Clientes y, sin embargo, amigos

by Julen

AmigasHace ya mucho tiempo que esa línea que separa lo profesional de lo personal acabó diluyéndose. No sé muy bien dónde fue o si hubo un momento concreto en que todo cambió. El caso es que cuando bajas de la gran empresa a lo micro acabas viendo personas más allá de clientes. Y la consecuencia es un territorio complejo mezcla de emociones y razón, de confidencias y complicidad.

¿Es positivo el salto y la mezcla? Habrá quien se sienta más cómoda en la separación de ámbitos. Aquí lo profesional, aquí lo personal. Yo no puedo. La relación que uno establece con su trabajo admite una amplia gama de posibilidades. Pero es más que evidente que las relaciones personales que vas construyendo con el tiempo tienen que ver, en buena medida, con tu actividad profesional. Si trabajas en una empresa grande, las compañeras y compañeros conforman un potencial círculo de amistades. Cuanto eres tú mismo y tus circunstancias, ese círculo lo conforman colegas de profesión, clientes y proveedores. Sí, clientes también.

Por supuesto que esta mezcla conduce a situaciones «delicadas». ¿Se factura a los amigos? Bueno, cada momento requiere su interpretación. Sí, vivimos de nuestra actividad profesional. Pero no es neutra sino que al final es toda una opción política -en el mejor sentido de la palabra- y esto termina en modelos à la Robin Hood. Suena un poco fuerte, pero las tarifas son dúctiles y aunque haya un precio de mercado, cada cual decidimos hasta donde podemos si lo seguimos o nos apartamos de él.

No entiendo el trabajo de consultoría artesana sin proyectos no facturables. Tenemos que trabajar sin cobrar. Hay que hacerlo de vez en cuando. Porque sí, porque nos ayuda a romper las esclavitudes del mercado. Por supuesto que es una parte de nuestro trabajo y que hay otros proyectos que se facturan de acuerdo con el precio de mercado, por encima o por debajo. Establecer el precio de un proyecto en consultoría es hoy en día más arte que ciencia.

Ya he escrito muchas veces aquí que los clientes nos definen. Nuestra reputación viaja de la mano de esas personas y sus instituciones. En este mercado donde todas estamos sobrexpuestas es evidente que nos evalúan por nuestros hechos. No está mal. Aunque el vocerío a veces atruena y a base de estridencia comunicativa, en redes sociales o sobre un estrado, los hechos pueden acabar sepultados por la cosmética de la propaganda.

Esto es solo una constatación. En lo íntimo, en lo más hondo de un proyecto, construimos relaciones. Proceden de lo profesional pero acaban por aterrizar en las personas que somos, en el extraño universo de la química personal. ¿Reniegas de ello? Es una opción. Yo, blando que soy, hace tiempo que sucumbí al encanto. Algunos clientes acaban como amigos con quienes uno camina por la vida.

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25 comentarios

Txetxu 11/07/2014 - 12:17

En la línea, pero con algunas variantes… este texto de Mariana Eguaras http://marianaeguaras.com/compartir-conocimiento-si-trabajar-gratis-la-delgada-linea-de-la-consultoria
Abrazos y espero que no estés ‘enchilado’ 😉

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Julen 11/07/2014 - 19:03

Pues sí, reflexiones que se mueven por territorios cercanos. Gracias por la referencia, Txetxu.

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turiskopio 11/07/2014 - 23:26

No todo es dinero, menos mal! Y si, que complicado es… y cuantos proyectos no se cobran pero los hacemos por placer… y qué placer es que te guste tu trabajo… Contra todo lo que se dice, considero esencial mezclar trabajo y placer

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Julen 12/07/2014 - 21:41

Pues ya somos dos 😉

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Luis M. Camacho 19/07/2014 - 18:36

La implicación emocional hace que como dices se hacen muchos trabajos sin facturarlos. La mezcla cliente y amigo produce éstos efectos. De hecho el cliente cuando adquiere ese grado de confianza se atreve a pedirte favores que de otra manera quizás no haría.
Hay que saber medir el grado de confianza que se le da al cliente, ya que nuestro trabajo tiene un valor.

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