Innovación gratis, por gentileza de las personas usuarias

by Julen

Una nueva entrega de la serie de posts en la que vamos sacando de las cavernas la que fue una tesis doctoral en torno a la innovación que procede de las personas usuarias. Dentro del marco conceptual era imposible no hacer referencia a uno de los padres de la criatura, Eric von Hippel. En mitad de la investigación cayó en nuestras manos su último libro hasta la fecha, Free Innovation. Dentro del capítulo dedicado a explicar diferentes perspectivas de la innovación abierta, introdujimos una somera presentación del concepto que acuñó von Hippel: free innovation.

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A principios de 2017 Eric Von Hippel ha publicado Free Innovation (Von Hippel, 2017), un libro en el que incorpora este nuevo concepto. En cierta medida, es una evolución lógica a partir de la denominada user innovation, en tanto que se reconoce –con datos– que el fenómeno de las contribuciones de los usuarios está muy extendido y que la característica más destacada de estas personas es que lo hacen porque sí y sin esperar, en la mayoría de los casos, nada a cambio. Son actividades que salen de dentro. El autor presenta Free Innovation como un nuevo paradigma que integra diversas visiones alrededor de un nuevo constructo. La define de esta forma (Von Hippel, 2017, p.1):

I define a free innovation as a functionally novel product, service, or process that (1) was developed by consumers at private cost during their unpaid discretionary time (that is, no one paid them to do it) and (2) is not protected by its developers, and so is potentially acquirable by anyone without payment—for free. No compensated transactions take place in the development or in the diffusion of free innovations.

Von Hippel enmarca este tipo de innovación en lo que denomina household sector, esto es, la economía doméstica. Frente a las habituales estadísticas gubernamentales que miden la innovación que desarrollan las instituciones (empresas fundamentalmente), se trata ahora de incidir en aquella otra que suele escapar de esas mediciones oficiales y que lleva a cabo la ciudadanía en su sentido más amplio. Las motivaciones que hacen posible que millones de personas se pongan manos a la obra por su cuenta son muy diferentes de las que provienen de las empresas. En general, son motivaciones intrínsecas, que proceden de cada persona individual por la simple razón de que se siente a gusto innovando alrededor de aquello que la apasiona. Diversión, aprendizaje o simple altruismo aparecen como elementos movilizadores.

La ilustración adjunta muestra la comparación entre este nuevo paradigma y el tradicional de la innovación que desarrollan las empresas productoras. Es importante señalar que no se presentan como paradigmas competidores entre sí, sino complementarios. Von Hippel enlaza con trabajos anteriores que ya adelantaban la capacidad disponible de miles y miles de personas que decidían dedicar su tiempo libre a actividades tradicionalmente consideradas como productivas. Sin embargo, hoy en día la disponibilidad de tecnologías al alcance de casi cualquier persona eleva la capacidad de los free innovators a cotas nunca antes conocidas (Shirky, 2011).

Paradigma de Free Innovation frente a Producer Innovation. Fuente: Von Hippel (2017).

 

En tanto que vinculados entre sí estos dos paradigmas, el autor concibe cuatro tipos de interacciones entre ambos:

  • Competición. La economía doméstica puede trabajar en los mismos productos o servicios y ofrecer, así, una alternativa al mercado tradicional. En este sentido, al aumentar la oferta pueden en parte hacer caer los precios.
  • Complementariedad. La economía doméstica y la tradicional llevan a cabo actividades innovadoras que se pueden complementar.
  • Difusión. La economía doméstica crea unos primeros prototipos que luego recoge la industria y los convierte en productos de mercado para su fabricación seriada.
  • La industria busca en la economía doméstica un apoyo para desarrollar innovaciones y la incentiva de diversas maneras.

Curiosamente, para el segundo y el tercer tipo de interacción, Von Hippel cita como ejemplo el sector de la bicicleta de montaña. Propone superar, de esta forma, el enfoque de “mercado” tan presente en las definiciones tradicionales de innovación. Más allá de las transacciones económicas de mercado, existe todo un ejército de personas que trabajan en sus talleres particulares, en sus garajes, en sus aficiones, en una labor callada que, sin embargo, puede dar lugar a importantes innovaciones. No hay nóminas de por medio ni criterios de máxima eficiencia ni competitividad. Su lugar lo ocupa el placer de dedicar el tiempo a lo que a cada persona le gusta y con lo que disfruta.

