Nuestra inteligencia y los exocerebros

by Julen

Es más que evidente que nuestra inteligencia tiene que ver con la gestión del entorno. Sea de la mano del solipsismo, de la relatividad o del idealismo, ahí fuera puede que no haya sino lo que somos capaces de crear. Nuestra interacción con el mundo nos provee de información para luego articular la vida en base a una suma de lo que somos y de lo que construimos. Es imposible pensar en una inteligencia única, propia, humana, desligada de la que hemos creado a nuestro alrededor. Sea artificial o no, depende del cristal con que se mire.

Digo lo anterior porque vivimos en un mundo de exocerebros. A veces pueden parecer inquietantes, pero en el fondo son humanos. Al menos en tanto que su origen está en nuestra naturaleza humana. Carbonell y Sala ya nos advertían: Aún no somos humanos (insisto en esta crítica). Negando la mayor, creo que allanan el camino de qué es humanidad en pleno siglo XXI. Humanidad es la suma de nuestra fisiología y lo que con ella hemos sido capaces de crear. ¿Me voy explicando? Pues eso, un mundo rebosante de exocerebros.

El que se ha hecho un hueco en nuestros corazones es el teléfono móvil. Se ha convertido en una extensión de lo que somos. Ha aceptado entrar en esa zona de los animales de compañía. Como dispositivo capaz de integrar capacidades, no hay quien pueda con él. Eso sí, al precio de vender nuestra alma al diablo. Bueno, a los gigantes que dominan el mundo, sean GAFAM u otros muchos a quienes ni conocemos. A pesar, claro está, de que nos hayan ofrecido una cosa llamada contrato de prestación de servicios para que leyéramos el sentido de la transacción. La ingeniería social a pleno rendimiento hizo el resto: ni tú ni yo lo leímos. Ni lo leeremos. Estamos en sus manos. Pero, reconozcámoslo, el teléfono móvil es hoy parte de lo que somos.

Conste que exocerebro fueron antes las clásicas enciclopedias de toda la vida. Aquel saber se explicitó con la tecnología disponible en el momento. Los tomos, clasificados por orden alfabético, siempre estaban allí. No eran portables, una pena. Así que servían solo en momentos muy concretos.

La idea de exocerebro también casa bien con la idea de los contextos significativos de aprendizaje. Según la disposición de lo que nos rodea, aprendemos. O no. La manera más sencilla de entender este asunto es pensar en los idiomas. Si el contexto es significativo, si estás en el país en el que se habla ese idioma que quieres aprender y pasas tiempo y tiempo en él, casi lo vas a aprender sin querer. El exocerebro ha hecho su labor. Te ha proporcionado las condiciones para saber. Era tu inteligencia exenta, la que estaba ahí fuera para sumar a la que te salía de dentro.

Quizá ya estés pensando que este artículo tiene que ver con ChatGPT y lo que se está denominado inteligencia artificial generativa. Sí, bueno, seguro que es un buen ejemplo. Más madera y con más titulares de por medio. De nuevo se trata de aceptar que ahí, en ese engendro, seguimos siendo nosotros, en tanto humanos, quienes nos definimos.

Demonizar ChatGPT es negarnos como humanos. Otra cosa es la irresponsabilidad de negar que nos enfrenta a un dilema. Los exocerebros son cada vez más y cuentan con mejores habilidades. De momento siguen ahí fuera, aunque no siempre. Que nuestros cuerpos admitan chips es algo que ya sucede. En cuestiones de vida o muerte, en el que hay que procesar datos para no irse al otro barrio, ya parece justificado. El exocerebro reniega de su rol y se adentra en lo que somos. Sea para monitorizar la glucemia o para buscar en la wikipedia. Lo primero es un chip aceptado; lo segundo, puede que no tanto. En fin, el transhumanismo está sobre la mesa.

ChatGPT me dice esto de los exocerebros:

Un exocerebro es un concepto futurista de un dispositivo externo que amplía y mejora las capacidades cognitivas y mentales de un ser humano. En teoría, un exocerebro podría ser un dispositivo que se conecta al cerebro y proporciona una ampliación de la memoria, la capacidad de procesamiento y otras capacidades mentales.

El exocerebro es un concepto de la ciencia ficción que se ha popularizado en novelas, películas y juegos de video, pero todavía no existe un exocerebro real en la vida real. Sin embargo, la investigación en neurociencia y tecnología está avanzando y es posible que en el futuro se desarrollen dispositivos que tengan algunas de las características de un exocerebro.

En resumen, el exocerebro es un concepto futurista de un dispositivo que amplía las capacidades mentales de un ser humano. Aunque aún no existe un exocerebro real, la investigación y el desarrollo tecnológico pueden llevar a la creación de dispositivos similares en el futuro.

Imagen de Thomas Skirde en Pixabay.

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1 comentario

Manel Muntada 30/01/2023 - 09:19

Pues aquí, como que no estoy de acuerdo con “Chapi”, el exocerebro, desde mi punto de vista y los autores [Bartrà o Robert A Wilson] que hablan y trabajan en este concepto, no tiene nada de futurista ni es ciencia ficción, es el sistema simbólico cultural que nos rodea y que compartimos con todos los seres humanos con los que compartimos esa cultura, o parte de ella y existe desde que la Humanidad lo es. Va más allá de sistemas periféricos individuales a los que deleguemos tareas de memoria o de relaciones lógicas, no se trata de una ampliación de nuestro cerebro, el exocerebro “es el cerebro” y, nosotros, no somos más que terminales. Una concepto maravilloso y que nos remite a las malla relacional de los bosques, y apunta a que, posiblemente no exista otra inteligencia que la colectiva ya que cualquier logro individual está determinado por lo colectivo a la vez que lo alimenta, un tema de lo más interesante,ya sabes

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