En varias ocasiones he escrito sobre la intimidad en este blog, de forma implícita o explícita. Alfonso también lo hace en su blog Creative Minds, a cuenta del fenómeno Twitter. Además, como en estos momentos estamos comenzando una investigación sobre la transferencia de conocimiento tácito en empresas industriales dentro de la facultad, quería escribir algunas cosas al respecto.

Ayer me pasé un buen rato con alumnos del programa Máster y Experto en Gestión de la Innovación y la Tecnología de la Universidad de Deusto en Donosti. Entre otras cosas, estuvimos un buen rato dialogando sobre el conocimiento en las empresas. Mi punto de partida es siempre la casilla cero del juego de la oca. Es decir, no tengo nada claro que en las circunstancias actuales, las personas quieran ceder su conocimiento a las organizaciones para las que trabajan. Eso sí, muchas empresas ya se han dado cuenta de que necesitan, sobre todo, explicitar conocimiento de su gente. Pero sólo si nosotros queremos contarlo lo haremos. Si no, no hay Intranet ni blog ni wiki ni ná de ná.

Explicitar conocimiento quiere decir que antes de ponerse con ello reconocemos que no lo está. O sea, que el conocimiento, en buena parte, es tácito. Para comprender bien este concepto podéis echar un vistazo a textos de Michael Polanyi o de Nonaka y Takeuchi. Aunque también hay mucho texto divulgativo. Podéis, sin más, leer cosas sencillas en el apartado de «conceptos» de gestiondelconocimiento.com o también acudir directamente a buscar «conócimiento tácito» en la wikipedia, como casi siempre.

El caso es que la web 2.0 nos sitúa en territorios explícitos obligatoriamente. Salimos a la luz con textos que escribimos en nuestros blogs, en nuestros wikis, en nuestras etiquetas… Somos públicos, somos transparentes. Sacamos de dentro hacia fuera un caudal inmenso de información. Lo que sabemos se agolpa en las puertas de Internet para irrumpir en tropel desbordando de largo nuestra capacidad de atención. El modelo de la intimidad, de la introversión, no tiene sitio en estos nuevos territorios 2.0.

Sin embargo, a veces te das cuenta de que hay personas cuyo conocimiento tácito es ese 90% de iceberg sumergido y que no ves. Ahí está lo que sabe, ahí está su mundo, su interior, ahí… donde me parece que la mayor parte de las veces las personas no quieren ser invadidas. Si la tecnología es pura extraversión en nuestro modelo explícito, lo tácito es lo intolerable. ¿Cómo alguien puede callarse motu proprio lo que sabe? ¿Acaso no es solidaria con el resto de la humanidad? Habla, habla, explicita, saca lo que tienes, cuéntalo. Si no, claro está, Google no se entera.

Pero… Google es capaz de extraer el explícito que ni siquiera sabes que existe. Sí, me refiero a la demencial potencia de rastrear tu nombre incluso allá donde tú ni siquiera sabes que está. En el inmenso mar explicitado de la web 2.0, Google se encarga, lo quieras o no, de explicitarte. No es que sea tu decisión personal, sino que es la tecnología la que saca a la luz tu otro mundo explícito, el que otras personas han generado para ti, sea positivo, negativo o neutro.

El intercambio de conocimiento tácito requiere química entre dos personas. La química personal es un fenómeno que escapa a la razón. La química llega desde muy alejados lugares y sin que muchas veces pueda ser predecible. Hoy también hay química que construyes vía Internet. Porque en este barrio vas haciendo química.

¿Hay conocimiento tácito en este blog? ¿Soy yo quien muestra sólo la parte explicita que cada día me vence para aparecer por la ventana del post que escribo? ¿Soy tácito a pesar de lo explícito que muestro? Me gusta el proyecto que comenzamos en la facultad. Hurgar en las condiciones en que la transferencia de conocimiento tácito se optimiza. ¿Podremos llegar a algunas conclusiones de aplicación general o simplemente tendremos que reconocer que la química necesaria entre humanos para transferir tácito es uno de los misterios más bonitos que nos ocurre por ser personas?

Protege tu intimidad. Sé transparente. Mr. Handy, por favor, ayúdeme con esta paradoja.

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2 comentarios

SimDalom - Comunicación 02/04/2007 - 10:47

Es real la necesidad de las empresas de dar a conocer lo que vale su gente. En mi caso más aun que extraer para el beneficio de la propia compañía lo que sabemos colectivamente. Las reticencias de la gente a mostrarse tal cual es su blog, qué desarrollan fuera del ámbito de la empresa (en el que se les permite absoluta libertad), es increíble. No sé si por falta de compromiso, no sé si porque no cultivan de forma consciente su mundo interior y tienen miedo de darlo a conocer. En este último punto creo que reside la clave del asunto, que la gente no cultiva su mundo interior sino que lo trae de serie y lo expulsa de forma inconsciente sin poder controlar lo que llevan dentro y lo que sacan afuera.

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Julen 03/04/2007 - 06:59

Pues no estoy muy de acuerdo. Yo más veo que las organizaciones actuales exageran su enfoque «explicitador». Pretenden aprovechar lo que saben sus personas, pero quedándose en la parte superficial. Entrar en capas más profundas sugiere otro modelo de relación entre trabajador(a) y empresa. Y esto sucede pocas veces.

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