La fuerza de este nuevo paradigma se ha analizado mediante una serie de encuestas nacionales llevadas a cabo entre 2011 y 2015 en el Reino Unido, Japón, Canadá, Corea del Sur, Finlandia y Estados Unidos. Los resultados arrojan una cifra espectacular: 24,4 millones de personas han desarrollado algún tipo de innovación de producto (y se recalca, “solo de producto”, ya que no se ha preguntado por otro tipo de innovación sobre servicios o procesos).

Población que desarrolla productos para su propio uso en seis países. Fuente: Von Hippel (2017).

Como puede apreciarse en la tabla, los resultados fluctúan entre el 1,5% de Corea del Sur y el 6,17% del Reino Unido. El caso es que, traducidos esos porcentajes a número total de personas, las cifras alcanzan los 24,4 millones que se apuntaban. Si en vez de contar personas se pregunta por la inversión dedicada a este tipo de actividades, los números son de nuevo llamativos. La economía doméstica alcanza casi el 30% de la inversión en innovación que realiza la economía tradicional.

¿Por qué las personas en la economía doméstica dedican su tiempo y su dinero a innovar? A partir de investigaciones anteriores, existe un cierto consenso en que estas motivaciones pudieran ser: (1) el uso personal de las innovaciones que se desarrollen, (2) la diversión que en sí mismo suponen, (3) el desarrollo de habilidades y el aprendizaje, (4) la ayuda a otras personas y, finalmente, (5) conseguir dinero. Para profundizar en esta cuestión Von Hippel y sus colegas realizaron una encuesta en Finlandia y efectuaron un análisis tipo clúster para agrupar los diferentes tipos de personas que innovan a través de la economía doméstica.

Como se observa en el gráfico, el análisis clúster determinó, en base a las cinco motivaciones principales señaladas, estos tipos de free innovators: participativos, usuarios, ayudantes y productores. Los participativos representarían el 43% del total y su motivación principal tiene que ver con divertirse y aprender con lo que hacen, aunque también persiguen satisfacer una necesidad personal. Los usuarios serían aquellos que buscan fundamentalmente la satisfacción de esa necesidad personal y que, por tanto, harán uso de su innovación cuando les haga falta. Los ayudantes desean sobre todo ayudar a los demás y buscan la diversión y el aprendizaje. Por último, los productores incluyen en su marco motivacional el hecho de poder hacer dinero con lo que desarrollen, aunque también muestran otro tipo de motivaciones.

Análisis tipo clúster de free innovators en función de sus motivaciones. Fuente: Von Hippel (2017).

De todo lo anterior se deriva una considerable diferencia entre las motivaciones de las empresas y las motivaciones de las personas. En cierta forma suponen dos caminos paralelos, pero con algunos puntos de encuentro, tal como se deduce de las interacciones que se comentaban antes. Aquí cabe considerar que se abre una oportunidad para investigar. Cada sector, cada producto o servicio genera a su alrededor un ecosistema de agentes que intervienen y que necesita un análisis más pormenorizado. No parece lógico pensar en una receta única, sino en un conjunto de variables que admiten múltiples combinaciones según los casos.

Las personas en la economía doméstica se mueven, en gran parte, libres de los condicionamientos del mercado. Como no son empresas, no deben analizar continuamente la manera en que la innovación impacta en las ventas o en los márgenes. Estas personas hacen las cosas porque les sale de dentro, como se decía antes. En ese sentido, pueden entenderse como pioneras. Llegan a anticipar lo que en un futuro quizá se convierta en un producto o servicio avalado por la industria tradicional. Incluso parece que cada vez son más capaces de disponer de medios, en tanto que las tecnologías avanzan. Ya se ha apuntado la fuerza de la cultura maker, la cual se dota de los llamados maker spaces, lugares a medio camino entre el garaje personal y la fábrica tradicional. De nuevo puede entenderse en términos de competición o de colaboración. O incluso –y quizá tiene más sentido– en términos de coopetición (Nalebuff, Brandenburger, & Maulana, 1996), pero no tanto entre empresas –el enfoque de estos autores– sino entre esas empresas y las personas que usan sus productos y servicios.

