Un buen jaleo: los distintos objetos que almacenan información digital

by Julen

Si pensamos en la manera en la que almacenamos y hacemos fluir la información en los tiempos actuales, es más que evidente que una inmensa mayoría tiene que ver con «lo digital». Claro que decir «digital» es hacer mención a una característica de la información que permite traducirla de mil formas y maneras. Me refiero a que cuando esa información queda almacenada en un soporte no podemos sino pensar en una especie de matriuska con diversas capas que se entrelazan entre sí, unas dentro de otras, pero con demasiadas excepciones y líneas de fuga, para nada en un sisterma homogéneo. Es decir, el sistema permite que convivan objetos de naturaleza común (son digitales) en sistemas y subsistemas que a veces se solapan, a veces se independizan o que, incluso, a veces mueren.

mapa mental UID

Si te fijas en este mapa mental que incluyo, puedes empezar a comprender la fiesta en la que vivimos. Vamos a partir, por ejemplo, de un contenedor clásico: un fichero generado por una aplicación informática, sean en local o en un entorno web. Ese fichero se distingue porque lo vemos como objeto único (bueno, vale, podría tener accesos directos para acceder a él por lo que no es tan único): está en algún lado y tiene un nombre que lo identifica. Sin embargo, junto a este «clásico» en la actualidad manejamos otros objetos digitales tan relevantes o más.

Piensa, por ejemplo, en los mensajes que intercambiamos a través de las aplicaciones de mensajería (disculpas por la redundancia) o en los correos electrónicos que nos enviamos. Son otro tipo de contenedores que pueden incluir texto, voz, imágenes, vídeos o incluso ¡ficheros ofimáticos! Pero, en sí mismos, una imagen o un vídeo son, de por sí, objetos únicos. Claro, son objetos que pueden quedar subsumidos en otros objetos (un fichero ofimático, por ejemplo) y que pueden, por qué no, formar parte de un correo electrónico. ¿Entiendes la matriuska? Y, por cierto, no pienses solo en datos, piensa en metadatos.

Este análisis de objetos digitales tiene su relevancia cuando queremos buscar eficiencia. Son tantas las opciones para mover información digital que el bosque no deja ver los árboles. Desde luego que la tecnología va a estar cada vez más preparada para extraer información útil (que nosotras transformaríamos en conocimiento) de todo este jaleo. Pero también es verdad que muchas veces tengo la sensación, cuando acometemos proyectos de 5S digitales, que la gente lo lleva cada vez peor. Simplemente se sabe que estamos perdidos en este caos y… ¡qué le vamos a hacer! Resignación.

Cuando hace unos días me puse a trabajar en el mapa mental que veis al comienzo de este artículo se me ocurría que estaría bien llegar a ciertos acuerdos básicos, quizá de mínimos. Ahora mismo las opciones son muchas para tratar con la información digital. Nuestras 5S digitales siempre nos están susurrando detrás: más es menos. Sí, contranatura en los tiempos que corren, repletos de bienaventuras procedentes de los datos masivos. Big data, por favor. A estas alturas de partido no me vengas ahora con que este no es el camino. Pues ya lo siento; es lo que estoy diciendo. No me queda nada claro que estemos progresando: tal cantidad de «más» nos está conduciendo a un bloqueo, la parálisis por el análisis, que ya nos explicó Barry Schwartz en su clásico La paradoja de la elección.

En realidad, el mapa mental que he dibujado es una versión muy simple e incipiente. En él incluyo algún ejemplo aún más lioso como ese formulario (contenedor digital) que incluiría lógicamente dos ficheros: preguntas (algo parecido a un documento de texto) y respuestas (algo más parecido a una hoja de cálculo y sus gráficos correspondientes). A la lista puedes añadir esos objetos físicos (papel por ejemplo) que transformamos en digital mediante el escaneado. Si, también puedes pensar en tres dimensiones para liarlo más. ¿Y qué hay de las páginas web? Ahí tienes también texto, imágenes, audio, vídeo, conexiones con otros contenidos de mil formas y colores…

mapa mental UID 2

En fin, esto es lo que hay: una fiesta en la que no nos importa ni quien la organizó, ni la música que ponen, ni la calidad de la bebida o de la comida. Da igual. Nos han convencido de que hay que pasarlo bien y olvidarse de cualquier preocupación. Sin más, sumérgete en el jolgorio y tira millas. La complejidad, de hecho, está en este segundo mapa mental que incluyo: un basto conglomerado de conexiones. (Casi) todo está conectado con (casi) todo. Vale, hay estándares (un PDF no deja de serlo) y hay conversores: tenemos muchas utilidades para que un fichero mude su formato. (Casi) todo se puede convertir en (casi) todo. ¿Entiendes la fiesta? Pues, venga, que no sea yo quien te la amargue. Que siga, que no pare.

Imagen de Paul Henri Degrande en Pixabay.

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