Lectura digital frente a lectura tradicional en papel

by Julen

Amalio Rey ha escrito recientemente un post, Bienvenida la lectura portátil analógica, para compartir Mouse Book Club, que es una colección de libritos en papel muy bien seleccionada que en su caso descubrió gracias, curiosamente, al libro de Cal Newport: Digital Minimalism. Como casi siempre suele suceder en su blog, los comentarios nos abren nuevos hilos de conversación y en este caso me trae aquí porque quiero escribir sobre algo que, creo, tiene sus repercusiones. Me refiero a los hábitos de lectura en función del soporte que utilicemos: el libro en papel o un dispositivo digital. Puede que no sea este el único artículo que escriba porque, como digo, para mí el tema da mucho de sí desde diferentes frentes. Además, ya me gustaría escuchar la opinión experta de Txetxu Barandiaran. Habrá que avisarle de que vamos a entrar en arenas movedizas. Y antes de empezar, lo digo alto y claro: soy un enamorado de las librerías de toda la vida.

Lo primero que tengo que decir es que, como ser humano de 55 primaveras (pronto 56), lo que he leído en esta vida ha sido, sobre todo, papel. No puede ser de otra manera. La lectura en digital se ha incorporado a mis hábitos en tiempos recientes, pero me da que, como suele decirse, «ha llegado para quedarse». En mi caso creo que hay un antes y un después de mi tesis doctoral. El volumen de lecturas era tal que no podía fiarlo, evidentemente, a un sistema arcaico de fichas, subrayados con rotulador fosforito y notas en los márgenes con el lápiz de toda la vida. Si quería manejar todo aquel torrente de información la lectura solo podía ser digital. Y sí, antes de mí se han publicado miles y miles de tesis doctorales que no han pasado por el conducto digital, pero no tiene sentido renunciar a las ventajas de la tecnología cuando estamos hablando de manejar con eficiencia tropocientas referencias bibliográficas.

De hecho leer documentos académicos requiere pararse un momento y decidir la táctica más adecuada. En mi caso no solo se trataba de leer en digital; había que encontrar un lector de PDFs con el que me sintiera cómodo y manejar un gestor bibliográfico que me diera la tranquilidad de que todo estaba controlado. Fue entonces cuando, buscando aquí y allá, me sentí cómodo con Foxit Reader para leer y manosear digitalmente los PDFs que tenía que digerir, y cuando me topé con Zotero, que fue el gestor bibliográfico que utilicé en el doctorado.

Os daréis cuenta de que estoy hablando de textos académicos. Ya sabéis, esos de lectura reconcentrada, subrayados, copias/pegas para citar y cosas así. Porque mientras este tipo de documentos ya no tenían sentido en soporte papel, yo continuaba leyendo en papel mis novelas de toda la vida. Esta bicefalia continúa en parte hoy, pero el papel lo tengo en franca retirada. Luego os cuento algo más al respecto.

Siguiendo con el caso de la tesis doctoral, la lectura en pantalla presenta, por supuesto, sus inconvenientes. Leer en pantalla no es una cuestión menor porque la salud de nuestra vista está en juego. Entiendo que debemos considerar cómo nos afecta a cada cual en particular. Ante el menor desajuste, mejor acudir a algún profesional que nos aconseje. La calidad de la pantalla es fundamental, al igual que lo es un cierto control del tiempo dedicado a leer en dispositivos como tablets o smartphones. No sé hasta qué punto mi vista sale perdiendo. No tengo una especial sensación de que haya ido a peor en estos últimos años; incluso mis dioptrías se han reducido algo, aunque también es cierto que me fui a la óptica para comprarme unas gafas especialmente diseñadas para las pantallas. Y no veáis lo a gusto que estoy con ellas.

Decía antes que, aunque la tesis doctoral me condujo a leer documentación académica exclusivamente en digital, mis novelas de género negro seguían cayendo en papel. Hasta que llegamos a la gran decisión. En casa somos dos y a mi pareja y a mí nos gusta leer. Tras darle unas cuantas vueltas, hace ya casi un par de años decidimos comprar dos dispositivos Kindle. Y otra vez ahí todo cambió. Lo digo más por mí. Poder subrayar, copiar textos, añadir notas o marcar determinadas páginas es un avance significativo, sea cuando leo el libro del último gurú de turno sobre no sé qué asunto de management o cuando me meto de un tirón la saga entera de Eladio Monroy, el medio jubilado tipo duro que Alexis Ravelo pone a trabajar allá en Gran Canaria.

Sí, he dicho Kindle. ¿Qué quiere decir esto? Pues que convivo con una contradicción interna importante. Podía haber comprado un dispositivo que no fuera del gigante de los gigantes del comercio electrónico. No creáis, que a veces me descubro casi insultándome a mí mismo. Porque mucho criticar a la criatura de Jeff Bezos y aquí seguimos, alimentando al monstruo. Es lo de siempre: la experiencia de compra es tan simple y el acceso al contenido tan fácil que es demasiado fácil pecar. Además, nos permitía usar en casa la opción familiar para compartir los contenidos entre los dos dispositivos.

