Impresión 3D, impresión aditiva y no sustractiva

by Julen

MakerbotAyer con la prensa dominical llegó el típico folleto publicitario de establecimiento de venta de «cacharrería» ubicado en un centro comercial de los alrededores: smartphones, monitores, portátiles, microondas, frigoríficos, cafeteras… Lo normal. Pero en la última página, como uno de los productos destacados, aparece una ¡impresora 3D! por 2.399 euros. Lo que antes era un aparato de frikis que se habían tirado al monte resulta que ahora aparece en el típico folleto publicitario junto al resto de maquinaria «habitual». La publicidad presenta esta impresora así:

Makerbot Replicator 2 es una impresora 3D. Mediante la superposición de capas sucesivas de material construye todo tipo de objetos reales a partir de modelos tridimensionales.

Jeremy Rifkin, el tipo del que estoy leyendo su último libro, La Tercera Revolución Industrial, hace un símil en cuanto a los modelos distribuidos de producción de energía y de fabricación:

De la misma manera que la economía de la Tercera Revolución Industrial permite que millones de personas produzcan su propia energía, la nueva revolución digital de los procesos de fabricación abre en la actualidad la posibilidad de que hagamos lo mismo en el terreno de la producción de bienes duraderos. En esta nueva era, todos podemos ser potencialmente nuestros propios fabricantes, como también podemos ser nuestra propia compañía eléctrica. Bienvenidos y bienvenidas al mundo de la manufacturación distribuida.

La lógica «distribuida» es lo que cambia el enfoque. Los nodos centrales de la fabricación actual y los de la producción y distribución de energía pueden comenzar a tener una alternativa. Seguro que no es para mañana por la mañana, pero me resulta curioso cómo una impresora 3D se abre hueco en un folleto de distribución masiva como el que comento en este artículo. Rifkin llama «fabricación aditiva» a este nuevo posible modelo de fabricación distribuida, enfrentándolo al tradicional, que denomina «fabricación sustractiva». De este último dice que «implica recortar y emparejar materiales para, posteriormente, ensamblarlos entre sí».

La fabricación aditiva implica emplear mucha menos energía en la producción y una espectacular disminución de los costes logísticos derivados del transporte. Si se fabrica allí donde hace falta con impresoras 3D no hará falta emplear las ingentes cantidades de energía que hoy hacen falta para mover aviones, barcos o camiones. El concepto, simplemente, es diferente.

En fin, hace ya mucho tiempo que hablamos aquí de las iniciativas FabLab que se inscribían en proyectos liderados por centros tecnológicos de vanguardia. Me viene a la cabeza, por ejemplo, un artículo: Fabbing, la vuelta a la taladrina, de 2007. Algunos años después, resulta que puedes irte a un centro comercial a comprarte una impresora 3D. Termino con una anécdota que suelo contar y que me parece que sirve como símil de lo que puede acontecer.

Allá por finales del siglo anterior yo trabajaba en Maier, una cooperativa de MONDRAGON. Recuerdo que compramos una impresora láser de color. Era una máquina tremenda, de aspecto parecido a las fotocopiadoras profesionales que puedes ver en un centro de reprografía. Recuerdo que costó cerca del millón de las antiguas pesetas. Se colocó en una sala, con llave, y para pedir fotocopias en color había todo un procedimiento. No era cuestión de despilfarrar.

Hoy, quince años después, creo que prestaciones similares obtendríamos de una impresora láser color de unos cien o doscientos euros. Antes fue casi un millón de pesetas. Ver para creer 😉

 

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2 comentarios

Juanjo Brizuela 04/10/2013 - 06:47

¿Crees que éste será uno de esos posibles casos de cambio de hábitos y culturales respecto a los objetos pero sobre todo respecto a la capacidad autónoma de las personas y sus ideas?

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Julen 17/10/2013 - 06:19

Juanjo, estaremos atentos a ver cómo evoluciona esto. De momento, comienza a ser una alternativa a los modelos tradicionales de la empresa productora… algo imposible hace unos años.

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