Menos herramientas digitales y mejor usadas

by Julen

No cabe duda de que uno de los principales desasosiegos que provocan las actuales aplicaciones tiene que ver con: (1) el exceso de oferta disponible y (2) la constante actualización que sufren. Da igual para qué quieras emplear el software, cuando buscas en su correspondiente categoría, la lista de opciones es excesiva. Pero, además, todas ellas viven de una especie de beta permanente. El resultado, echando mano de lo que Barry Schwartz describió como paradoja de la elección, es que nuestra eficiencia no mejora, sino más bien al contrario, se deteriora y nos deja, además, una sensación de estar atrapados en un laberinto sin salida.

Otra cuestión que influye en esta pérdida de eficiencia es que no usamos las prestaciones que las aplicaciones nos brindan. El caso más evidente lo suelo encontrar con una herramienta de las de toda la vida: el procesador de textos. De hecho, incluso en un postgrado en marketing digital en el que tutorizo trabajos fin de máster me suelo encontrar con esta triste realidad. Sí, el valor se suponía. Me refiero a que se suponía que a estas alturas de partido sabrían manejar Word (por cierto, sigue siendo la ofimática por defecto para documentos complejos), pero luego la realidad es bien diferente.

Todo tiene que ver con la asertividad porque, si no somos capaces de decir que no a las nuevas propuestas, vamos a tener muy mala vida con las herramientas digitales. Conviene encontrar el justo medio entre la curiosidad –probar siempre es una actitud sana– y la cabezonería de continuar usando aquello que manejamos bien. En 5S digitales nos hartamos de repetir que menos es más. Y esto supone ir contra corriente, pero hoy lo que vende es Big Data. Ande o no ande, caballo grande. Pues va a ser que no.

Ayer tenía una reunión en la que la herramienta en cuestión era Moodle. Hablamos de un auténtico estándar. Es, con diferencia, el LMS (Learning Management System) más utilizado en las universidades. Cierto que no es una herramienta que pueda presumir de una interfaz amigable (lo siento, pero parece bastante obvio), pero el nivel de uso de sus funcionalidades entre el profesorado es el que es. No damos buen ejemplo. En la mayor parte de las ocasiones, con el gran argumento de que nuestra oferta es fundamentalmente presencial, no deja de ser un repositorio de PDFs y cuatro cosas más.

Más allá de dos monstruos como Word o Moodle, el incesante goteo de apps vive de que el público al que se dirigen es enorme. Así que una cifra de penetración del 0,00001% a lo mejor sirve. En esta carrera por encontrar, además, un modelo de negocio para el software, se imponen los pagos por uso y las suscripciones con acceso a diferentes funcionalidades. Todo un universo de incontinencia. Nada de darte una buena herramienta, que te asientes con ella y le saques el máximo partido. Se trata de hacerte caer en una vida de consumo. El difunto Zygmunt Bauman tenía más razón que un santo. Vivimos de la búsqueda continua y cuando llegas a encontrar lo que ansiabas alguien se va a encargar de explicarte que ahí no está la gracia, que tienes que buscar la siguiente pantalla, esa es la verdadera libertad:

En nuestra sociedad de consumidores, la necesidad de replicar el estilo de vida recomendado en el momento por los últimos ofrecimientos del mercado y elogiados por portavoces pagados o voluntarios ha dejado de asociarse a la coerción (una coerción externa y, por esta razón, especialmente ofensiva y enojosa). Al contrario, tienden a percibirse como manifestaciones de libertad personal (halagadora y gratificante).

Las herramientas digitales son solo herramientas. En 5S digitales nos hartamos de argumentar que hoy son unas y mañana serán otras, que lo que importan son los conceptos, algo que ya Pazos, el sicario que Manuel Manquiña interpretó en ‘Airbag, se encargó de inmortalizar.

Soy consciente de que la batalla, en gran parte, está perdida. Los intereses comerciales son demasiados como para poder detener la guerra. Las víctimas somos nosotras, nosotros. Nadie escapa a esta carrera armantística y nada hace suponer que se vaya a detener. Solo queda decir que no. No a esta herramienta, no a esta otra, no a una promesa de eficiencia de corto plazo. Ahí no está la pelea. Por cierto, para entender bien las cosas, conviene distinguir entre eficicacia, eficiencia y efectividad. El problema es que demasiadas veces nos enseñan a conseguir resultados (eficacia) con una inversión asumible (eficiencia). Claro que la cuestión de fondo era si esos resultados nos interesaban. A lo mejor teníamos que estar dirigiendo nuestros esfuerzos a otro asunto más relevante y ahí sí, entonces hablamos de efectividad.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.