Ahora mismo, por defecto, si tengo que decidir el soporte para leer elijo el dispositivo electrónico. Todavía sigo leyendo en papel y lo seguiré haciendo. Estoy terminando Bucle, una estupenda recopilación de artículos de Marcos Pereda sobre ciclismo que ha publico Libros de Ruta y que es una delicia. Hace unos días encargué también en papel a la editorial Traficantes de Sueños un libro que me descubrió Alfonso Vázquez: Ciclismo y capitalismo, de la bicicleta al espectáculo. Pero, si puedo, a día de hoy prefiero la opción en soporte digital. Las baldas de las librerías en casa están a rebosar, con ejemplares que ya no hay dónde ubicar y entre los que, de vez en cuando, hay que hacer criba para abrir huecos.

Mis hábitos de lectura en papel siguen ahí porque no puedo olvidar casi 50 años en unos pocos meses. Pero la lectura en digital presenta, para mí, demasiadas ventajas como para obviarlas. Como digo, sé que es terreno resbaladizo. Sé que caigo en contradicciones. No tengo claro, por ejemplo, si el impacto medioambiental es mayor en un caso que en otro. Leo de vez en cuando al respecto y no hay consenso. No sé, el post de Amalio me ha servido para comenzar esta reflexión. Seguro que se puede profundizar. Porque la tecnología va a seguir evolucionando. Veo los nuevos smartphones plegables y me digo: joder, eso sí que es parecido a un libro. Pero aquí estoy con un Kindle del monstruo mundial del ecommerce. Nunca leer (y comprar) fue tan fácil. Nunca piratear fue tan fácil. Muchas paradojas, ¿verdad? Seguro que seguimos escribiendo de estos asuntos. Ya lo veréis.

Imagen de Myriam Zilles en Pixabay.

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4 comentarios

Goio 17/09/2020 - 09:48

Como lector impenitente de los periódicos digitales y visitador compulsivo de las redes tengo que confesar que cuando se trata de disfrutar, saborear y gozar el placer de la lectura peco irremediablemente con alevosía con el libro en papel. Para mi es como querer elegir entre unas buenas alubias cocinadas en la termomix o en casa de amama puestas a rehogar la noche anterior. No hay color. Aceptando como útiles todos los indicadores de «rentabilidad» que nos dan las pantallas digitales (rapidez , accesibilidad, cantidad, stocaje, adicción-ojo- … ) no hay nada como saborear un libro incluso habiendo realizado una tesis doctoral.
Un libro me desencadena todos los sentidos y me facilita conexiones cerebrales y evocaciones que abren la puerta a las emociones más vitales de mi interior que una pantalla digital todavía no ha sido capaz de aportarme.
Cada libro me transmite no solo un contenido diferente, tiene su propia historia: cada uno tiene su olor; lo he comprado en librerías, tiempos y situaciones muy diversas; lo he manoseado, pintado, subrayado, resumido, lo he prestado, me lo han prestado; lo he comprado en un saldillo al peso, ; me lo han roto los hijos; lo he dejado olvidado en el avión; me lo han robado, lo he robado- cuando era estudiante-lo he pedido en la biblioteca pública; lo he regalado a asociaciones, bibliotecas o particulares lo he …
Lo cojo entre mis manos, siento su peso y grosor, observo su tipo de letra, lo huelo, me duermo al sol con él abierto sin temor a que se consuma la batería. Rio, lloro, me enfado, lo arrojo en la arena, lo recojo y sigue ahí, vivo.
Seguiré leyendo periódicos digitales pero cuando se trate de sentir, disfrutar y estimular a fondo mis conexiones cerebrales me decanto por las alubias de amama, por el arte-sano.

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Julen 17/09/2020 - 12:29

Me encanta esa pasión que describes y en parte la envidio. Pero me temo que mi caso no tiene vuelta atrás. Sé que seguiré leyendo en papel, no tengo duda. Pero la mayor parte será en digital. Pero sí, te envidio esa fidelidad al formato papel 🙂

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Iván 17/09/2020 - 17:42

Buenas reflexiones Julen y muy intetesante tema .
Como os comentaba en Twitter, al final creo que lo importante es leer, sea en un libro en papel o en electrónico. La lectura es el objetivo.
Cada formato tiene sus ventajas e inconvenientes, también sus momentos. Yo leo con gusto en papel y en el kindle. Los libros en papel los suelo llenar de notas y apuntes, en eso el kindle tiene su estilo y formato, pero creo que retengo menos. En los de papel suelo anotar el lugar donde lo compro, el mes y el año, y escribo también mi nombre y apellidos, ahora hasta le puse un sello. Ese es un acto que hago desde hace años y algunos libros son nuevos, pero muchos son de librerías de segunda mano con su propia historia muchos de ellos. En el Kindle ese acto de conexión con el lugar y recuerdo es algo que pierdo, pero gano en almacenamiento, espacio y generalmente en precio. Disfruto de la lectura y de los buenos libros en ambos

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Julen 18/09/2020 - 09:39

Sí, son dos formatos diferentes, ligados a experiencias distintas, no hay duda. Lo que no sé es si llegará el momento en que el libro en papel deje de tener sentido. Supongo que necesitará aproximarse a lo que tú explicas respecto a los libros en papel. Pero, ¿qué pasará con las siguientes generaciones?, ¿lo verán como nosotros?

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