Actitud (crítica) ante la digitalización

by Julen

A nivel de país en Europa se maneja el Índice de Economía y Sociedad Digital (DESI), que resume cinco indicadores del rendimiento digital y que «permite un seguimiento de la evolución de los Estados miembros de la Unión Europea en la competitividad digital». Los cinco indicadores en cuestión son: conectividad, capital humano, uso de internet, integración de la tecnología digital y servicios públicos digitales. Por su lado, desde el lado empresarial, hay varias organizaciones que se encargan de medir el grado de digitalización. Así, tenemos el Digital Transformation Index elaborado por Dell, o el quizá más conocido McKinsey Global Institute Industry Digitizaton Index, que utiliza 27 indicadores y que dispone también de una versión para el análisis de los países. En cualquier si buscas digitization index en Internet encontrarás unas cuantas referencias, cada una de su padre y de su madre.

Si miramos, por ejemplo, al balance que hace cosa de un año realizaba McKinsey, se citaban estos diez aspectos clave:

  1. Large economic potential is linked to digitization—and much of it yet to be captured.
  2. Digital superstars are rising far beyond the US big four and China’s big three.
  3. Digital natives are calling the shots.
  4. Digital changes everything—even industry boundaries.
  5. Agile is the new way to compete.
  6. Playing the platform economy is an “in the money” option.
  7. Self-cannibalization and innovation are a necessity for digital reinvention.
  8. Going after the right M&A (Mergers and Adquisitions) is key.
  9. Effective management of digital transformation is vital—but challenging.
  10. Leveraging, and transitioning from, digital to new frontier technologies is an imperative.

Sea en este nivel de grandes tendencias o en un plan más interno relativo a cada organización, siempre pienso que lo que de verdad importa es la actitud. La famosa caracterización VUCA del entorno actual obliga a mirar al futuro desde la certeza que el baile va a continuar, de que los cambios no se van a detener y, por tanto, es difícil acertar si no es a través de una permanente adaptación a las circunstancias. Ahora bien, cuando afirmamos esto no queremos decicir aceptar, sin más, un perpetuo vaivén afectado por las modas del momento. Este es el gran peligro: la incorporación de nuevas tecnologías no puede olvidar el análisis crítico. Y esto supone que a veces acertamos y a veces fallamos. Pero la actitud siempre es la misma: analizar si la tecnología en cuestión nos aporta valor.

Si descendemos hasta la actitud individual de cada cual terminamos por encontrar el mismo patrón. La situación es tal que vivimos sometidas a un permanente bombardeo digital, sea en forma de dispositivos –con la renovación obsesiva de los smartphones como punta de lanza– o en forma de software. Sabemos que el buen uso de estas tecnologías nos hace ser más eficientes. Nuestras competencias personales pasan hoy por una buena compenetración con nuestros gemelos digitales. La tecnología en forma de prótesis cultural, tal como la presenta Rober Bartra, tiene mucho que ver con esta expansión de nuestras capacidades.

Sin embargo, cuando pienso en la actitud me da miedo el simple seguidismo. Creo que es fundamental el sentido crítico. No podemos comulgar con todo el alpiste que nos echan porque acabaremos como marionetas manejadas por los GAFAM de turno o por los estados, si es que recuperan el poder digital. Necesitamos no bajar la guardia y, ante cualquier nuevo estímulo, mantener una distancia crítica. Ya sé que es muy complicado y que supone esfuerzo. No voy a pedir una ciudadanía en permanente estado de alerta, pero sí que apelo a no dejar que la tecnología entre así, sin más, en nuestras vidas.

Necesitamos una cultura digital que vaya más allá de la eficiencia que nos promete. ¿Por qué hay que pensar todo el tiempo en esa sacrosanta eficiencia? Hay que introducir ética en la ciencia de datos y en todo lo que termina en algoritmos (no sé por qué me suelo equivocar con el teclado y escribo con cierta frecuencia algortimos) porque la tecnología, por supuesto, tiene ideología. Los índices de digitalización de países, de sectores económicos o de empresas individuales necesitan que la gente de a pie desarrolle una cultura digital crítica. Ahora más que nunca. No sé muy bien cómo se mediría porque tendría que incluir una postura activa ante los avances tecnológicos, pero no una simple adopción. A veces decir que no es la mejor manera de progresar en lo tecnológico. ¿No te parece?

Imagen de FunkyFocus en Pixabay.

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