Sin señales

by Julen


Gracias a Bittor, director industrial en Consonni S.Coop. he conocido una experiencia de la que no había oído hablar: la eliminación de señales, semáforos y otros elementos de regulación para mejorar el tráfico en un espacio determinado. El mundo al revés. Y es que el asunto ha sido analizado hasta en Wired: A New Paradigm for Road Safety.

De mi precipitada lectura y a falta de profundizar más en ello, saco dos ideas básicas:

  1. El concepto de «sistema» arrasa. Regular el tráfico es regular el no-tráfico. Cuando delimitas una vía pública para los coches lo estás haciendo también para los peatones. La segregación genera distancias y aleja objetivos comunes. Si eliminamos límites internos, obligamos a la gente a colaborar entre sí y a asumir responsabilidades que antes estaban fuera de su capacidad.
  2. Los modelos mentales que leí en La Quinta Disciplina de Peter Senge (sí, sí, accesible en Rincón del Vago) nos condicionan en negativo para poder mejorar. En un mundo en el que necesitamos, para determinados ámbitos, radicalidad, nuestro punto de partida es lamentable. Haciendo las cosas como las hemos hecho hasta ahora, el horizonte no se mueve apenas. Así que, si andas mal, muy mal, no pierdas el tiempo en tratar de mejorar. Olvida lo que sabes… si puedes.

Otro asunto a perseguir: ¿qué pasa si quitas los límites? Que las personas deben buscar nuevas conexiones, un nuevo marco de relaciones. Me pierdo en la inmensidad del nuevo enfoque. A descansar un rato.

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3 comentarios

Telémaco 28/11/2005 - 11:52

Tengo personalmente alguna experiencia que confirma lo que dices.

Hace un par de años para ir de mi casa al trabajo tenía que atravesar una rotonda regulada por semáforos y por culpa del mismo se montaban unas colas kilométricas. Hasta que un día a causa de una tormenta se averiaron los semáforos y curiosamente pasamos la rotonda de la forma más fluida.

Pero no todos los semáforos sobran, como decía Senge sobre los sistemas, hay que poner muy pocos en unos puntos muy concretos (puntos de apalancamiento) para controlar el sistema.

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Julen 28/11/2005 - 12:50

Ya, pero los puntos de apalancamiento son tan caprichosos… Donde menos lo esperas salta la liebre. La emergencia de nuevos tipos de organización necesita cultivarse. Hay que mirar al mismo tiempo de lejos y de cerca. Con los semáforos sucede algo curioso: puedes acelerar entre uno y otro pensando que si llegas antes al siguiente podrás encontrarlo verde. Pues no es así. Independientemente de cómo te comportes (corras o no), el sistema actúa implacable porque no entiende, no es sensible a su entorno. Puedes ir mucho más despacio y llegar antes incluso si Murphy le mete caña al carril del rapidillo…y entonces a ver quién es el que es capaz de aguantar una sonrisa burlona…
Por cierto, la blogosfera aún no sabe qué pasó un viernes 25 de noviembre…

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Iñaki 29/11/2005 - 00:36

Esta reflexión me recuerda a la impresión que me produjo el tráfico en Nápoles, hace ya unos cuantos años.

Había semáforos, pero era como si no los hubiera. Filas interminables de vehículos salían por todas las bocacalles e iban buscando su acomodo entre los de las calles a las que se incorporaban. Nadie se mosqueaba, era la forma normal de circular. Ahora tú, ahora yo.

Y las calles estaban repletas de coches. Si hubieran tenido que respetar los semáforos sería imposible moverse, toda la ciudad estaría colapsada. Mediante esa forma de circular las filas interminables avanzaban.

Ah! Hay que reconocer que el hecho de que las motos circularan por las aceras, entre los peatones, también ayudaba a agilizar el tráfico.

Efectivamente, a falta de normas, el personal se busca la vida y, en determinadas condiciones, el resultado es mejor que cuando existen las normas.

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