¿Podemos hablar de empresas inteligentes y de empresas estúpidas?

by Julen

Supongo que es una pregunta a la que Amalio Rey, que tanto tiempo ha dedicado a investigar la inteligencia colectiva —y me da que sigue dedicando—, nos podría contestar con más propiedad. Como quiera que estoy leyendo ahora Las culturas fracasadas, un libro que tenía pendiente de José Antonio Marina, en el que da vueltas en torno a la supuesta inteligencia o estupidez, no ya del individuo, sino de las diferentes formas en que se agrupa, me planteo en concreto la pregunta con la que titulo este artículo: ¿podemos hablar de empresas inteligentes y de empresas estúpidas?

Desde luego que una forma más sencilla de encarar el asunto es pensar, sin más, si una empresa se gestiona bien o se gestiona mal. Quizá, si el paso del tiempo demuestra que la buena gestión se mantiene, podamos concebir algo así como la empresa es inteligente. La cuestión de fondo siempre tiene que ver con confrontar la responsabilidad individual y la colectiva. ¿Una mala decisión empresarial representa la decisión de la empresa o es la decisión de una determinada persona o equipo?

Evidentemente, el poder de decisión en una empresa se organiza mediante fórmulas muy diferentes. ¿Es lógico pensar que, por ejemplo, una cooperativa —que para algo dispone de una asamblea general y del mecanismo de «una persona, un voto»— que decide mal (o bien) hace más corresponsables a todos sus miembros? Al decidir, valga la expresión, de forma estúpida, ¿hace de verdad estúpidas a cada una de las personas que es socia? Claro que no todas las personas socias tienen la misma capacidad real de toma de decisiones. Sí, en última instancia, a través de la asamblea, pero entre tanto hay muchas otras decisiones en el día a día que conducen a mejor o peor puerto la competitividad de la cooperativa.

Si miro a mi experiencia, desde luego que tengo la sensación de que hay empresas mejores y peores, pero ¿inteligentes y estúpidas en sí mismas? ¿Hay culturas empresariales tóxicas? Seguro que no es tan difícil encontrar casos. Uno no sabe a veces muy bien cómo determinadas personas pueden llegar a determinados puestos. Supongo que es cuestión de ambición, de crecer, de politiqueo, para alcanzar el poder. Una vez conseguido, una vez que estas personas se han encumbrado hasta lo más alto gracias al principio de Peter, solo queda esperar lo peor. Pero, de nuevo, vuelvo a lo mismo: quienes han consentido que semejantes personas estúpidas lleguen allí, ¿no tienen responsabilidad?, ¿no son también estúpidas?

Pienso en Twitter, pienso en Elon Musk. Pienso en Estados Unidos, pienso en Donald Trump. Pienso en el clásico de siempre: la llegada al poder a través de las urnas de Adolf Hitler. Pero, en nuestro entorno más cercano y desde la perspectiva del vaso medio lleno: ¿hay empresas tocadas por la mano de Dios a las que (casi) siempre les salen las cosas bien? ¿Son empresas inteligentes? ¿Podemos calificarlas así o, de nuevo, hay que recurrir a personas concretas y a equipos concretos? ¿O fueron inteligentes porque tuvieron el acierto de que esas personas tuvieran las responsabilidades adecuadas para tomar las mejores decisiones?

No quisiera focalizar en el ámbito cooperativo, aunque es quizá del que más puedo hablar. Siempre recuerdo una frase de un colega ya jubilado que me solía decir que, por ejemplo, una cooperativa tiene el consejo social que se merece. Es decir, cuando te quejas respecto a los órganos colegiados, quizá deberías pensar cuánta responsabilidad tienes en lo que sucede. ¿Cada cooperativa se merece su suerte?, ¿cada cooperativa tiene el éxito o fracaso que se merece? ¿Podemos aludir a una auténtica relación causa-efecto? ¿Cuánto de casualidad hay en todo esto?, ¿cuánta inteligencia y cuánta estupidez empresarial se explican a través de la casualidad?

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1 comentario

Amalio Rey 11/11/2022 - 09:58

Bueno, ya que me citas, doy mi opinión. No sé si con más o menos propiedad, pero es la mía, después de (efectivamente) pensar mucho en esta cuestión. La clave de todo esto es valorar la “inteligencia colectiva” de una empresa no desde una lógica finalista (reduccionista): beneficios o no, sino desde un modelo más integrador que, como sabes, explico en mi libro: 1) ¿Cómo son sus objetivos?, 2) ¿sus procesos son (suficientemente) afectivos, contribuyen a forjar relaciones sociales saludables?, 3) ¿sus procesos son eficientes?, 4) ¿es eficaz, consigue sus objetivos?, 5) ¿qué efecto produce en el resto de la sociedad? Todo eso debería ayudarnos a valorar/medir cuánto de inteligente es una empresa, o un colectivo cualquiera. El primer punto es crítico, y el gran olvidado. También el último. Si una empresa se plantea objetivos estúpidos, su eficacia también lo será. Si enriquece a sus propietarios a costa de empobrecer a los demás, también se comporta de forma estúpida. Que podamos decir que esa estupidez es colectiva o individual dependerá, como dices, del modelo de gobernanza. El ejemplo que pones de las cooperativas es claro y fácil de asociar a lo colectivo. Pero hay empresas que no lo son, y tienen modelos de decisión más distribuidos. Lo que dices es acertado en el sentido de discernir entre individuos y colectivos estúpidos. A menudo se achacan decisiones individuales a supuestos absurdos colectivos que no lo son.

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