El relativismo de la persona cooperativa del siglo XXI

by Julen

El pasado viernes tuve el gusto de asistir a una nueva defensa de un trabajo fin de máster (TFM) de nuestro Máster en Cooperativismo y Gestión Socioempresarial. Si hace unos días compartía aquí una fábula que pude leer en otro TFM que me llamó especialmente la atención de ese mismo máster, esta vez el fondo de la cuestión que Carla Machado eligió para su trabajo traía consigo unas buenas cargas de profundidad. El asunto tenía que ver con la formación de personas cooperativas. En su caso era en Brasil, pero la reflexión bien la podemos aplicar a nuestro caso en MONDRAGON en los tiempo convulsos que se viven.

Carla nos presentó una investigación que ha llevado a cabo en seis organizaciones allá en Brasil, cinco de ellas de carácter cooperativo y otra que no lo es. Ha conversado con los presidentes de las cooperativas y ha obtenido un resultado muy estimable: más de 400 respuestas a su cuestionario. El caso es que su exposición me hizo recordar la pertinencia de compartir aquí un trabajo reciente que ayuda a entender de qué hablamos cuando empleamos la expresión «persona cooperativa». Se trata de KOOPHEZI-L: Escala para medir el perfil de la persona cooperativa en los trabajadores y las trabajadoras.

La Persona Cooperativa es una persona con actitudes y valores individuales y comunitarios respetuosos con el ser humano y con la sociedad; es autónoma, trabaja de forma colaborativa y es emprendedora social. En definitiva, es una persona que piensa y realiza acciones que favorecen una transformación social basada en la solidaridad y en la innovación.

En este trabajo de investigación se sugieren estas dimensiones (podéis encontrar un mayor detalle en las páginas 22-25 del documento que cito):

  • Autoeficacia: «la capacidad de cada persona para creer en sí misma, es decir, para confiar en que tendrá éxito en una determinada situación» (es un término tomado de Bandura).
  • Necesidad cognitiva: «: Las personas que muestran necesidad cognitiva buscan, organizan y estructuran la información que tienen alrededor de forma activa. Dicha necesidad se da en personas que buscan estímulos nuevos».
  • Moral interiorizada: «Esta dimensión evalúa la respuesta que se ofrece ante una persona que necesita ayuda —en un problema o una necesidad concreta— y el razonamiento que se hace en dicha situación».
  • Empatía cognitiva: «El componente cognitivo de la empatía implica comprender y percibir lo que el otro piensa y siente»
  • Interdependencia de objetivos, una característica que «ha mostrado correlaciones positivas con el proceso de aprendizaje, con la cantidad de información compartida y con la eficacia del grupo».
  • Comunicación asertiva: «un comportamiento que permite expresar de forma adecuada la oposición, la discrepancia, las críticas».
  • Emprendimiento social, un concepto que reúne cinco características en este tipo de personas:
    • encuentran oportunidades en la nueva economía
    • su personalidad es adecuada para el emprendimiento
    • ofrecen liderazgo cooperativo para generar vínculos entre la economía y la comunidad
    • se sienten motivadas por intereses a la largo plazo
    • trabajan en grupo desempeñando roles complementarios
  • Justicia social y benevolencia, un concepto bastante empleado en el imaginaria cooperativo y que incluiría, respectivamente: democracia, igualdad, equidad, solidaridad, responsabilidad social y vocación social, por un lado, y, por el otro ayuda mutua, corresponsabilidad, honestidad y transparencia.
  • Visión positiva del ser humano, lo que supone entender que:
    • las personas no son perezosas por naturaleza
    • las personas son capaces de guiarse y de controlarse por sí mismas
    • las personas son capaces de proponer ideas y sugerencias interesantes para mejorar la eficacia de las organizaciones

Pues bien, tras escuchar la defensa de Carla, enseguida me vinieron a la cabeza algunas reflexiones sobre el momento presente, no tanto por lo que suceda con los procesos abiertos en Orona y Ulma, sino desde una perspectiva más amplia. Todo, lo reconozco alrededor de una idea: el relativismo de la persona cooperativa. Me explico un poco, aunque seguro que el análisis nos podría dar para un texto mucho más amplio.

Nuestra sociedad contemporánea, decimos se ha vuelto BANI. El acrónimo se lo debemos a James Cascio, del Institute For Future. Si hace unos años se puso de moda el término VUCA, hoy (bueno, no hoy, porque el término tiene su tiempo) empleamos BANI: Brittle, Anxiety, Non-Linearity and Incomprehensible. Es decir, enfrente tenemos un mundo frágil, ansioso, que no se explica en términos lineales e incomprensible. ¿Cómo le puede afectar a la persona cooperativa?

Desde luego que tenemos que estar preparados para alguna que otra paradoja. Aunque ya decía que no quería volver sobre el caso de Orona y Ulma, si decidieran finalmente salir de MONDRAGON, ¿sus personas serán por ello menos cooperativas? Me temo que habrá que echar mano de una complejidad dinámica de suficiente calibre como para reconocer que causas y efectos son difíciles de entender. ¿Incomprensible? No, pero desde luego que es una situación muy compleja. Y frágil, más frágil que nunca.

Supongo que tendré que acudir otra vez a uno de esos «libros-ancla» de uno de mis autores de cabecera, Richard Sennett. Habrá que releer Juntos, subtitulado Rituales, placeres y política de cooperación. Ahí podemos rescatar algunos argumentos y ver —otra vez— la botella medio llena. Creo que hace falta en los tiempos actuales.

Vuelvo a la razón de ser de este artículo y con esto termino. El relativismo al que aludo en el título tiene que ver, entre otros, con varios hilos argumentales:

  • El constante bombardeo mediático de verdades y mentirasFake news o no, la persona cooperativa está sometida a un estrés informativo como nunca antes. Una cosa y su contraria pueden llegarle en cuestión de minutos. ¿Qué referencias son validas?
  • La cultura de cada lugar condiciona. La persona cooperativa de Mauritania y Senegal me temo que queda lejos de la de esta parte del sur de Islandia en que vivimos. El caso del cooperativismo vasco se integra en la universalidad del cooperativismo. ¿Universal? Pero con matices.
  • Las organizaciones sufren —¿o disfrutan?— una intergeneracionalidad compleja. Quienes las integran componen una amplia gama cromática a la hora de entender el mundo en que vivimos las personas (o tratar de hacerlo, al menos). Miradas distintas, una heterogeneidad que viaja dentro del mismo contenedor cooperativo. Tenemos enfrente organizaciones tensas.
  • El tamaño de la organización en que la persona cooperativa trabaja. Este siempre me ha parecido un factor decisivo. El número de Dunbar se quedaba en torno a 150 como número máximo de personas que pueden relacionarse plenamente. Pero las cooperativas de MONDRAGON, por ejemplo, han crecido. Y quieren seguir haciéndolo, ¿no? ¿Se pierde calidad cooperativa al aumentar la cantidad de personas bajo el mismo paraguas?

En fin, ya digo que esto da para mucho más. Estuvo muy bien escuchar a Carla el viernes pasado. Muy buen TFM el suyo. Salí de él con unas cuantas mariposas revoloteando por mi cabeza. De ahí este post. ¿La persona cooperativa rema a contracorriente en la sociedad contemporánea?

Imagen de Vicki Hamilton en Pixabay.

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1 comentario

Juanjo Brizuela 09/12/2022 - 10:07

Si las cooperativas son personas, las empresas en general; esto debe ser puesto en primera persona.
Y tiene mucho mucho sentido

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