnología para hacerlo. Cuando digo «lo que hay que hacer» me viene a la cabeza nuestro amigo Peter F. Drucker, a quien se le atribuye una de esas frases lapidarias que no me importaría colocar en la cabecera de mi cama: «En el trabajo del conocimiento, el valor procede de hacer bien las cosas correctas». Es decir, acertar en lo que hay que hacer es fundamental. Así que no queda otra: antes de hablar de tecnología, hay que hablar de lo que hay que hacer.

Inmediatamente después de que seamos capaces de aclararnos con lo que hay que hacer, llega un momento delicado: no hay una sino mil herramientas que podríamos utilizar. El exceso es compañero de viaje cuando hablamos de digitalización. Lo mismo se puede llevar a cabo, con matices, mediante distintas herramientas. ¿Cuál elegir y por qué?, ¿conviene quedarse solo con una si ya nos sirve y cerrar la puerta al resto? Creo que depende de cada persona y dónde se sitúa en el continuo entre tecnofilia y tecnofobia. Las hay que se dejan empapar mejor y las hay más refractarias cuando ya tienen lo que quieren. El ejercicio de asertividad implícito —decir que no a determinadas herramientas— es importante. Hay que poner límites. El problema es que distintas personas manejan límites distintos. Eso sí, muchas veces dentro de una organización se toman decisiones que implican el uso solo de ciertas tecnologías… cuando sabemos que quizá haya otras mejores ahí fuera. Esto es siempre un problema.

Derivado de esto anterior, me parece que enseguida emerge una figura crítica en esto de aprender a ser competente digitalmente. Hablo de la labor de mentoría. La formación como enfoque común para un grupo de personas con teóricas necesidades similares, suele ser complicada. Casi siempre surge el problema de que el punto de partida de cada cual es diferente y el ritmo que requiere el grupo se ve penalizado. Sí, claro que se seguirán realizando acciones formativas en grupo. Yo mismo las llevo a cabo en según qué proyectos. Pero, además de este enfoque, necesitamos activar la labor de mentoría digital, esa persona que, por su saber y su actitud, nos puede ayudar personalmente a avanzar en este complejo escenario. Así pues, cada persona debería disponer de su mentor/a digital.

La buena noticia es que estas personas que podrían actuar como mentoras digitales ya las tenemos en nuestra organización. Dentro del grupo que puntúa alto en tecnofilia podemos reclutar a algunas personas con especial sensibilidad para enseñar a otras. Yo desarrollaría un plan de mentoring específico en torno a las competencias digitales. Es decir, además de llegar al cliente final de la formación, trabajaría con este grupo de mentoras y mentores digitales que haría de puente para llegar a la persona usuaria final. Así pues, ¿tienes ya identificadas a estas personas que actuarían como mentoras digitales? Pues ya estás tardando 😉

Soy también de los que se da cuenta de que la supuesta constante mejora continua de las herramientas a veces añade funcionalidades que no aportan valor. En general suele ocurrir que, de las teóricas funcionalidades que aporta una tecnología, solo utilizamos un 5% o un 10%. ¿Deberíamos aprovecharlas mejor? A veces es evidente que sí, pero otras no me queda tan claro. Siempre he creído que la mejor arquitectura para una herramienta es la modular: ¿por qué tengo que sufrir un montón de funcionalidades que no me hacen falta para hacer lo que tengo que hacer? El enfoque modular me permitiría tomar solo aquello que me es necesario, no el conjunto completo. Por eso, de nuevo: en vez de aprender tecnologías, la cuestión es qué tengo que hacer y, por tanto, en qué funcionalidad concreta me apoyo.

En otro orden de cosas, hoy vivimos rodeados de tutoriales. Este recurso me parece fundamental. Pero hay dos maneras de llegar al tutorial. La opción más cómoda es que alguien haya hecho la labor y nos ofrezca un conjunto de recursos ya seleccionado. Esto es estupendo. YouTube, por ejemplo, está repleto de gente explicando prácticamente cualquier cosa; solo hay que encontrarlo. Ahora bien, si, como decía antes, la actitud es fundamental, creo que tenemos que trabajar en las personas de nuestra organización la manera en que llegar por sí mismas al tutorial. Y hoy en día esto es tan sencillo como llevar a cabo la consulta en Google y después rebuscar en los resultados. Normalmente, ahí cerca está la respuesta. Y la mayoría de las veces en forma de videotutorial. Así que esta competencia específica, la de buscar videotutoriales, la trabajaría con mi plantilla si es que yo fuera la persona encargada del aprendizaje de competencias digitales.

En este mismo sentido, ¿podemos crear nuestros propios tutoriales? Puede convenir hablar con quienes se encargan de las mentorías digitales para que aprendan a generar estos recursos. Muchas veces se trata simplemente de generar vídeos cortos grabando la pantalla. Es un recurso sencillo que me parece que está infrautilizado.

Por último, para cerrar este artículo, no me quiero olvidar de la calidez humana. Me refiero a que todo plan para adquirir competencias necesita un contexto amable en el error es fuente de aprendizaje. Es un contexto que sabe que las curvas de aprendizaje a veces son empinadas y que debe introducir una emocionalidad positiva. Si nos puede la presión, mal vamos. Y esto nos compete a todos. ¿Has pensado gamificar?, ¿podemos jugar con incentivos?, ¿cómo podemos generar actitudes positivas? No todo es aprender la mecánica de las tecnologías. Recuerda: hay personas de por medio.

Así pues hemos repasado estas siete ideas básicas:

  1. Trabajar el doble plano de la actitud y la aptitud, por este orden.
  2. Contextualizar el aprendizaje: la tecnología tiene sentido en la medida en que sirve para hacer lo que hay que hacer. Y recuerda lo que dijo Drucker.
  3. Es importante decir que no. Aprender una tecnología es no aprender otras. Hay que gestionar los límites con cuidado porque cada persona maneja límites diferentes.
  4. Tenemos que identificar mentoras/es digitales dentro de nuestra organización que ayuden a otras personas a aprender y diseñar un plan de trabajo específico de mentoría digital.
  5. Trabajar la búsqueda del tutorial que, seguro, ya existe. Muchas veces la necesidad de saber encuentra su respuesta mediante una simple búsqueda en Google.
  6. Además de encontrar los tutoriales que ya existen, quienes se encargan de las mentorías digitales podrían crear los que fueran necesarios.
  7. Por último, pero no menos valioso: conviene proporcionar calidez humana en todo el proceso. Un toque amable y lúdico siempre ayuda.

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1 comentario

Necesitamos didáctica en torno a la tecnología digital (1 de 5) – Consultoría artesana en red 03/03/2022 - 06:21

[…] Para aprender a usar las tecnologías digitales en la medida en que nos incorporan en un carril en el que nunca se llega al destino final. Así que hay que formar/aprender a usarlas: hoy unas y mañana otras. No solo es aptitud, también actitud. Ver artículo. […]

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