Siguiendo este enfoque, la economía productora tradicional deberá buscar la forma de complementar y no tanto de hacer lo que la economía doméstica ya está haciendo. Pero a nadie se le debe escapar la compleja relación que esto supone. Así, a partir de los cuatro tipos de interacciones antes descritas, aparecen sus respectivos tipos de mercado diferentes:

  • Free-contested markets, en los que la economía doméstica compite contra la tradicional.
  • Free-complemented markets, donde se complementan.
  • Free spillovers of design information to producers, donde la economía tradicional recoge lo que la doméstica propone y lo traduce a mercado.
  • Producers’ support for free innovation, donde la economía tradicional toma un rol activo para impulsar la doméstica a fin de conseguir sus objetivos.

Así pues, Free Innovation se plantea como un nuevo paradigma que recoge ideas de otras corrientes, pero marca algunas distancias con ellas. En el capítulo final de su libro Von Hippel matiza las diferencias frente a user innovation, commons-base peer production y open innovation. Respecto a la primera indica esto:

The user innovation research lens is useful to distinguish between innovators who have first-hand vs. second-hand information regarding needs for a given innovation. Users, whether free innovators or firms, are the generators of need information. In contrast, producers must acquire it, with greater or lesser loss of fidelity, from users. […] As a second matter, users, whether individual free innovators or user firms, are likely to care only about their own needs for an innovation, while producers, motivated by sales, must care about broader markets. (p.144)

También considera interesante la aportación procedente de la denominada commons-base production, tal como la ha presentado Yochai Benkler (2002, 2006):

Commons-based peer production is term coined and brought to research prominence by Benkler (2002, 2006). It describes distributed “production” networks in which large numbers of contributors bring their own resources to an activity. They then work cooperatively, often via the Internet, to generate valuable outputs and reveal them to the commons. (p. 143)

Por último, la comparación con la innovación abierta ya se ha explicado en el apartado 3.2.1 y se han puesto de manifiesto las diferencias con respecto a la innovación de usuario. Von Hippel, no obstante, lo explica de esta manera:

Open innovation falls squarely within the producer innovation paradigm. This lens is useful to explore and explain why and when a corporate strategy of both acquiring and selling innovative content and intellectual property can increase profits relative to a strategy of relying only on internally developed intellectual property. The term “open” refers to an organizationally open producer innovation process rather than to one involving an information commons. In that way open innovation is closely akin to the concept of technology marketplaces.

Así pues, de lo expuesto en este apartado se concluye que existe un importante potencial en la innovación procedente de los usuarios, potencial que se manifiesta en cifras recogidas a través de las distintas encuestas nacionales realizadas. Al mismo tiempo, la manera en que la empresa debería intervenir en el universo de los usuarios es compleja, por cuanto estos se guían por objetivos que no siempre coinciden con los de aquella. Más en concreto, los usuarios suelen ser más proclives a compartir la información que generan; de ahí que existan muchas diferentes propuestas sobre cómo canalizar esta contribución de los usuarios[1]. Diferentes usuarios pueden aportar diferentes tipos de innovación. La oportunidad es evidente en un mercado que galopa hacia la personalización masiva. Los usuarios quieren (o les han hecho querer) productos y servicios únicos y ahora se abre la posibilidad de que intervengan directamente en diferentes momentos de su lanzamiento al mercado. Los usuarios líderes cuentan con la motivación necesaria para aportar su conocimiento. La pregunta es qué tipo de soportes son los más adecuados para facilitar que, efectivamente, lo hagan.

[1] Una amplia relación de herramientas puede consultarse en Mondragon Ikerketa Kudeaketa MIK, (2013).

Referencias bibliográficas

Benkler, Y. (2002). Coase’s Penguin, or, Linux and» The Nature of the Firm». Yale Law Journal, 369-446.

Benkler, Y. (2006). The wealth of networks: How social production transforms markets and freedom. Yale University Press.

Mondragon Ikerketa Kudeaketa (MIK). (2013). Open Basque. Escenario: Innovación abierta centrada en el usuario.

Nalebuff, B. J., Brandenburger, A., & Maulana, A. (1996). Co-opetition. HarperCollinsBusiness London.

Shirky, C. (2011). Cognitive surplus: creativity and generosity in a connected age. London: Penguin.

Von Hippel, E. (2017). Free innovation. Cambridge, MA: MIT Press.

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