¿Tu productividad? Espera, que lo diga este software de control

by Julen

Llevo ya un par de meses trabajando con tres entidades del sector de las industrias creativas y culturales a través del programa KSI Berritzaile. Ha sido imposible abstraerse de la situación de pandemia en la que vivimos y que tanto condiciona lo que podemos o no hacer. En general, las actividades profesionales que pasan por un contacto presencial directo entre personas están sufriendo las consecuencias del obligado distanciamiento social. Blanco y en botella, leche. Ahí es donde cierta parte de la oferta creativa y cultural sufre los rigores del coronavirus.

En el trabajo que estamos desarrollando de vez en cuando intentamos hurgar en lo que supone la COVID19, sobre todo con la idea de mirar hacia delante y buscar alternativas. Sin embargo, de vez en cuando volvemos al pozo porque los trazos oscuros se imponen sobre los claros. En el marco de este programa compartía Rosa Abal, la coordinadora actual de Karraskan, un artículo de los que te lleva al lado oscuro de la reflexión. En concreto se trata de uno publicado en la MIT Technology Review, escrito por Will Douglas Heaven y traducido por Ana Milutinovic: La nueva normalidad laboral: trabajadores ultravigilados y controlados.

Después de aprender el patrón de comportamiento típico de un empleado, el software le da una «calificación de productividad» entre 0 y 100. La inteligencia artificial (IA) funciona independientemente de las tareas, explica Weir. En teoría, los trabajadores de una empresa se pueden comparar por sus calificaciones, incluso si realizan diferentes trabajos. La calificación de productividad también refleja cómo el trabajo de un empleado aumenta o disminuye la productividad de otras personas en el mismo equipo.

La idea de fondo la puedes deducir de este texto que te copio del artículo en cuestión. Ya lo sabíamos; ya sabíamos que la huella digital es alargada y que la monitorización de lo que hacemos y quiénes somos está a la orden del día. Pues bien, si resulta que la nueva normalidad conduce a dosis más elevadas de teletrabajo, entonces no hay duda: el Gran Hermano tiene todas las de ganar. No hace falta que reportes nada, no hace falta que me lo cuentes, porque ya lo sé. Si Facebook sabía quién era tu pareja sin que se lo digeras expresamente, ahora se trata de tu actividad laboral. No hace falta que te expliques; sé lo que rindes. Mis algoritmos te despedirán o te darán un nuevo plazo de gracia.

Los algoritmos de aprendizaje automático también contienen sesgos ocultos en los datos de entrenamiento. Ese tipo de sesgo es aún más difícil de descubrir cuando está escondido dentro de un sistema automatizado. Si estos algoritmos se usan para evaluar el desempeño de un empleado, podría ser difícil pedir una revisión por despido improcedente. 

Son los algortimos, es objetividad pura y dura. Yo no he sido. El sistema dice que tu productividad no alcanza el estándar. Es solo una cuestión de comparar. En la foto no sales bien y Darwin está aquí para que lo entiendas: hay que dejar paso a otra gente que es mucho mejor que tú. Lo dice el sistema. Insisto, no es nada personal. Los datos son datos. Y, por supuesto, hay voces que intentan poner un poco de cordura sobre la mesa. Que pataleen, a ver hasta dónde llegan.

Crider insiste en que hay mejores maneras de animar a las personas a trabajar: «Lo que estamos viendo es un esfuerzo por convertir al ser humano en una máquina antes de que la máquina lo sustituya. Hay que crear un entorno en el que las personas se sientan cómodas realizando su trabajo. Eso no se consigue vigilándolas«.

Lo que estás leyendo son fragmentos, como te decía, de un artículo que te hace perder la fe en el progreso. Así, si quieres, olvídalo. Pero que tu cabeza se esconda bajo tierra no elimina el problema. El teletrabajo abre la puerta a una monitorización bestial en la que cada movimiento de tus dedos sobre un teclado, cada clic o cada mirada a un lugar concreto de la pantalla sirve para conocerte. Y no pienses que las ausencias te proporcionan una escapatoria. Si no estás ahí es solo cuestión de hurgar en los datos para saber qué haces y por qué.

Sí, ya sé. No es de recibo semejante pesimismo. Vale, me quedo más tranquilo. Ya sé que no hay de qué preocuparse. Ni lo notaremos. Qué suerte.

El CEO de Enaible, Tommy Weir, la start-up de Boston (EE. UU.) que está desarrollando este nuevo software de control, detalla: «Creo que la monitorización en el lugar de trabajo va a volverse muy popular. En los próximos 6 a 12 meses se volverá tan generalizado que ni se notará».

Imagen de succo en Pixabay.

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