¿Máquinas en vez de personas? Cuidado con la maquinización de las personas

by Julen

Suelo leer los artículos que escribe Antonio Vives en su blog Cumpetere. Lo conocí hace muchos años en un encuentro que organizó Innobasque y tras una primera falsa percepción, ha resultado ser de mis autores favoritos. Es un experto especializado en el ámbito de la responsabilidad social corporativa y no me cabe duda de que, si el tema te interesa, yo que tú le leía. Son ya muchos años con su blog y allí puedes encontrar contenidos de calidad que se reparten en torno a temáticas diversas, pero siempre, eso sí, con el elemento común de la responsabilidad social corporativa. A finales de mayo de este año escribía La responsabilidad social de la digitalización a partir de un artículo que había publicado Michael Wade en la MIT Sloan Management Review: Corporate Responsibility in the Digital Era.

Lo recupero aquí porque creo que muchas veces se pasa por alto este aspecto. Parecería que sí o sí la transformación digital es lo que toca. Pero, cuidado, porque puede pasar por alto algunas consideraciones de los impactos sociales y medioambientales que provoca. Antonio ha elegido, por cierto, una cita anónima muy inspiradora para prologar su artículo: La mentira ya ha recorrido la mitad del mundo antes de que la verdad se termine de poner los zapatos. Sí, puede que ya nos hayamos tragado un discurso que hemos aceptado de forma acrítica la mayor parte de las veces.

Os recomendaría que leyeráis su artículo para tener una visión global. Yo aquí solo quería recoger una idea que me parece muy sugerente. En un momento del texto, apunta lo siguiente: «No se trata solamente de un problema de substitución de personas por máquinas, sino además de la maquinización de las personas». Ya se sabe que hay muchos informes sobre el impacto que la transformación digital en la pérdida de puestos de trabajo (los optimistas dirán que se crean muchos otros, claro está). El caso es que las máquinas nos ganan a los humanos en una serie de tareas y como aquí de lo que se trata es de productividad, ya lo sentimos, pero el robot lo hace mejor que tú y más rápido.

Sin embargo, hay un lado oscuro de la digitalización que a veces no suele aparecer: el trabajo maquinizado que genera. La inteligencia artificial y los algoritmos son el lado de publicidad cosmética, la cara de la moneda que se vende asociada al progreso. Pero de vez en cuando nos enteramos de que las empresas que están detrás de estos nuevos modelos postindustriales, juegan la baza de emplear humanos para tareas de escasa cualificación porque las máquinas de momento no parecen capaces de resolverlas tan bien como nosotros. Y luego está el caso del hipercontrol al que muchos trabajadores de las compañías punteras en digitalización se ven sometidos. La gestión de personas pasa a ser realizada por software que decide única y exclusivamente en función de criterios de productividad máquina.

Jefes reemplazados por software. Quien iba a imaginar que los echaríamos en falta, ¿verdad? Me refiero a los jefes. Sí, porque entre ellos podía haber un lado humano que, de una otra forma, siempre seguía allí. Pero el software y los algoritmos pertenecen a otra categoría. No hay manera de discutir con ellos, no hay forma de negociar. Solo hay una verdad: la que deviene de analizar las variables que entran en juego. El algoritmo dice qué es lo mejor, te guste o no. Si antes controlaba al robot, ahora puede ser que te controle a ti, ser humano maquinizado como nunca antes.

Me temo que cada vez más trabajo se va a asignar no en función de lo que diga un humano sino en función de lo que diga el algoritmo. Estos van a ser los nuevos jefes. Son capaces de gestionar información y decidir lo que haga falta. Eso sí, ¿quién diseña el algoritmo? Ahí está la trampa. La maquinización, en el fondo, es humana. Pero el envoltorio en el que se nos presenta nos engaña. Lo decide el software. No, no. Lo decide quien encargó el algoritmo, quien pensó que esa era la forma en que abrazar la productividad salvaje a la que abocan estos tiempos confusos en que vivimos.

Imagen de Mathis GERMA en Pixabay.

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