Viajar menos para reducir la huella de carbono

by Julen

Cuando pienso en viajar siempre me vienen a la cabeza dos personas. Una a la que conocí hace unos cuantos años, Iván Marcos Peláez, cuando dijo que quería hacer un trabajo fin de máster del estilo la vuelta al mundo en 80 cooperativas. Entonces entendí la auténtica dimensión del viaje como experiencia de conocimiento y aprendizaje. La otra persona es alguien a la que conozco desde hace mucho más tiempo: mi hermana. El viaje forma parte de lo que somos como personas, no tengo duda alguna.

Hace tiempo que leí el Informe de Sostenibilidad y Compromiso Corporativo 2021 que Trek Bikes ha elaborado. Aunque siempre alerta ante las extendidas prácticas de greenwashing que las grandes transnacionales emplean, el documento es muy interesante. Plantea el uso de una metodología más o menos contrastada —por supuesto con la típica empresa de consultoría de por medio— para medir su huella de carbono. Como quiera que estas cosas solo adquieren verdadero rango de compromiso cuando se traducen en acciones, el documento incluye lo que denominan «nuestras 10 áreas clave para reducir nuestra huella». Pues bien, entre ellas se incluye la siguiente:

Reducir los viajes corporativos: en 2021, los viajes se han reducido en un 50% en relación con el nivel previo a la pandemia y la marca continuará recortando los viajes en avión en el futuro.

La pandemia nos ha obligado a reducir nuestros movimientos físicos. Los viajes han descendido, esto es más que evidente. Ahora bien, ¿deberían seguir haciéndolo en el futuro? Trek así lo afirma. Y es a partir de este caso particular cuando se me plantea la cuestión: ¿el futuro, nuestro futuro compartido en el planeta, debe asumir que tendremos que viajar menos?

Por supuesto que una primera reflexión tiene que ver con la forma en que viajamos. Por ejemplo, ya que quien ha llevado a cabo la reflexión es Trek y que aquí nos declaramos apasionados practicantes de los viajes cicloturistas —con montaña de por medio preferentemente—, va por delante que viajar en bici es un caso muy particular de desplazamiento por el territorio que debiera ser incluso promocionado. O sea, que dime cómo viajas y te diré si es una actividad a reducir o no desde el punto de vista de la huella de carbono.

Sin embargo, si extrapolamos al «viaje» como actividad no ya de ocio, sino también de aprendizaje, ¿tenemos que reconsiderar su promoción entre las nuevas generaciones? De nuevo me asalta la idea de la forma en que viajar. No hay duda de que las referencias que nos llegan desde la realidad virtual y la realidad aumentada permiten que el «viaje» se adentre en nuevas dimensiones. Ya sé que lo del teletransporte lo hemos visto siempre en pelis de ciencia ficción, pero aquí todo llega antes de lo que uno pensaba. A saber lo que veremos en los próximos años.

Desde luego que el viaje tradicional, por llamarlo de alguna manera, necesita un pensado. Meterse en un avión, con low cost de por medio o no, puede no ser el mejor ejemplo para lanzarse a viajar por el mundo. La industria aeronáutica se pondrá las pilas y veremos cómo los combustibles fósiles pierden terreno. Digo yo, ¿no? Pero, mientras tanto —y en esto siempre pasan unos cuantos lustros hasta que se llega a algún lado—, la cultura del viaje tiene que cambiar.

En esencia, el contacto con diferentes, con otras formas de pensar y sentir o de interpretar el mundo, es vital para crecer en diversidad y respeto mutuo. Viajar es empatizar. Viajar es inherente al ser humano, pero no podemos aislar este fenómeno de la sostenibilidad respecto al planeta en que vivimos. Trek quiere reducir los viajes de negocios. Ahí es evidente: es un viaje que se mueve en los peores estándares posibles. Siempre hay prisa y hay que buscar un time-to-market que olvida cualquier otra variable que no sea «ya». Así que el avión es la norma. Pero la norma es insostenible.

Y ahora va la pregunta: ¿está en tus previsiones como organización un descenso en el número de viajes de tu plantilla? Míralo en tus relaciones cliente-proveedor, pero también en los desplazamientos a tu plantilla a tus centros de trabajo. Estoy seguro de que ahí tienes una bolsa de mejora considerable. Y sí, no solo es reducir la huella de carbono, sino también los costes. Dinero, hablamos de dinero, que eso siempre funciona, ¿no?

Por cierto, para terminar: ¡qué peor ejemplo que el de esos 400 jets privados que se han usado para desplazar a las élites que han acudido a la la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de este año. Lamentable no, lo siguiente.

Imagen de Rudy and Peter Skitterians en Pixabay.

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2 comentarios

Alberto 05/11/2021 - 08:11

Una reflexión interesante y necesaria. No es lo mismo acudir en un jet privado a hacerse la foto haciendo promesas vacías junto a los líderes del mundo o darse un paseo suborbital para mayor gloria de la desigualdad entre personas que estudiar diferentes modelos de organización a lo largo y ancho del planeta.

En el único planeta que somos capaces de habitar y explotar los recursos son limitados. Tenemos que decidir si los dedicamos a aprender o a hacernos una foto para compartir en redes sociales. Quizá se trata de viajar mejor. De analizar la necesidad y pertinencia de cada viaje. De evaluarlos en términos de coste beneficios. ¿Qué aporta un vuelo para comer hamburguesas y comprar pantalones vaqueros en un centro comercial de otro continente? ¿Hay que dedicar dos jornadas de trabajo a reunirse alrededor de una mesa para resolver algo que requiere de un orden del día y una hora de videoconferencia? ¿Por qué no hemos sido capaces de evitar los movimientos pendulares a los que millones de trabajadores dedican un par de horas al día?

En agosto de 2020, medio confinado en ese pueblo de la España vaciada en al que tanto me gusta viajar, leí «Manual del Antiturismo», de Rodolphe Christin. Una lectura en la que se plantean algunas claves sobre un modo de vida que nos impone un tipo de viaje que es parte del problema.

¿Quién no querría tener un jet a su disposición para plantarse en el sarao de moda? ¿Si estuviese a nuestro alcance no haríamos realizar la fantasía infantil de viajar al espacio? ¿Es condición para que le inviten a uno a los saraos tener el jet y disponer de la nave suborbital?

¿Quién querría ir a esos saraos si pudiera permitirse el lujo de pedalear el resto de sus días por la España vaciada?

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Julen 07/11/2021 - 05:46

NO hay duda de que el modelo de turismo que se ha impulsado incluye el viaje en avión. Solo hay que la aeropuertitis que vivimos. A disfrutar muchos años de Torrecuadrada 😉

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