Mantener el empleo en tiempos de crisis: lo normal ¡en Japón!

by Julen

Creo que estamos bastante aburridos de escuchar día sí y día también que los empleos dependen de qué tal vaya la economía de las empresas. ¿Hay beneficios? Corren buenos tiempos y el empleo se mantiene o crece. ¿Por qué? Pero, bueno, Julen, ¿eres tonto? Las empresas ganan dinero y esa riqueza se socializa en términos, entre otras cosas, de empleo. La otra cara de la moneda es, también, evidente: crisis económica, crisis de empleo. La pandemia del coronavirus nos dispara a través de la pantalla del telediario de turno: despidos aquí y allá. Todo sea por la salud de la compañía, que necesita seguir siendo rentable para que, cuando las cosas vengan bien dadas, proporcione empleo.

La moraleja de todo esto es que el empleo básicamente DEPENDE. Lo hay o no según cómo vayan las empresas. Así que hay que poner alfombra roja para que las empresas generen empleo. Ahora bien, las personas son un coste. Y un coste incómodo. Si no te portas bien, me voy a buscar a Portugal, Rumanía, Bangladesh o al África profunda. No te creas con tantos derechos.

Sin embargo, esto que explico es un hecho cultural. Japón parece que se va a quedar en el 3% de paro a fin de año. ¿Qué tal les va? Me temo que en esta economía global será difícil que escapen a los tremendos efectos de la COVID19. Entonces, ¿por qué no se destruye empleo? Es bien sencillo, culturalmente el trabajo está a años luz de toda esta cantinela de vínculo inquebrantable entre coyuntura económica y nivel de empleo en que vivimos en occidente. Es bien sencillo: con otros valores de por medio lo que aquí es axioma allí no tiene sentido alguno.

Sin pretender hacer comparaciones porque las distancias filosóficas son evidentes, el cooperativismo plantea en cierto modo un plus de conexión con el trabajo que podría enlazar con la filosofía japonesa. El ikigai japonés se empeña en dar sentido a la actividad que llevamos a cabo y ponerla al servicio del bienestar de los demás. Por supuesto, acaba redundando en bienestar propio. Hurgar ahí dentro, en el ikigai que cada cual aplicamos a nuestra actividad profesional suena extraño. Nuestra cultura occidental se sigue configurando a base de contingencia, de relaciones de eficiencia, de hoy sí pero quizás mañana no. La seguridad, algo de lo que Richard Sennett ha hablado tanto, ha saltado por los aires y vivimos sobreexpuestos a que las cosas vayan bien o mal. Nadie puede definir un proyecto de empleo o de vida a largo plazo. Es una ilusión, nada más que una ilusión.

Dicho lo anterior, el cooperativismo parece que sortea mejor las crisis. Al menos desde el punto de vista de flexibilizar salarios y salvar el reto con un mayor compromiso colectivo. Pero ya hemos conocido el fracaso de Fagor Electrodomésticos. Cierto que no se cumplieron los peores augurios y que seguramente algo habremos aprendido, pero las leyes del mercado de empleo occidental pesan mucho. Todo el rato hay que compararse con las nuevas GAFAM, la gig economy y la nueva taylorización digital. Nuestra vida se fragmenta, nuestro trabajo también. El empleo desaparece, se volatiliza. Está sometido a la coyuntura. Crisis va, crisis viene. Vivimos en la era del crisismo. Hoy es la pandemia, mañana Trump que se vuelve loco o Google que domina, por fin, el mundo.

Japón carga con sus miserias. Aquí los dramas van por barrios. Allí sucede algo impensable aquí: el karoshi. ¿De qué hablo? De morir por exceso de trabajo. La huelga a la japonesa te suena, ¿verdad? Pues tira del mismo hilo y que siga la fiesta. Hay semejante vínculo emocional con el trabajo que puedes caer en la espiral sin fin. Más lleva a más y el círculo vicioso termina contigo. Ya veis, siempre hay reverso de la moneda. ¿Mejor el empleo asegurado del país nipón? Aquí me temo que a más de uno le saltaría la tapa de los sesos si hubiera que hablar en esos términos. Aquí, nos dicen, es imposible. Aquí las «compañías» tienen que hacer sacrificios y despedir gente para que haya futuro. La pérdida de tu empleo es un daño colateral. Nada más que eso. Pero quizá hay otros puntos de vista. Por mucho que te cueste entenderlos.

Imagen de Pexels en Pixabay.

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